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La espada de Damocles de la CICIG

Viernes, Diciembre 21st, 2007

El abogado Santiago Pedraz, juez de la Audiencia Nacional de España, ha expresado su decepción por la decisión soberana de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad (CC) de conceder amparo a los militares que son acusados por Rigoberta Menchú Tum, recipiendaria del premio Nobel de la Paz -¡vaya contrasentido!- de haber cometido actos de lesa humanidad durante el largo conflicto armado interno entre las fuerzas irregulares guerrilleras subversivas y las fuerzas regulares de las autoridades en los gobiernos que se sucedieron, porque él quería que los militares que de una u otra manera ejercieron el poder durante esos años, como los generales Efraín Ríos Montt, Óscar Humberto Mejía Víctores, Aníbal Guevara Rodríguez y Germán Chupina Barahona -a quienes acusa de haber tenido participación en la tragedia ocurrida en las oficinas de la embajada de España el 30 de enero de 1980 y de haber cometido delitos de lesa humanidad, como genocidio- hubiesen sido capturados, encarcelados, extraditados y llevados a España “pie con jeta” (como se dice popularmente) para que allá sean juzgados y -¡desde luego!- condenados por él a pasar en la cárcel el resto de sus vidas.
Por su parte, la principal acusadora ante los tribunales españoles, de inmediato se manifestó sumamente contrariada y descontenta por la resolución de los magistrados de la CC ?porque cree que ?se excedió demasiado?- y ha lanzado graves acusaciones contra todo el sistema de justicia de Guatemala. ¡Ella nunca ha tenido algún límite en su campaña de desprestigio contra todo lo que es nuestro! Cualquiera diría que odia a todo lo que hay en este país en el que nació.
Reitero que me parece comprensible que esta mujer indígena de la raza k?iché, cuyos padres y un hermano murieron durante la guerra fratricida por haber sido señalados de participar en la subversión, continúa empecinada en que reciban un severo castigo unos compatriotas que durante ese tiempo ejercieron alguna autoridad y, por cumplir con sus atribuciones para impedir que el gobierno fuese derrocado, adoptaron severas medidas represivas contra quienes trataban de derrocarlo para implantar en nuestro país un régimen comunista como el del dictador de Cuba, Fidel Castro, principal inspirador y patrocinador de la subversión en nuestra patria.
Una de las tantas actividades que la Menchú ha venido desarrollando para tratar de lograr su objetivo fue haber participado anoche, junto con el licenciado Mario Fuentes Destarac, en un brevísimo y fallido intento de entrevista en el segmento En Foco del noticiario de Canal 13 de televisión de las 21 horas, que estuvo a cargo de la presentadora Karen Mancilla. Lamentablemente, quizás por razones de escasez de tiempo la entrevista fue demasiado corta y apenas si dio oportunidad a que la Menchú expresara que la resolución de la CC ?excedió demasiado de competencia? y a que el abogado Fuentes Destarac explicara que la Constitución de la República establece que ?no hay ámbito donde no proceda un amparo?. Desafortunadamente, la brevedad que le dieron al segmento no dio oportunidad para que expresaran otras cosas y los televidentes nos pudiésemos enterar de ellas.
Sin embargo, al final de escasos minutos quedó sentado que se espera que la instancia de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) tome la estafeta del caso para impedir que esos supuestos delitos queden en la impunidad como tantos otros.
Es innegable que durante el largo conflicto armado interno se cometieron muchos excesos que nadie puede aplaudir. Los cometieron ambos bandos, no sólo uno de ellos. Dolorosamente, en una guerra sucia como fue esa abundan los casos en que se cometen excesos sumamente lamentables. ¡Fue una guerra a muerte! Pero no se debe olvidar que las autoridades se veían en la necesidad de luchar contra la subversión para impedir a como diera lugar que ésta se saliera con la suya y derrocase al gobierno establecido. Así de simple. ¿Pues qué quieren los periodistas que hoy se rasgan las vestiduras al escribir artículos condenando a las autoridades que no hicieron otra cosa que defenderse? ¿Qué querían? ¿Que las autoridades no actuasen con la drasticidad que fue necesaria para impedir que triunfara la subversión que estaba tratando de derrocar al gobierno? ¡No jodan! ¿Qué habría sido de la libertad de expresión que, afortunadamente, hoy todavía tenemos para expresar nuestras opiniones, aunque éstas sean mal agradecidas, ingratas e injustas? Probablemente les habría gustado que Guatemala se hubiese convertido en una especie da satélite de Cuba, pero después lo habrían lamentado al perder sus empresas periodísticas y su libertad.
Se habla de impartir justicia, pero debe entenderse que la justicia no se imparte únicamente cuando se castiga a los acusados, sino también cuando se les absuelve porque se comprueba que no son culpables sin lugar a dudas. Dios y mis lectores saben bien que yo nunca he tenido ni la más mínima simpatía por el general retirado Efraín Ríos Montt, y aunque no dudo que durante el año que él fue presidente de facto las autoridades cometieron muchos excesos en sus actos de represión, hay que reconocer que el gobierno hizo lo que le correspondía. Pero, en honor a la verdad, debo decir que el general Efraín Ríos Montt no tuvo responsabilidad en la tragedia ocurrida en las oficinas de la embajada de España, porque no estaba formando parte del gobierno, ni tampoco la tuvieron los generales Óscar Mejía Víctores y Aníbal Guevara Rodríguez. En cuanto al general Chupina Barahona, si bien es verdad que por esos días él era director general de la Policía Nacional y que muchos de los agentes bajo su mando rodearon esas instalaciones para impedir que se pudiese desarrollar la conferencia de prensa a la que habían convocado los invasores de la sede diplomática con la complicidad del nefasto embajador Máximo Cajal y López, pero eso no significa que los policías hayan sido los culpables de que estallaran las bombas molotov que llevaron los intrusos, lo que causó que por el incendio de la gasolina en las botellas se quemó instantáneamente el oxígeno y murieron 37 ocupantes de esa casa. No me canso de decir que las bombas molotov las llevaron consigo a la embajada los invasores que iban armados y tenían la cara cubierta con pasamontañas, y todas las demás estallaron cuando uno de ellos lanzó una contra unos policías que estaban tratando de forzar una puerta metálica para ingresar a rescatar a los rehenes. Que esto quede claro.
En lo que concierne al supuesto delito de genocidio, que se califica como de lesa humanidad, no hay que olvidar que durante ese largo conflicto armado murieron muchos compatriotas de raza indígena, pero que formaban parte de ambos bandos. Porque tan indígenas eran los campesinos que murieron por participar en alguna forma en las actividades subversivas como los soldados que pelearon contra ellos. Este es un país en el que la mayor parte de la población es indígena y fueron soldados indígenas los que mataron a campesinos indígenas que participaban en la subversión. Y viceversa. Unos indígenas mataron a otros indígenas y eso no puede ser tipificado como genocidio.
En vista del controvertido fallo de la CC, ahora quieren que se convierta en “un desafío para la CICIG” para que debute con este caso en sus actividades que serán a todas luces una intromisión en los asuntos internos de nuestro país, una violación a la soberanía nacional y un motivo de vergüenza para los guatemaltecos que tenga que venir un investigador español al servicio de las Naciones Unidas para que no haya impunidad. En esta forma comenzará a convertirse la CICIG en una espada de Damocles. Pero se equivocan con una falsa expectativa porque la CICIG no tiene jurisprudencia en hechos ocurridos en el pasado y su misión es investigar a los funcionarios de seguridad para impedir que cometan actos delictivos.
Muy sentida condolencia
Por este medio expreso mi muy sentida condolencia a todos los deudos de la estimada señora profesora María Inés Samayoa de Sandoval, miembro del Consejo de Administración del periódico Prensa Libre y protagonista de reconocida trayectoria cívica, quien ayer falleció repentinamente y durante la mañana de hoy será inhumada en el Cementerio Las Flores. Mi sentida condolencia a todos sus deudos en general y en particular a su viudo, mi viejo amigo y colega Mario Sandoval Figueroa, y a sus hijos mi querido amigo y colega Mario Antonio Sandoval Samayoa, columnista de Prensa Libre y presidente de Guatevisión, y María Inés Sandoval Samayoa de Tabarini. Les envío un fuerte abrazo con mi deseo porque tengan cristiana resignación.