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NO CUALQUIERA PUEDE SER PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

Miércoles, Febrero 28th, 2007

No me cabe la menor duda de que quienes redactaron la Constitución Política de la República, promulgada el 31 de mayo de 1985, que entró en vigor el 14 de enero de 1986, tuvieron la intención de darle un contenido democrático, pero no midieron las consecuencias de su utopía porque en lo que se refiere a los requisitos para optar al cargo de Presidente de la República únicamente estipularon, en el artículo 185, que podrán hacerlo ?los guatemaltecos de origen que sean ciudadanos en ejercicio y mayores de cuarenta años?, pero no especificaron las características que deben tener para desempeñar ese importante cargo.

No se les ocurrió que podría darse el caso que, para sustituir a los consecutivos regímenes militares, un carismático demócrata cristiano, un tanto demagogo, el abogado Vinicio Cerezo Arévalo, pudiese ganar las elecciones y el 14 de enero de 1986 asumiese el cargo de Presidente de la República para gobernar alegremente sin pena ni gloria durante un período de cinco años. Por eso digo que no cualquiera puede ser presidente de la República.

Es tan vago dicho requisito constitucional para optar a la Presidencia que a pesar de que antes de las elecciones de 1989 varios periodistas, como yo, dijimos que Jorge Serrano Elías tenía tendencias mesiánicas e hizo negocios que sólo a él le dieron ganancias, pero no así a sus socios, la mayoría votó por él para no hacerlo por el propietario y director del diario El Gráfico, Jorge Carpio Nicolle. El 14 de enero de 1990, Serrano Elías fue investido Presidente, pero a la mitad de su período, un día de incontrolada locura mesiánica, trató de imitar al peruano-japonés Alberto Fujimori y anuló los otros dos poderes del Estado, por lo que el Ejército en general, y su Jefe del Estado Mayor Presidencial, general Francisco Ortega Menaldo, en particular, le obligaron a abandonar la Casa Presidencial sin haber renunciado, e irse a Panamá con las maletas repletas de dólares en el avión del presidente de El Salvador Alfredo Cristiani. Por eso digo que no cualquiera puede ser presidente de la República.

Tan inesperada circunstancia llevó a la Presidencia de la República, por mayoría de votos de los diputados del Congreso de la República, al mediocre, dipsómano y drogadicto abogado Ramiro Deleón Carpio, quien a la sazón era Procurador de los Derechos Humanos, y por su falta de carácter en la presidencia mereció el apodo de ?huevos tibios?. Pero tuvo tiempo para cometer errores. tales como celebrar un plesbicito en el que la mayoría del pueblo dijo SI a los cambios constitucionales que propuso por consejos del licenciado Mario Fuentes Destarac y el ingeniero José Rubén Zamora, para que el Banco de Guatemala no pudiese otorgar préstamos con bajos intereses al Estado, y desde entonces los sucesivos gobiernos están obligados a pagar elevados intereses a los bancos privados cuando obtienen un préstamo. Por eso digo que no cualquiera puede ser Presidente de la República.

Al cumplirse el tiempo que faltaba al período de Serrano Elías, Deleón Carpio dio elecciones y entregó la presidencia al máximo dirigente del partido de Avanzada Nacional (PAN), Álvaro Arzú Irigoyen, actual Alcalde Metropolitano, a quien se debe reconocer que desempeñó el cargo con aplomo y dignidad, porque es un hombre de categoría y tiene clase, pero esas características fueron interpretadas por muchos como arrogancia y le causó tener numerosos detractores. Por eso digo que no cualquiera puede ser Presidente de la República.

Le sustituyó en la Presidencia el candidato que postuló el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), Alfonso Portillo Cabrera, un supuesto abogado y profesor de la universidad comunista de Guerrero (México), quien después de que mató a balazos en Chilpancingo a dos estudiantes y dejó paraplégico a otro, se convirtió en prófugo de la justicia mexicana. Mientras huía dijo que obtuvo un postgrado en Economía en la universidad Nacional de México (UNAM), pero este dato es incierto. A pesar de que me cansé de pedir con insistencia en muchas columnas que no votaran por él porque era un homicida, demagogo, populista, sinvergüenza y farsante, fue electo por sus excepcionales dotes histriónicas y su política populista. Y todos sabemos lo que sucedió a nuestro pobre país. Los constituyentes no sospecharon que algún día un homicida, farsante y ladrón, como Alfonso Portillo, pudiese llegar a ganar las elecciones y ocupar tan elevada posición y su gobierno fuese lo más corrupto que ha habido en la Historia de Guatemala. Por eso digo que no cualquiera puede ser Presidente de la República.

Después asumió la Presidencia un mal estudiante de Derecho en la universidad Rafael Landívar, Oscar Berger Perdomo, quien sólo después de largo tiempo logró obtener el título de abogado, pero fracasó en el sector privado como gerente de unos boliches y, para ayudarle a situarse políticamente, en 1986 su íntimo amigo de la infancia y compañero de la universidad, Álvaro Arzú Irigoyen, quien cuando fue candidato a Alcalde de la capital le incluyó en su planilla como Concejal Tercero. Arzú ganó la Alcaldía y cuando renunció para ser candidato a la Presidencia, la primera vez, impuso a su amigo Berger como candidato a Alcalde para sustituirle. Berger fue Alcalde dos períodos, después de lo cual Arzú volvió a imponerle como candidato a la Presidencia en su primer intento que perdió contra Portillo, pero cuatro años más tarde, en su segundo intento, fue apoyado por los empresarios más adinerados identificados como ?los cabales?, y derrotó al ingeniero Alvaro Colom. Y todos sabemos lo mediocre que ha sido su gobierno.

Pero apuesto a que ninguno de los diputados constitucionalistas sospechó que por el simple hecho de ser guatemalteca de origen y mayor de 40 años, una indígena que es una resentida social, con pocos estudios, escasa preparación y limitada capacidad, como Rigoberta Menchú, podría optar a ser la primera mujer de raza indígena que ocupe el más alto cargo público de la nación, sólo por el hecho que en 1992 una conspiración comunista internacional, encabezada por madame Mitterand, esposa del presidente de Francia, logró que la organización de los premios Nobel le concediera el premio de la Paz y los izquierdistas de salón a cargo de la UNESCO y el ingenuo presidente de Guatemala, Oscar Berger, la nombrasen ?embajadora de la paz? a pesar de que todo el mundo sabe que su pensamiento y su actitud no son precisamente pacifistas, sino todo lo contrario.

Por eso insisto en decir que no cualquiera puede ser Presidente de la República.