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Es evidente que Arce logró su objetivo (2)

Martes, Febrero 12th, 2008

Otra de las personas que dio una declaración a la reportera de elPeriódico Paola Hurtado para su reportaje titulado Retrato al mosaico de Hugo Arce y el subtítulo En la búsqueda de la causa de su muerte, los relatos pintaron su retrato, que fue publicado el domingo pasado, fue el director de la revista ¿Y qué?? en la cual Arce publicó varios artículos estúpidos, mentirosos, calumniosos, difamatorios y ofensivos contra cuanta persona le dio la gana. Yo mismo fui uno de ellos, cuando en uno de los números publicaron mi retrato en la portada y en las páginas interiores un largo artículo de Arce plagado de mentiras, calumnias, difamaciones y vituperios, el cual esperaban que yo respondería y creían que así iban a poder incrementar la circulación. Al extremo que para promoverla contrataron una valla de buenas proporciones con mi fotografía y el nombre del artículo, la cual situaron en las afueras del Campo Marte. Pero no caí en la trampa. No la tomé en cuenta porque me tienen sin cuidado las mentiras y estupideces de Arce contra mí en ese pasquín que es propiedad de otro enemigo gratuito mío, el nefasto periodista y conocido adicto al crack José Eduardo Zarco -¡otro que bien baila!-, accionista del periódico Prensa Libre gracias a la herencia de su madre adoptiva, la estimable señora Teresa Bolaños de Zarco, y no merecen que las tome en cuenta.
Varias personas me han preguntado a qué se debe el odio que tenía Arce contra mí después de que antes fue mi amigo. Hasta la fecha nunca lo había dicho, pero dadas las actuales circunstancias no tengo inconveniente en dar a conocer la razón de su radical cambio de actitud.
Conocí a Hugo Arce hace varios años cuando un día se presentó sorpresivamente en mi casa y me dijo que era primo hermano de mi admirado amigo el columnista, poeta y dramaturgo Manuel José Arce, con quien durante un largo tiempo fuimos amigos hasta que se disgustó conmigo por asuntos profesionales cuando ambos éramos columnistas de El Gráfico, y había sido mi colaborador en mi programa de televisión Ciclorama (canal 11), y después como Jefe de Redacción de mi inolvidable revista La Semana. Hugo me dijo que tenía deseos de conocerme porque le gustaba mi estilo de periodista y lo atendí con mucho gusto sin sospechar la clase de persona que era. A partir de ese día visitó mi casa varias veces y, en una ocasión, con mi hijo Alejandro nos invitó a almorzar en su casa situada frente a la iglesia La Merced, en compañía de su madre, de su esposa hondureña y de su bonita hija mayor. Asimismo, otro día me invitó insistentemente a ir a cenar a una casa de la zona 5 donde vivía la guapa mujer que en esos días era su amante. Pero pocos días después abusó de mi confianza al presentarse en mi casa sin haber sido invitado, en compañía de una mujer que era muy generosa con sus caricias a quien antes yo había conocido bíblicamente y, francamente, me fue muy desagradable, y no les permití entrar diciéndoles que estaba con unas personas amigas con quienes iba a compartir el almuerzo, pero aprovechaba la ocasión para rogarles que en el futuro cuando quisieran visitarme tuviesen el cuidado de preguntar primero por teléfono si podían hacerlo. Arce se puso furioso y salió echando rayos y centellas y mentadas de madre. Él no bebía licor, no fumaba mariguana y nunca supe si fumaba crack o inhalaba cocaína o qué, pero tenía pésimo carácter y se disgustó de que no les abrí la puerta de mi casa. Desde entonces me incluyó en la lista de sus numerosos “enemigos” a pesar de que debería estarme muy agradecido de que algún tiempo antes le había salvado de que le matara a balazos el periodista Carlos Rafael (“El Choco”) Soto. A partir de entonces constantemente me atacó con su acostumbrada virulencia acusándome, entre otras cosas, según él “terribles”, de ser un mal periodista, de ser ?vetusto? (extremadamente viejo) por mi avanzada edad, de padecer de Alzheimer y de muchas otras pendejadas por el estilo. Pero a mí nunca me importó lo suficiente como para contestarle. Lo único es que a partir de entonces lo califiqué de “repugnante sabandija”.
Pero regresando a lo que dijeron las personas que entrevistó para el reportaje de la reportera Hurtado, Richard Shaw -¡otro que bien baila!- hizo unos comentarios intrascendentes, pero al final dijo: ?No publicamos la supuesta carta que dejó antes de morir porque no encontramos nada que nos diga que él la escribió. Su estilo se podía imitar, pero el contenido nos hace dudar. Y la que se titula Yo Acuso empezó a circular en Internet, convenientemente, después de que murió, con una firma escaneada. La revista nunca recibió tales cartas de su verdadero correo. Hugo no era para andarse suicidando y todas esas huevadas?.
Si es así, no me explico por qué se permiten poner en duda la veracidad de lo que dijo la amante de Arce, Haydé Reyes Gómez, sobre que ella tomó en dictado el último artículo que él le dictó. Si en verdad hubiese algún complot para hacer creer que Arce se suicidó pero antes escribió ese artículo anunciándolo, ¿quién lo escribió? ¿Con qué objeto? Sería conveniente que el Ministerio Público haga cuanto antes un careo entre esta mujer y quienes no creen que está diciendo la verdad, con lo cual, obviamente, insinúan que ella es cómplice de un complot contra quien durante tantos años fue su amante.
Otra persona que dio una declaración a la reportera fue el licenciado Óscar Clemente Marroquín, director del vespertino La Hora, quien dijo que nunca recibió presiones para que le negara un espacio a Arce para publicar sus usuales diatribas, pero lo hizo cuando Arce insistió en escribir contra la diputada Roxana Baldetti. Lo más interesante que dijo fue que una semana antes de su muerte le estuvo llamando porque quería volver a escribir en ese medio. Lo cual es obvio que le fue denegado. Y Arce era un típico caso de persona maníaca-depresiva y le afectaba muchísimo no tener un espacio para soltar el abundante veneno que producía en sus diatribas. Porque sabía que un comunicador que no tiene dónde comunicar lo que piensa y lo que siente es como si estuviese muerto.
El siguiente entrevistado por la reportera Hurtado fue el periodista de origen uruguayo Fernando Pintos, presidente del Consejo Editorial del diario cibernético La Opinión.com, dirigido por Karen Escaler, donde Arce publicó varios artículos cobardes, calumniosos y difamatorios contra la señora Sandra Torres Casanova de Colom, esposa del ingeniero Álvaro Colom, actual presidente constitucional de la República, hasta que un día se le pasó la mano y se negaron a seguir dándole espacio y le borraron de la lista de columnistas. Pintos dijo a la reportera Hurtado que Arce ?también se molestó porque publicaron una crítica de un lector sin consultarle. Se creía intocable. Yo creo que a él le convenía más tener un blog personal porque siempre entraba en conflicto con los medios donde estaba. Ya no había periódico que quisiera publicarle?. He aquí el meollo del problema, insisto. Más claro no canta un gallo.
Luego dio una declaración sin la menor importancia la diputada del PP licenciada Anabella de León, quien sólo dijo que eran amigos desde hacía 12 años y que ella llegó al hotel ?en calidad de amiga?. Agregó: ?Ese miércoles 23 teníamos una cita en mi oficina a la 1:00 de la tarde ?para hacer una llamada a una periodista estadounidense que nos iba a apoyar por el acoso que sufría su libertad de expresión. Él sentía que lo habían dejado solo. Pero no llegó. Poco después me llamó el genera Otto Pérez Molina para contarme que la esposa de Hugo, Haydée, le había dicho que había muerto?.
Siguió en la lista de entrevistados el general Pérez Molina, ex candidato presidencial de “la mano dura”, quien hizo hincapie en que no fue él quien buscó a Arce después de que éste le llamó “asesino” y “traidor”, sino fue Arce quien le buscó a él para ofrecerle su apoyo político.
Siguió el doctor en Matemáticas y Física Nuclear Eduardo Suger, Rector de la Universidad Galileo y también ex candidatio presidencial, quien sólo hizo comentarios muy por encima sobre la extraña personalidad de Arce, pero al final de cuentas no dijo si Arce acudió a la cita que suponía tener con él la tarde del día anterior a su muerte.
Después dio una breve declaración el licenciado Héctor Trujillo, abogado de la señora Sandra de Colom, quien sólo dijo que ese día se iba a llevar a cabo en el juzgado la audiencia para juramentar a quienes iban a ser los miembros del Jurado de Imprenta que tendría que dar su veredicto sobre la demanda que planteó la señora Sandra Torres Casanova de Colom contra Arce por unos artículos ofensivos y llenos de calumnias y difamaciones que publicó contra ella.
Luego declaró el licenciado Milton Durán, Fiscal del MP, quien dijo: “Ya tenemos las pruebas de informe de balística, y fue positiva. El bario y antimonio hallados en su mano derecha están en los niveles necesarios para asegurar que él disparó. La única bala se halló incrustada en el colchón y coincide con las características del revólver, pero aún no nos han informado de Decam si éste era propiedad del señor Arce. La prueba de toxicología no encontró abuso de drogas. El informe del forense comprobó que había desayunado y que la bala tiene un trayecto normal para un diestro. Las huellas eran de él. También tenemos información que el señor habló recientemente con sus hijas sobre los beneficios de un seguro y vamos a indagar sobre eso. Aún no cuento con el informe de la hora aproximada de su defunción”.
Con esta ilustrativa declaración del Fiscal del MP, basta para dar por seguro que no fue un homicidio, sino fue un suicidio lo que causó la muerte del poeta Arce. ¡No hay vuelta de hoja! Con esta declaración es suficiente para dar por seguro que el atribulado poeta se suicidó porque estaba demasiado desesperado por la mala situación por la que estaba pasando. Pero antes de hacerlo pensó en los beneficios de un seguro del cual habló a sus hijas. Si es por cobrar este seguro que se está tratando de hacer creer que no se suicidó, sino fue asesinado, es comprensible. Pero no deben hacerlo otras personas para desorientar a la opinión pública haciéndola creer que pudo haber sido asesinado por el gobierno o por la oposición, como insensatamente declaró la siempre controversial abogada Karen Fischer Pivaral, íntima amiga del poeta. ¡Eso es jugar con fuego!
Finalmente, declaró el Jefe de Seguridad del hotel: “Han dicho que la puerta tenía una cadena por dentro y que rompimos la cerradura para entrar, lo cual es falso. Yo estuve ahí cuando subimos con la llave quitapines y la puerta estaba cerrada por dentro, es un cerrojo que sólo se puede poner desde adentro y no deja usar ninguna otra llave que no sea la maestra, la cual se mantiene en custodia. El cerrojo no agarra si la puerta está abierta. ¿Que si pudo salir alguien por la ventana? Sólo que fuera el Hombre Araña. Esa ventana está al raz de la pared y da a la piscina. Sólo se abre de adentro para afuera y los señores policías la hallaron cerrada”.
La reportera Paola Hurtado sigue diciendo: “El caso de Hugo Arce no tuvo, sino hasta el viernes pasado, un fiscal asignado, 14 días después de su muerte. Las investigaciones continúan y no hay hipótesis ni conclusiones, dice el fiscal”.
Y concluye: “La presentación del libro de poesía, cuya impresión no alcanzó a ver el autor, sigue en pie y se distribuirá gratuitamente en la Universidad Galileo. Pero las columnas que publicó en los periódicos, que suscitaron tanta animadversión, ya fueron borradas de los archivos electrónicos de los medios. Correos apócrifos circulan con artículos de Arce. Eso y algunos ejemplares que quedan de la única revista en donde el polémico escritor aún tenía una ventana”.
Esto fue todo el reportaje que publicó elPeriódico del domingo y que, como se habrán podido dar cuenta, no deja lugar a dudas de que Hugo Arce se suicidó, aunque sus deudos y sus amigos traten infructuosamente de hacer creer lo contrario probablemente para poder cobrar un seguro de vida que probablemente no pagarán si se demuestra que murió por suicidio.
Mañana me referiré a la página de Campo Pagado que se publicó ese mismo domingo en Prensa Libre, porque está plagada de mentiras y de gratuitos insultos, como que califica de “oportunistas” a quienes creemos que Arce se suicidó. Al autor de ese gratuito insulto le respondo: ¿oportunista?… ¡tu madre! (Continuará)