Recibí este correo electrónico

Cuando me disponía a escribir mi columna cotidiana para esta página de Internet, recibí este correo electrónico que me pareció tan interesante que, aunque no he tenido oportunidad de pedir su autorización a mi admirada y querida amiga Dina Fernández, quien es la autora de este artículo que fue publicado ayer en el diario Prensa Libre, voy a tomarme la libertad de reproducirlo textualmente a continuación.
Primero reproduzco el mensaje del correo electrónico y después el texto del artículo por el cual no sólo me solidarizo totalmente con su autora, sino la felicito calurosamente y le ruego que disculpe que lo reproduzca sin haber obtenido previamente su autorización, pero no he podido contener el impulso de darlo a conocer a quienes aún no lo hayan leído en la publicación original. Así que ?con permiso?… aunque en realidad sea sin él.

?Lea el interesante artículo de Dina Fernández, publicado en Prensa Libre del día de hoy (19 marzo 2007), en la sección de Opinión, en la columna XOKOMIL, titulado ?MENTIRAS CRIMINALES?.

Este enfoque es lamentablemente el riesgo al que estamos expuestos todos los guatemaltecos, con un Ministerio Público que vergonzosamente cuenta entre su personal con gente ineficiente, inescrupulosa y hasta corrupta, a quienes no les importa destruirle la vida a cualquier persona decente con tal de JUSTIFICAR SU TRABAJO, COBRAR UNA JUGOSA RECOMPENSA, O TALVEZ SIMPLEMENTE SATISFACER DESEOS INSANOS DE HACERLE DAÑO A PERSONAS DE BIEN?

Con los últimos acontecimientos, el asesinato de los diputados salvadoreños y su piloto, el asesinato de los 4 policías en El Boquerón y toda la noticia que estos hechos han desatado, me pregunto que otras autoridades además del Ministerio Público, son un peligro latente para los guatemaltecos?

Adjunto artículo en Word, puede verlo también en Internet.

Anabella de Tejada?

A continuación reproduzco textualmente el artículo de Dina Fernández

XOKOMIL

Mentiras criminales
El MP debe analizar con cuidado las acusaciones y perseguir con todo el peso de la ley a quienes mienten en investigaciones y juicios.
Por: Dina Fernández

Imagine este escenario: en un arranque de ira, una novia despechada, un niño bromista, un socio o un competidor vengativo decide llamar al FBI y lo acusa a usted de haber derribado las Torres Gemelas junto a Osama bin Laden.

Luego imagine que al día siguiente usted se despierta, feliz y despreocupado, toma el control remoto, pone CNN y, ¡oh sorpresa!, encuentra que la noticia del momento es usted: en pantalla aparece una foto suya, con nombre, edad, profesión y últimos datos migratorios, pues lo buscan por complicidad en el crimen más infausto de la historia. Llamen a Steven Spielberg porque hay material para tremenda ?lica? de acción.

Ahora piense que algo similar le puede pasar a usted en Guatemala, en la vida real, y le apuesto que se le borra la sonrisa de la cara. De hecho, le pasó a un amigo mío la semana pasada.

Alguien (que obviamente lo detesta) llamó a la Fiscalía desde un teléfono público y lo acusó de haber participado en el asesinato de los diputados salvadoreños. Con esa sustanciosa información -una llamada anónima-, el MP lo arraigó y la noticia apareció en los diarios, con grandes titulares.

Ese día, a las seis de la mañana comenzaron a tronar los teléfonos de mi amigo: parientes y amigos lo llamaban alarmados para avisarle del ?camote? en el que estaba metido y recomendarle que se cuidara. No era para menos. Dados los últimos acontecimientos, no es descabellado pensar que cualquiera que resulte vinculado, con razón o sin ella, al asesinato de los diputados puede pasar años en la cárcel, mientras se ?averigua?.

Peor aún, puede terminar ametrallado en cualquier esquina, como les sucedió a los policías en El Boquerón.

Mi amigo vivió varias horas de pesadilla mientras investigaba cómo lo habían embrocado en el crimen. Luego se presentó al Ministerio Público para aclarar su situación, esperando que las autoridades cayeran en cuenta de la calumnia: él nunca se ha dedicado a la química, sino a los negocios; no trafica con explosivos, no tiene relación con la Policía y jamás en su vida conoció a los implicados en este crimen.

Para las autoridades debería ser sencillo percatarse del error y seguir adelante con las pistas que sí son relevantes. Sin embargo, la experiencia canallesca del proceso contra el ingeniero Roberto Tejada, a quien lo vincularon del aire a un asesinato, da motivos de preocupación.

Existe el precedente de un hombre justo que ha pasado dos años en prisión, durante los cuales lo han difamado con piltrafas de evidencia y falsedades escandalosas, que lo único que demuestran es mala fe. Otro conocido mío -un economista muy respetado- también se acaba de ver en la penosa obligación de presentarse a los tribunales a enmendarles la plana por una mulada igual de surrealista.

Resulta que cuando sacaron orden de captura contra directores y funcionarios de Bancafé, lo incluyeron a él en la colada. Y, en efecto, este señor había sido alto ejecutivo de ese banco, ¡pero hace 25 años! Da cólera que un profesional con trayectoria intachable vea su nombre enlodado por semejantes estupideces.

La Fiscalía tiene aquí varias tareas pendientes. Ante todo, meterles en la cabeza a los fiscales que su trabajo no es encontrar quién las paga, sino quién en realidad las debe; examinar con cuidado la información para distinguir la evidencia de la basura; y luego perseguir, con todo el peso de la ley, a quienes malintencionadamente confundan a policías, fiscales y jueces.

No podemos darnos el lujo de perder tiempo y recursos investigando mentiras. A quienes tienen la temeridad y la mala entraña de lanzar acusaciones falsas para obtener vendettas personales, debería caerles un castigo ejemplar para que nadie más se aficione a un vicio tan peligroso.

Hasta aquí el artículo de mi admirada y querida amiga Dina Fernández, hija de mi amiga Dina García Sandoval de Deman y nieta de mi estimado y recordado viejo amigo y compañero Pedro Julio García (q.e.p.d.). Aprovecho la oportunidad para expresar que sería sumamente lamentable para el periodismo guatemalteco que ella se vaya a retirar de la actividad periodística -si ese fuere el caso- por el hecho de que han vendido el porcentaje de acciones de la empresa de Prensa Libre que heredaron.

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