Miguel Ángel Asturias, “El gran Moyas” (1899-1974)
Cuando yo era patojo prefería ser amigo de personas más viejas que yo porque sabía que de ellos podría aprender, y con ellos me eché buenos tragos, mientras que no aprendía mada de mis contemporáneos, por lo que cultivé la amistad de brillantes compatriotas, como el periodista y escritor Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Premio Lenin de la Paz 1966 y Premio Nobel de Literatura en 1967; Carlos Samayoa Chinchilla (1898-1973), autor de varias obras literarias como la novela biográfica del dictador de los 14 años, “general” Jorge Ubico Castañeda tituladas El dictador y yo, Dos líneas sobre la milenaria Tikal; Algunas noticias sobre Tikal; Breve Monográfico Del Quetzal; Causas De Las Derrotas IndÍgenas Durante La Conquista y Apuntes sobre Arte Maya; y el genial poeta y periodista quichelense Francisco (”Paco“) Méndez (1907-1962) que escribió muchos años en el diario El Imparcial, y de notables personalidades extranjeras como el mimo mexicano Mario Moreno “Cantinflas” (1911-1993) , el gran periodista mexicano José “Pepe” Pagés Llergo (1910-1989) y el genial escritor, aventurero y político francés André Malraux, quien nació en París el 3 de noviembre de 1901 y falleció en Créteil el 23 de noviembre de 1976, a los 75 años de edad,
André Malraux, “El hombre cultura”
De la Enciclopedia Libre Wikipedia de Google extraigo estos datos sobre Malraux: “Personaje representativo de la cultura francesa que giró en torno al segundo tercio del siglo XX, en su vida se confunden los elementos novelados del escritor con la expresión del hombre público, la propaganda del político y la realidad de los hechos históricos que vivió. Esta mezcolanza ha llevado a alguno de sus críticos, como el biógrafo Olivier Todd a considerar a Malraux el primer escritor de su generación que logró edificar de una manera eficaz su propio mito. Padecía del Síndrome de la Tourette, una afección que provocaba las características muecas, guiños y tics que tanto le distinguieron en vida durante sus apariciones públicas y entrevistas.
Nacido Georges-André Malraux, su padre, Fernand Malraux, era un agente de bolsa apasionado por los inventos y la mecánica, que primero abandonó a su familia y luego se suicidó. André pasó una infancia acomodada en Bondy, suburbio de clase media en las afueras de París, en compañía de su madre, Berthe, su tía y su abuela quienes regentaban una pastelería. A pesar de no sufrir estrecheces económicas y de disponer de una educación privada y un reducido grupo de buenos amigos, el escritor resumió en las primera líneas de su libro “Antimemorias” aquella etapa de su vida: casi todo los escritores que conozco recuerdan con cariño su infancia, yo odio la mía. Fue denominado “Monsieur Culture” cuando fue ministro de Cultura del gobierno del general Charles Degaulle, creador de la V República.
A los 18 años abandona los estudios y se instala en el propio París. Su formación es autodidacta. No cursa estudios universitarios aunque frecuenta la Escuela de Lenguas Orientales, en la que nunca se matriculó. Consulta publicaciones de la Escuela Francesa de Extremo Oriente sobre hallazgos arqueológicos en las colonias francesas de Indochina. Subsiste mediante la compraventa de libros raros y antiguos y se familiariza con el mundo de la edición; realizará impresiones minoritarias de lujo para coleccionista y obras de pornografía fina. En lo personal, cultiva el dandismo y la apariencia elegante. Frecuenta los círculos artísticos de vanguardia con André Breton, Louis Aragon, Paul Éluard, Max Jacob, André Gide; y colabora en revistas culturales: su primer texto publicado se titula Sobre los orígenes de la poesía cubista. A los veinte años autoedita su primer libro Lunes en papier (”Lunas de papel”), narración extravagante y fantástica ilustrada con grabados de Fernand Léger, que posee en su estilo influencias del surrealismo y el movimiento Dadá.
En 1921 contrae matrimonio con Clara Goldsmidt, hija de comerciantes alemanes emigrados de origen judío. Aconsejados por Fernand Malraux, la pareja invierte la dote de boda en acciones de una compañía minera mexicana. Tras la quiebra de ésta, André aprovecha sus conocimientos de arqueología oriental para organizar una expedición privada con el fin de robar piezas de arte jemer en Camboya. En 1923 se embarca hacia Saigón con su esposa y su amigo de infancia Louis Chevasson y desde allí se dirigen a Phnom Penh. En el templo abandonado de Banteay Srei, ubicado en el área de Angkor arrancan varios relieves, pero son descubiertos y detenidos por las autoridades coloniales. Parte de estos hechos inspirarán su tercera novela, titulada La vía real.
André y Louis fueron procesados en Saigón y en 1924 condenados a prisión, pero no llegaron a cumplir condena. Malraux aprovechó las sesiones del juicio para, irónicamente, llamar la atención sobre la falta de protección del patrimonio arqueológico francés, además de provocar la movilización de sus amigos intelectuales en la metrópoli. Conoce de primera mano el sistema judicial, la burocracia colonial y la segregación de los nativos en el territorio de ultramar. Su enemistad con la administración regional, así como con algunos periódicos locales, se acentuó al año siguiente, cuando funda con el abogado Paul Monin el diario L´Indochine, de marcado corte crítico contra el sistema colonial. Su existencia fue breve porque fue ahogado por la competencia, el boicoteo oficial y las deudas. Tras soportar la censura y un primer cierre, el periódico es renombrado como L´Indochine Enchaînée (”Indochina Encadenada”). Hasta su cierre definitivo en 1926, el co-director André Malraux entrenó la prosa con noticias y artículos de opinión especialmente cáusticos contra las instituciones y denunció los desmanes contra la población indígena. También cultiva el estilo y la narrativa a través de relatos insertos en el periódico, como La expedición de Ispahán, donde la aventura, la metafísica y el surrealismo se dan la mano.
En estos años, Malraux se impregna de la cuestión social sobre ciertas desigualdades, de la lucha por superarlas y del compromiso del escritor con la sociedad que le rodea. Conoce, aunque nunca de primera mano, los sucesos que convulsionan China, como la huelga general de Cantón, la rebelión de Shanghái, la gran Marcha sobre Pekin de Mao, el ascenso del Kuomintang y la represión contra los comunistas. Estos serán los materiales con los que compone dos de sus grandes novelas: Los conquistadores y La condición humana. Al comienzo de la Guerra Civil Española, en 1936, se pone a disposición del gobierno de la II República y se integra como aviador al frente de La Escuadrilla España para combatir la insurrección fascista del general Francisco Franco.
Fue hecho prisionero por las tropas franquistas y escapa de un campo de prisioneros en 1941 y dirige la brigada republicana “Alsace-Lorraine” durante la resistencia y liberación del suelo francés en la II Guerra Mundial. A partir de 1947 se une al general De Gaulle, quien primero lo nombra ministro del Interior, luego de Cultura de 1958 a 1969. Como ministro, Malraux mezcla política de prestigio y obra social. No debe olvidarse que fue el pionero de las Maisons de Jeunes et de la Culture (”Las casas de los jóvenes y la cultura”) que marcaron profundamente la vida de los municipios y de los barrios en Francia durante varias décadas. Pero la cultura de Malraux en materia de arte y su fraternidad con artistas de primer nivel como Matisse, Braque, Picasso, Giacometti y otros distinguen particularmente la obra del ministro: nombra director del teatro Odeon a André Masson, de la Ópera de París a Marc Chagall, envía a los Estados Unidos para ser exhibida por primera vez fuera de Francia a la Gioconda de Leonardo da Vinci y restauró el Palacio de Versalles. Malraux no cesó de hacer brillar la cultura francesa en todo el mundo. En el curso de su relativamente corta vida, marcada por tragedias personales al perder a su esposa Josette Clotis en condiciones dramáticas, luego sus dos hijos, trató a las más grandes personalidades del mundo político como Mao Zedong, John F. Kennedy y Jawaharlal Nehru, por ejemplo, y mantuvo un diálogo constante con los grandes artistas mundiales como Pablo Picasso, Marc Chagall, Georges Braque, Maurice de Vlaminck, André Derain, Fernand Leger, Jean Cocteau, André Gide, Max Jacob, Pierre Reverdy y Louise de Vilmorin, quien fue su última compañera de vida. La novela La condición humana fue publicada en 1933, año en el cual Malraux obtuvo por la misma el prestigioso Premio Goncourt de Francia. La primera traducción al español, hecha por César A. Comet, fue editada en abril de 1936por Ediciones SUR, la editorial de Victoria Ocampo, en Buenos Aires. Bellamente escrita, la historia ficcional está situada en la ciudad de Shangai y comienza en marzo de 1927, en momentos en que una insurrección comunista era inminente. Otras de sus obras fueron: El tiempo del desprecio, L´Espoir (”La esperanza”). Sierra de Teruel (guión cinematográfico) Los nogales del Altenburg; Las voces del silencio (ensayos sobre psicología del arte) Antimemorias; El camino real; El museo imaginario; La reina de Saba.
Hombre de libertades, Malraux jamás se creyó atado a un dogma y, a través de sus mutaciones, fue siempre fiel a su necesidad de superación, a su heroísmo duro que excluye apelar a utopías consoladoras. En 1976 recibió de México el Premio Internacional Alfonso Reyes“. Falta agregar que también perteneció a la Sociedad Secreta de Los Templarios, a quienes se refiere el discutido libro Código Da Vinci, del escritor norteamericano Dan Brown, que fue prohibido por la Iglesia católica, que posteriormente fue llevado a la pantalla con mucho éxito de taquilla.
André Malraux sale a cuento porque fue gracias a la amistad que me brindaba Miguel Ángel Asturias, “El gran Moyas“, a la sazón embajador de Guatemala en Francia, durante el régimen de su amigo y colega abogado licenciado Julio César Méndez Montenegro, que conocí a Malraux quien estaba interesado en organizar en el museo Grand Pallais de Paris una exposición extraordinaria de piezas de arte maya que no hubiesen sido exhibidas antes, y yo tuve el privilegio de contribuir a la conformación de esa exposición, por lo que el ministerio de Cultura me invitó a viajar a París para estar presente en la inauguración.
Después de la inauguración de la exposición Maya, asistí con el desaparecido poeta, periodista, escritor y dramaturgo Manuel José Arce, a una recepción en la residencia de la embajada de Guatemala, en la Rue de Courcelles, en ocasión en que el periodista Víctor Hugo Deleón, entonces presidente de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), le iba a hacer entrega del premio Jaguar de Oro. Y después de la sencilla ceremonia platiqué en un aparte con mi amigo el autor de la novela Señor Presidente -quien, dicho sea de paso, igual que su amigo de la juventud en París, el periodista Clemente Marroquín Rojas, me llamaba “Palmis“, como me bautizó el doctor Ricardo López Ursúa, alias “Chichicúa“, durante un simpático viaje por tierra a Costa Rica- y le pregunté: “¿Vos Moyas, qué se siente ser embajador de Guatemala en Francia, donde estudiaste en tu juventud, premio Lenin de la Paz y de seguro próximo premio Nobel de Literatura? Me miró fijamente y respondió lentamente: “Muy triste Palmis, porque como embajador de Guatemala, aquí les dan más importancia a los países africanos que a los centroamericanos y porque creo que no voy a poder regresar nunca a morir en mi querido barrio de La Parroquia”. Le noté triste por esto y eso que estaba lejos de saber que iba a morir en Madrid y sería enterrado en el célebre cementerio parisino Pere Lachaisse. ¿Ah, puchis… y por qué no?, insistí; y me contestó: “Porque en las aldeas como la nuestra es muy peligroso destacar, por eso es que los mitos viven lejos”. Guardó un poco de silencio y agregó: “Y vos, Palmis, debés tener mucho cuidado de ahora en adelante, porque estás destacando como periodista… Te aconsejo que te vayás de Guatemala… andá a vivir a México, donde tenés tantos amigos. Guatemala es como un zacatal donde si alguien saca la cabeza para respirar aire puro, se la cortan. Los guatemaltecos somos como los cangrejos, pero no de los que se ayudan unos a otros a escapar de una olla en la que los quieren cocinar… sino que cuando alguno está subiendo, el que va detrás lo baja para impedir que suba.” Me hizo mucha gracia la comparación que publiqué poco tiempo después, y la han repetido varios. Creo que “el gran Moyas” tenía razón. Aquí es peligroso destacar, por la envidia, la desconfianza y la maledicencia.
Los guatemaltecos no damos carrera a un ciego, como se dice comúnmente. Ignoro a qué se debe que seamos tan envidiosos de los triunfos y satisfacciones de los demás, tan inconformes y tan desconfiados y que tengamos una incontrolable tendencia a la crítica negativa. Pronto criminalizamos todo lo que hacen los demás. No sabemos reconocer ni mucho menos aplaudir los méritos y éxitos de los demás, probablemente porque es demasiado baja nuestra autoestima.
General Carlos Manuel Arana Osorio, presidente de la República (1970-74)
Recuerdo que el entonces todavía coronel Carlos Manuel Arana Osorio (años más tarde fue ascendido a general) dijo en un brillante discurso que le escribió su ministro de Gobernación, icenciado Jorge Arenales Catalán, y él pronunció pocos meses después de haber sido postulado candidato presidencial por los ultraderechistas partidos políticos Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Institucional Democrático (PID) y Central Auténtica Nacionalista (CAN) y haber sido electo para el cargo de presidente constitucional de la República con un margen aplastante de ventaja sobre el candidato oficial, licenciado Mario Fuentes Pieruccini, postulado por el Partido Revolucionario (PR). Dijo algo como esto: “¡Qué difíciles son ustedes! Son muy parcos para reconocer las virtudes y los méritos de los demás y muy generosos para criticarlos.” Se refería a que cuando él era comandante de la zona militar de Zacapa había sido muy efectivo para combatir a los guerrilleros en la zona de Oriente y por ello precisamente fue electo por la mayoría de los votantes para sustituir al licenciado Julio César Méndez Montenegro, en cuyo período se había incrementado la guerrilla tanto urbana como en los departamentos. Pero al poco tiempo después de que se hizo cargo de la presidencia gobernó sin garantías constitucionales individuales y bajo Estado de Sitio, porque le pareció que esa sería la única forma en que podría continuar combatiendo con éxito la insurgencia guerrillera.
Licenciado Erick Alfonso Álvarez, presidente del O J y CSJ
Todo esto viene a cuento por el exagerado escándalo amarillista que han armado algunos medios de comunicación por el viaje a Brasil, en función oficial, del Presidente del Organismo Judicial y Corte Suprema de Justicia, licenciado Erick Alfonso Alvarez, y para ello se hizo acompañar por su secretaria o asistente Londi Valeska Castillo Pineda. Parece mentira que esos periodistas y algunos activistas como la señorita Helen Mack y otras no comprendan que un alto funcionario de su nivel no puede andar abriéndose paso solo, sino necesita de apoyo para que haga todos los trámites que sean necesarios. Y para esas cosas nadie podría ser mejor que su secretaria porque conoce muchos papeleos. Fueron muy desafortunadas las declaraciones que dieron los abogados Ramón Cadena Rímola y Ricardo Sagastume identificado con el Cacif, al programa noticioso del canal Antigua de televisión “A las 8:45“, bajo la dirección del destacado periodista Juan Luis Font, co-director de elPeriódico. Y todavía menos afortunados las maliciosas insinuaciones de la periodista Dina Fernández, columnista de elPeriódico. Cadena debe recordar que es bien sabido que él ha tratado en vano de ser Procurador, Fiscal y Magistrado de la CSJ.
El siguiente artículo sobre este tema se publica hoy el diario Siglo Veintiuno, que ha sido el más insistente en este tema.
Demandan que Presidente del OJ aclare gastos de viaje
Trascienden más viajes de magistrados
Helen Mack afirma que Erick Álvarez debe dar explicaciones de su periplo a Brasil y sugiere que renuncie “por dignidad”.
Rodrigo Pérez rperez@sigloxxi.com
“Cómo es posible que él se niegue a decir en qué se gastan los recursos del Estado. Él tiene la obligación…”.
“Él tiene que dar la cara, no sólo a la prensa sino a la sociedad civil y explicar el escándalo del viaje”.
Alejandro Quinteros | Movimiento Cívico nacional
El escándalo por el viaje a Brasil del presidente del Organismo Judicial (OJ), Erick Álvarez, sigue generando reacciones. Activistas a favor de la justicia y transparencia piden que a su regreso de República Dominicana, donde actualmente está el magistrado, aclare los gastos de su periplo por Sudamérica, acompañado por su asistente Londi Valeska Castillo Pineda.
Helen Mack, directora de la Fundación Myrna Mack, declara: “Cómo es posible que él se niegue a decir en qué se gastan los recursos del Estado. Él tiene la obligación y vamos a hacer que la ley se cumpla”, señaló.
Mack añadió: “Si no es merecedor de ocupar el cargo, que renuncie; él puede renunciar por dignidad, no es necesario que alguien se lo pida. Ha demostrado no tener ética ni transparencia para manejar la Corte”.
La activista lamentó que Álvarez también presida la Comisión de Postulación para Fiscal General.
Alejandro Quinteros, del Movimiento Cívico Nacional, afirma: “Él tiene que dar la cara, no sólo a la prensa, sino a la sociedad civil, y explicar el escándalo del viaje”.
Añadió que si a su regreso de República Dominicana no explica los gastos, “la falta de transparencia debería hacer que renuncie”.
Coincidió con Mack en cuestionar que Álvarez presida la postuladora para Fiscal General.
Otros viajes
Según la Unidad de Información del OJ, el magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), César Barrientos Pellecer, ha realizado dos viajes al exterior.
El primero fue del 3 al 7 de noviembre del año pasado. En esas fechas asistió al 137 período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, Estados Unidos.
El segundo viaje se concretó del 1 al 4 de diciembre. El destino fue Managua, Nicaragua, donde realizó una visita de trabajo en la Corte Centroamericana de Justicia.
Pellecer tiene previsto viajar, del 16 al 23 de febrero, a Ginebra, Suiza, sede de un foro sobre derecho indígena.
El magistrado de la CSJ, Manfredo Maldonado, viajó, del 31 de enero al 4 de febrero, a San José, Costa Rica. Acompañó a la comitiva guatemalteca que participó en las sesiones de la Comisión internacional de Derechos Humanos (CIDH). También visitó las instalaciones judiciales donde funcionan los juzgados pluripersonales de dicho país.” (Fin del artículo)
El columnista Juan Luis Font publica hoy esta columna sobre este mismo tema:
Viaje todo pagado
Fiesta con fondos públicos y luego, callar.
Por: Juan Luis Font
Fue oportuno que el diario Siglo Veintiuno revisara los gastos de viaje del recién estrenado Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Erick Álvarez, en una de sus primeras salidas al exterior. Álvarez gastó poco más de US$15 mil para ir a Brasil, acompañado por su asistente, por un viaje que se extendió tres días más de lo necesario. Se trataba de un viaje preparatorio para una reunión de presidentes de Cortes Supremas a realizarse en Uruguay.
Pese a que los anfitriones corrían con los gastos de hotel durante las fechas del evento, el Presidente de nuestra Corte, que cobró viáticos por todos los días que duró su periplo, no ha hecho devolución alguna de fondos.
Molesto por las críticas, el magistrado Álvarez ha dicho que no piensa dar explicaciones al respecto y ha partido de nuevo en un viaje hacia Santo Domingo, ahora acompañado por un colaborador del Organismo Judicial.
Se trata de una actitud inaceptable de un magistrado que apenas acaba de ser electo para integrar una Corte llamada ya no sólo a inspirar confianza en que el sistema judicial guatemalteco puede mejorar, sino a concretar esos cambios tan pronto como sea posible. Y es poco lo que se ha visto al respecto.
El mensaje que el magistrado Álvarez envía a la sociedad es negativo porque supone la confirmación de que en el Organismo Judicial no ha cambiado casi nada.
Al tiempo que él se niega a ofrecer un informe que despeje las dudas sobre la pertinencia de sus gastos, se conoce que otros magistrados han hecho que el Organismo erogue hasta Q200 mil para remodelar sus despachos. Y se conoce también que la juez que lleva el caso Rosenberg ha devuelto el vehículo blindado que le fue proporcionado debido a la carestía de fondos para financiar el combustible de este auto. ¿Qué prioriza entonces la cúpula del Organismo Judicial? ¿Hay fondos para remodelar despachos o para agasajarse dos o tres días extra en Brasil pero no los hay para pagar la gasolina de un carro blindado para una juez expuesta a riesgos?
En el fondo de la discusión se encuentra un tema de gran relevancia para el Estado, ¿cómo pueden los ciudadanos confiar en que el dinero que aportan para financiar a las instituciones es bien utilizado? Este es un país harto de ejemplos de personajes que, al ejercer la función pública, se aprovechan de su cargo para beneficiarse a sí mismos. Una parte de la falta de lealtad al Estado se funda en estas razones.
Y eso justamente es lo que refleja, en tanto no ofrezca una explicación que demuestre lo contrario, el Presidente de la Corte. Su silencio sólo fortalece la idea de que el sistema está hecho para favorecer a quienes lo dirigen y que poco les importa que alguien piense lo contrario.
De acuerdo con los liberales extremos, la corriente ideológica que tanto se afana por influir el pensamiento de la elite guatemalteca, es contrario a la naturaleza humana pensar que un hombre o una mujer con acceso al manejo de los fondos públicos se abstenga de buscar su provecho personal e incluso llegarán a anteponerlo al interés común. Y es cierto que la naturaleza humana suele actuar de esa forma. Pero una sociedad organizada establece límites para impedir que los encargados de las instituciones abusen de estas.
Esos límites deben ser congruentes con la situación del país al cual se sirve. ¿Debe regalarse tres días extra en un bonito destino el Presidente de la Corte a costa de los contribuyentes? ¿Debe viajar en clase económica o hacerlo en clase ejecutiva? ¿Debe asistir a todas las invitaciones que se le hagan o sólo a aquellas esenciales para el buen desempeño de su función? Y a la hora de priorizar, ¿debería el Presidente de la Corte viajar tranquilo a sabiendas que una juez corre riesgos y el Organismo que él dirige le regatea hasta la gasolina? (Fin de la columna)
Comento: no tiene límites la mezquindadhumana. Pero es incomprensible que todo un columnista como Font, co director de elPeriódico, se niegue a comprender que un alto funcionario de ese nivel debe viajar en Primera Clase de los aviones, así como su acompañante, y no en clase Económica. Es inconcebible que se pueda ser tan mezquino, por lo que sospecho que en esta campaña contra el presidente del Organismo Judicial y Corte Suprema de Justicia hay alguna doble intención… probablemente porque es también el presidente de la Comisión Postuladora para elegir el nuevo Fiscal General.

General (R) Luis Francisco Ortega Menaldo
Y para terminar, no me explico a qué se debe esa inquina de algunos medios (particularmente elPeriódico) contra el general retirado Francisco Ortega Menaldo. Yo no soy abogado defensor de oficio de él, ni de nadie, pero a riesgo de ser incomprendido, soy sincero al decir que yo tengo buena impresión de ese militar, a quien conozco desde hace mucho tiempo y nunca se le ha probado ninguna de las actividades delictivas que se le imputan. Si en verdad existe algo en su contra, corresponde al Ministerio Público (MP) llevarle ante los tribunales de justicia para que sea juzgado y castigado con todo el peso de la ley si es hallado culpable, no corresponde a los medios de comunicación que se creen jueces implacables de cualquiera. Y en cambio es bien sabido que rescató sanos y salvos a muchas personas que habían sido secuestradas.


