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¿Y qué pasó en El Boquerón?

Viernes, Marzo 2nd, 2007

En cualquier país del mundo civilizado, o por lo menos más o menos civilizado -como algunos que hay en lo más negro de África-, habría tenido consecuencias tan graves como la inmediata destitución del ministro de Gobernación, Carlos Vielmann Montes, y del director de la Policía Nacional Civil (PNC) Erwin Sperissen Vernon si se hubiese dado un caso tan escandalosamente dramático como el asesinato de tres diputados salvadoreños al Parlamento Centroamericano (Parlacen): William Rizziery Pichinte, José Ramón González Rivas y Eduardo José D?Abuisson Mungía, hijo del difunto y muy controvertido militar Roberto D’Abuisson, a quien se acusó de haber estado involucrado en el asesinato del arzobispo de San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero,y fue el fundador y máximo lìder del partido político de extrema derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que está en el poder, y el chofer del vehículo en el cual se transportaban, Werner Vargas.

Pero aquí, en ésta nuestra bella Guatemala, que un día no muy lejano mereció ser llamada ?el país de la eterna primavera?, nada de eso ha pasado, como si no nada hubiese sucedido, y ambos altos funcionarios públicos siguen tranquilamente en sus cargos, mientras el flamante Presidente de la República, licenciado Óscar Berger Perdomo, aparenta que no sabe nada, que no está enterado de lo que ocurre, ni siquiera de que su colega, el presidente de El Salvador, el ex locutor de radio Elías Antonio Saca, declaró a la prensa internacional, al salir de su entrevista con el presidente George W. Bush en la Casa Blanca, que ha pedido al presidente guatemalteco que esta vez no vaya a permitir que impere la impunidad para que sean castigados los culpables de esos crímenes. Berger respondió a los periodistas que no está enterado de lo que declaró a la prensa internacional el presidente salvadoreño, pero que podría ser un tema de conversación en la próxima reunión que tendrán con el presidente estadounidense. Dijo que no sabía lo que dijo Saca, pero por aquello de las dudas suspendió la visita a la frontera que tenía programada para reunirse con Saca. No fuera a ser que allá le dijeran nuevamente que se investigue por qué asesinaron a los tres diputados al Parlacen y a su chofer y después “ejecutaron” a los cuatro policías que estaban presos en El Boquerón por haber sido, presuntamente, los autores materiales de esos cuatro asesinatos. ¿Quién fue el autor intelectual, o quiénes fueron? ¡Nadie sabe! Tal vez solamente lo sabe aquel personaje novelesco llamado La Sombra.

Lo que sucede es que ?El Conejo? Berger no está enterado de muchas cosas, entre ellas sospecho que ignora que es el presidente de la República de Guatemala. Pero, aunque les duela, les debo recordar que me cansé de decirles durante la campaña electoral (que él ganó al ingeniero Álvaro Colom) que no es una persona tan inteligente como debiera ser ni está debidamente preparado para desempeñar ese importante cargo. Pero los votantes se dejaron llevar por su aspecto de ?buena gente? y lo eligieron. Por lo cual no debe sorprender ahora que se haya hecho el sapo ?no el conejo- cuando los periodistas le preguntaron qué opina de lo que declaró su colega salvadoreño, el ex locutor de radio Elías Antonio Saca.

Pero por mucho que Berger jure que ignora lo que dijo su colega salvadoreño, no podría ignorar el hecho que, según afirma el general retirado Otto Pérez Molina, ex jefe del departamento de Inteligencia Militar, ex jefe del Estado Mayor del Ejército y Ex jefe del Estado Mayor Presidencial del presidente Ramiro Deleón Carpio y firmante del Acuerdo de Paz Firme y Duradera, que hay dos comandos de la Policía Nacional Civil que se dedican a la ?limpieza social? y cometen crímenes extrajudiciales, y uno de ellos interceptó en el kilómetro 36 de la carretera a El Salvador al vehiculo en el que regresaban a Guatemala los tres diputados salvadoreños del Parlacen y su chofer, y los mataron. ¿Por qué lo hicieron? ¡Nadie sabe! Será sumamente importante que se averigüe por qué los mataron y quemaron su vehículo.

Yo había solicitado a la guapa y valiente diputada Roxana Baldetti que viniese a informarme todo lo que ellos han logrado averiguar en sus investigaciones en El Boquerón pero, lamentablemente, no asistió a la cita que en principio habíamos hecho. Sospecho que el general Pérez Molina se lo impidió por algún motivo. Lo lamento y espero que en fecha próxima pueda hacerlo… si acaso el hombre de la mano dura se lo permite.

Por muy ?Conejo? que sea, Berger no podría ignorar tampoco que poco tiempo después de haber asesinado a los diputados al Parlacen y a su chofer, los policías y presuntos asesinos fueron capturados y conducidos a la prisión de alta seguridad denominada El Boquerón, lo que demuestra que de “seguridad” solamente tiene el nombre, donde, supuestamente, otro comando de asesinos que se ha dicho que también son miembros de la misma Policía Nacional Civil, entró tranquilamente, con las llaves de los cuatro candados en sus manos, apagaron las luces del edificio y asesinaron con cuchillos y balazos a los presuntos asesinos de los tres diputados salvadoreños y su chofer.

Esto significa, ni más ni menos, que el objetivo de quienes asesinaron en la cárcel de supuesta alta seguridad El Boquerón a los cuatro policías que presuntamente habían asesinado antes a los tres diputados salvadoreños y a su chofer, fue impedir que hablaran y dijeran lo que sabían. ¡Y esto debe ser esclarecido cuanto antes! No para obligar a renunciar de sus altos cargos al ministro de Gobernación, Carlos Vielmann Montes, y al director de la Policía Nacional Civil Erwin Sperissen Vernon, quien, dicho se de paso, no quiere renunciar a pesar de que hoy sería el último día para que renuncie para poder ser inscrito como candidato a diputado del partido Unionista, al cual pertenece.

Este espantoso doble crimen, en el que fueron brutalmente asesinadas ocho personas, cuatro salvadoreños y cuatro guatemaltecos, debe ser esclarecido muy pronto, para que los pueblos de Guatemala y El Salvador y la comunidad internacional -que están justamente horrorizados e indignados- sepan la verdad de lo que ocurrió y caiga el peso de la ley inexorablemente sobre los culpables.

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