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MISCELÁNEA

Jueves, Mayo 8th, 2008

* Estado de Prevención Nacional
En base a las estipulaciones contenidas en el Acuerdo gubernativo 001/2008, el Presidente de la República, ingeniero Álvaro Colom Caballeros, firmó ayer, en Junta de Gabinete, por un término inicial de 15 días, un decreto para establecer el Estado de Prevención Nacional en el país, por el cual el Gobierno de la República está facultado para desalojar las carreteras que se encuentran bloqueadas, intervenir los servicios públicos que prestan las empresas privadas, condicionar los derechos de huelga y el paro de los servicios públicos, limitar el derecho de portación de armas y prohibir el estacionamiento de vehículos en lugares, zonas y horas en las que afecten el funcionamiento de los servicios públicos.
La medida ya era urgente e impostergable y fue tomada después de haber sostenido, durante la tarde, a partir de las 15:30 horas, una infructuosa reunión con los empresarios y los pilotos involucrados para tratar de encontrar una solución bipartita e inmediata al grave problema nacional que había sido creado por quienes están inconformes con las disposiciones municipales para regular el tránsito de vehículos pesados por las calles capitalinas.
En vista de que los representantes de los empresarios y pilotos del transporte se negaron a acatar alguna solución a la grave crisis que se había creado, y se negaban a deponer el paro que amenazaba con transformarse en una situación insostenible, el mandatario tomó la trascendental decisión de establecer el Estado de Prevención Nacional, lo cual anunció a la población en un mensaje difundido por medio de radio y televisión, en el cual informó que el Ejército y la Policía Nacional Civil están encargados de velar porque se cumpla lo pertinente.
El mensaje fue claro y contundente, por lo cual felicito al mandatario, pero al mismo tiempo le sugiero que cuando tenga que hablar por televisión se amarre las manos para que no las mueva todo el tiempo de arriba para abajo como si fuese un director de orquesta.
Causó muchos graves daños
Durante el tiempo que duraron el paro del transporte y el bloqueo de las carreteras, el país sufrió muchos graves daños, especialmente en lo que se refiere al sector de la economía, porque no sólo impidió la circulación de alimentos perecederos de la canasta básica, sino también de algunos de los productos de exportación, por lo que se calcula que el paro del transporte causó una pérdida de Q.400 millones diarios y cada día dejaron de ser exportados con destino a los Estados Unidos y Europa 250 contenedores con banano, arbeja china, ejote francés, puerro, lechuga, apio, melón, piña, papaya y mango, mientras que 6 mil furgones de carga pesada permanecieron varados en las carreteras y en los puertos. Por todo lo cual, invocando la ley de la oferta y la demanda, los especuladores aprovecharon para aumentar desconsideradamente los precios de los productos de consumo diario. Y los servicios hospitalarios también sufrieron las consecuencias, al extremo de que los hospitales se llegaron a quedar sin oxígeno para los pacientes que lo necesitan.
Sin desestimar el aumento que esto causó en el consumo de combustibles cuando la mayoría de los automovilistas, temerosos de que las gasolineras se quedaran sin gasolina, tuvieron que andar de arriba para abajo buscando unos cuantos galones de gasolina o diesel, con lo cual, como es natural, se produjo innecesariamente un mayor consumo de combustibles.
Fallo de la Corte de Constitucionalidad
La Corte de Constitucionalidad ya había emitido anteriormente una resolución provisional sobre la acción de inconstitucionalidad planteada por el Alcalde capitalino, Álvaro Arzú Irigoyen, cuando el gobierno anterior, presidido -¡por increíble que parezca!- por un ex Alcalde de la capital y abogado, “El Conejo” Óscar Berger, trató de violar la autonomía municipal al decretar que corresponde al Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil, dependiente del ministerio de Gobernación, regular el tránsito de los municipios por medio de un reglamento. Pero en vista de la nueva solicitud planteada por los propietarios de los vehículos y los pilotos, resolvió en forma definitiva de la misma manera: las municipalidades gozan de autonomía y tienen derecho a establecer las regulaciones que crean pertinentes. Sin embargo, cuando un reportero de un noticiario de televisión preguntó a un dirigente de los pilotos si estaban dispuestos a acatar este fallo, respondió lacónicamente: ?¡Negativo!?, lo que significa, ni más ni menos, que en cumplimiento de su deber y de acuerdo a su potestad, el Gobierno de la República tenía que intervenir inmediatamente. ¡Y lo hizo! ¡Mis felicitaciones al Presidente Colom y a su Gobierno!
Como dije antes, la situación que se había creado al país con el paro unilateral del transporte pesado y el bloqueo de las carreteras, era ya demasiado grave e insostenible y exigía que el Gobierno de la República interviniese para ponerle fin, en la forma que fuese necesaria, según las circunstancias. Y después de haber agotado en un diálogo la posibilidad de alcanzar un acuerdo, fue justo y necesario que el Presidente de la República adoptase sin pérdida de tiempo esta medida. El mensaje presidencial fue suficientemente claro y devolvió la tranquilidad al país que estaba cayendo en la ingobernabilidad por la actitud intransigente de rebeldía de los empresarios del transporte y de los pilotos obcecados decididos a no acatar la disposición de la Municipalidad capitalina de regular las horas en las cuales pueden circular por las calles de la ciudad, ni respetar tampoco la resolución de la Corte de Constitucionalidad. Reitero mis sinceras felicitaciones al Presidente de la República y a su Gobierno por haber tomado esta medida y por la decisión de respetar la autonomía municipal que es una de las conquistas democráticas de la Revolución de Octubre de 1944. Habría sido absurdo que para resolver el problema del transporte pesado, se hubiese sacrificado la autonomía municipal, como lo plantea un diario local en su Editorial que es una desvergonzada expresión del odio visceral de su autor por el Alcalde Álvaro Arzú.
* Me sumo al homenaje y al duelo
El vespertino La Hora publicó ayer con amplitud la noticia de la muerte en la ciudad de México del respetable y querido compatriota Ernesto (“Neto”) Capuano Del Vecchio, y en la Sección Editorial un sentido comentario alusivo del columnista Carlos Cáceres R. titulado Falleció en México Ernesto Capuano.
Me uno a ambos con los mismos sentimientos y reproduzco a continuación lo que se publicó en La Hora en su página de Internet con el título Semblanza de un hombre íntegro
Murió Ernesto Capuano del Vecchio

Ernesto “Neto” Capuano del Vecchio. (Foto de La Hora)
El texto de la información es el siguiente:
“Hace unas dos horas, nuestro gran compatriota, uno de los hombres más buenos que he conocido en mi vida, congruente y vertical hasta el fin en su pensamiento revolucionario, nuestro querido Ernesto Capuano del Vecchio, dejó de existir. Una caída que sufrió el 23 de abril lo dejó postrado y con grandes dolores, sufrimiento que a la postre no pudo resistir su anciano cuerpo. “Neto” Capuano muere como vivió, sencillo, modesto y pobre.
Nunca conocí a un hombre más inmune a las vanidades y más reacio a los honores. Ni tampoco más desinteresado con respecto a los bienes materiales. Esto fue bueno para él, pues nunca sufrió frustración alguna porque nunca esperó nada a cambio de todo lo que dio. Seguramente no le preocupó que la Universidad de San Carlos nunca haya podido encontrar la manera de ayudarlo económicamente, ni tampoco que la gestión para otorgarle el Doctorado Honoris Causa se haya vuelto un interminable trámite sin salida.
En una época en que el apego a los valores solidarios y la ética de la convicción se olvidan a menudo, la figura de Ernesto Capuano del Vecchio se engrandece y nos deja un ejemplo avasallador. Ojalá muchos deseemos vivir nuestros días como ?Neto? Capuano vivió los suyos.
Semblanza
Ernesto Capuano del Vecchio, ?Neto? como lo llamamos cariñosamente sus amigos, cumplió 94 años el pasado 20 de noviembre. Gozaba de buena salud, a excepción de su vista, que nunca fue buena, no obstante y como muestra de su férrea voluntad estudió aeronáutica y fue aviador.
Ernesto Capuano nació en la ciudad de Quetzaltenango el 20 de noviembre de 1914, en el seno de una familia acomodada dedicada a la agricultura. Cursó estudios primarios en aquella ciudad, en donde fue compañero de escuela del después coronel Jacobo Arbenz Guzmán, quien sería miembro de la Junta Revolucionaria y el segundo presidente del régimen democrático surgido a partir de la Revolución del 20 de Octubre de 1944.
Siendo apenas un adolescente empezó a vincularse con las ideas socialistas. A los 14 años ya era lector atento de El Capital (de Carlos Marx) y mantenía su relación con Jacobo Sánchez y Humberto Molina, intelectuales de ideas marxistas. También se relacionó con los organizadores del Partido Comunista de Centroamérica, sección Guatemala, después Partido Comunista de Guatemala, el primero de su tipo en el país.
Aquel partido tuvo una vida de aproximadamente 10 años, que concluyeron con las redadas y fusilamientos de 1932, que organizó el dictador Jorge Ubico. Entonces fueron asesinados Juan Pablo Wainright y posteriormente Bernardo Gaitán, al tiempo que eran encarcelados durante más de 12 años Antonio Obando Sánchez, Juan Luis Chihuichón, Luis Villagrán y otros más. Para aquel entonces Ernesto Capuano se encontraba terminando el bachillerato y poco tiempo después ingresaría a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, donde concluyó sus estudios, pero no llegó a graduarse debido a la persecución ubiquista.
En 1938, “Neto” viajó a la ciudad de México para participar en el Congreso Mundial Antifascista que aquí se llevó a cabo y ya no pudo regresar a su patria, impedido por la dictadura. Desde aquel momento, estableció una relación amistosa, que duraría toda la vida, con el dirigente sindical y socialista Vicente Lombardo Toledano, fundador de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y del Partido Popular (PP), después Partido Popular Socialista (PPS).
La dirección del PPS siempre le ha tenido gran estimación y respeto a su valía intelectual y moral. A “Neto” le tocó vivir la expropiación petrolera decretada el 18 de marzo de 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas, y la profundización de la Reforma Agraria, uno de los pilares de la Revolución Mexicana. Concluyó sus estudios de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que le permitió poder ganarse la vida como litigante y dedicarse a la empresa de toda su vida: apoyar y participar en el cambio social.
En la patria nuevamente
Cuando el dictador Ubico fue derrocado, en 1944, al igual que otros exiliados como Luis Cardoza y Aragón, Alfonso Solórzano, Juan José Arévalo, Miguel García Granados y Clemente Marroquín Rojas, Ernesto Capuano regresó a Guatemala y se integró en una efímera organización socialista llamada Vanguardia Nacional. A fines de los años cuarenta, regresó a México para poder obtener el título de abogado. En esa oportunidad conoció a la que después sería su esposa, Carmen García Zepeda, originaria de Coahuila y conocida por sus amigos como Carmelita, con quien se casó en 1951 y lo acompañó a vivir a Guatemala.
Aquí, “Neto” fue militante y Secretario de Asuntos Agrarios del Partido de Acción Revolucionaria (PAR) y después del Partido de la Revolución Guatemalteca (PRG) y contribuyó al avance del proyecto revolucionario participando en diversas iniciativas. Entre ellas, difundiendo los planteamientos de la economía política, que son esenciales para interpretar la realidad económico-social con base en el materialismo dialéctico y, sobre todo, y contribuyó a la concepción de lo que después sería el Decreto 900: Ley de la Reforma Agraria. Además, fue Jefe del Departamento Agrario Nacional (DAN) y al momento de ser derrocado Arbenz, era Director del Banco Agrario.
Luego de la intervención yanqui y el triunfo de la Contrarrevolución, en 1954, “Neto” obtuvo asilo político en México, país donde ha vivido desde entonces, trabajando como abogado para ganarse el sustento diario y, sobre todo, participando de diversas maneras a favor de la izquierda y la revolución en el continente.
Exiliado defensor de exiliados
En México comenzaría otra etapa en su vida de abogado y revolucionario. Se convirtió en gestor solidario ante la Secretaría de Gobernación de los asuntos de todos los exiliados guatemaltecos y posteriormente de los asilados y emigrados de Centroamérica y de toda América Latina y el Caribe. Se calculan en varios miles los casos que Neto resolvió ante dicha Secretaría y por los cuales nunca cobró un sólo centavo. Carmelita también fue solidaria en las gestiones hechas a favor de los asilados, al tiempo que la residencia familiar en Bucareli, una de las avenidas importantes de la ciudad de México, un hermoso departamento de acero y concreto, construido allá por los años de 1905, le servía a “Neto” para desarrollar su inmensa y meritoria labor altruista. A la muerte de Carmelita, en 1996, su ahijada, doña Irma Checa, que vivía con ellos desde 1992, siguió en la casa apoyando a “Neto” y asumiendo su cuidado, pese a que conforme avanza su edad aumentan las exigencias y las atenciones por él requeridas.
Desde muy pronto, la alta política mexicana aquilató la generosidad de Ernesto Capuano y el aprecio que la dirección del PPS tenía por su persona. Así, entonces, el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) ordenó a dicha Secretaría que se le diera toda la ayuda posible en sus gestiones a favor de los desterrados, sentando las bases para su fructífera labor durante varias décadas. De igual manera actuarían los sucesivos Secretarios de Gobernación, entre ellos Fernando Gutiérrez Barrios, el mítico y controvertido político mexicano, conocido entre otras razones porque encarceló a Fidel Castro y a Ernesto “Che” Guevara y demás integrantes del Movimiento 26 de Julio, para luego apoyarlos en su traslado a Tuxpan, Veracruz, donde se embarcaría en el “Granma”, dando inicio a la lucha contra Batista, lo que le granjeó de por vida la amistad con Fidel y la Revolución cubana.
Para aquel momento, el segundo lustro de los años cincuenta, Capuano había ingresado al Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), siendo su tarea principal la ayuda solidaria realizada a favor de los exiliados guatemaltecos y de cualquier otro país. Su convicción ideológica se integró, así, con su enorme condición humana y lo marcó para siempre.
Con el nuevo ascenso del movimiento revolucionario en los años 80, “Neto” y otros muchos guatemaltecos en México elevaron su participación en la lucha y sus niveles de organización. En particular, “Neto” mantuvo entonces y ha mantenido siempre una posición honesta y de respeto irrestricto a su ideario revolucionario. Una de sus ideas centrales es que la izquierda guatemalteca en particular y la oposición en general deben unificarse y supeditar a ese objetivo cualquier sectarismo e interés personal o de grupo, pues está convencido, como lo estamos muchos de nosotros, que esa unidad es esencial para el avance de las fuerzas opositoras a las dictaduras que hemos sufrido a lo largo de nuestra historia y los regímenes antidemocráticos que sacrifican el futuro del país y de su pueblo enarbolando la bandera del neoliberalismo y la globalización que encabezan las empresas transnacionales.
Capuano ha sido desde siempre un hombre íntegro y coherente con sus principios e ideales revolucionarios. Por eso, no han sido pocas las veces que el poder lo ha buscado para congraciarse con él y lucir tal acercamiento como un trofeo inestimable. En 2001, el gobierno de Alfonso Portillo, a través de su embajada en México, le ofreció la Orden del Quetzal, pero Ernesto Capuano la rechazó por un mínimo de congruencia consigo mismo, pese a que incluía un estipendio mensual nada despreciable para quien no tiene ingresos fijos y se encuentra ya al final de su vida. Igual rechazó la posibilidad de que como un reconocimiento a su enorme labor gratuita, se le gestionara ante el Gobierno de Guatemala una pensión vitalicia. En ambos casos expresó que, pensando como pensaba, mal podría aceptar la ayuda de un gobierno neoliberal poco o nada preocupado por el futuro del pueblo de Guatemala. Así las cosas, Ernesto Capuano del Vecchio vive en México con una gran modestia y una gran dignidad, si bien su mente y su corazón no han podido separarse nunca de su querida Guatemala.
Crepúsculo
El domingo 19 de noviembre de 2006, un pequeño grupo de amigos nos reunimos con “Neto” para celebrar sus 92 años, que cumpliría al día siguiente. Raúl Díaz, su compañera Rosa Nieves Nogueda, Gilberto Castañeda, Carlos López, Otoniel García, Carlos Cáceres, Mario René Matute y Carlos Figueroa nos dimos cita en aquel lugar. Otros muchos no pudieron estar presentes, pese a que lo visitan y se mantienen en comunicación con él regularmente, entre ellos, Stella Quan, Aura Marina Arriola, Carlos Paz Tejada, Otto Raúl González, Julio Gómez, Rodolfo Córdoba, Manuel Ángel Castillo y Óscar Manolo Farfán.
Era un domingo frío y lluvioso. Después de la comida regresamos a su departamento, donde pareciera que el tiempo se hubiera detenido. Fotos, muebles y adornos evocan los años pasados y su esplendor. Un piano que hace mucho tiempo ha dejado de usarse forma parte del mobiliario de la sala. Encima de él están las fotos de “Neto” y Carmelita en la medianía de sus vidas. Cada uno de nosotros hizo uso de la palabra y le expresamos a “Neto” nuestro cariño, admiración y reconocimiento por su generosidad sin límite. Sentado en un sillón, en medio de una tenue luz, “Neto” aceptaba con humildad y gratitud nuestras palabras. “No puedo dejar de observar un atisbo de sorpresa en su mirada. Ernesto Capuano del Vecchio es lo más cercano a un santo que yo he conocido en mi vida”, diría días después Carlos Figueroa en la semblanza que nos envió para rememorar aquella fecha que ahora es inolvidable.
“Neto” caminó en su vida haciendo todo lo que pudo por los demás, sin esperar nunca nada a cambio. Acaso por ello no hay amargura alguna en su corazón, pese a que las decenas de personas que antes lo buscaban para un trámite o para que les resolviera un problema legal ya no lo visitan o ya se regresaron a sus países. Es una realidad dolorosa que “Neto” registra con su agudo sentido de la realidad como un dato más de su ya larga vida: “Yo podría vivir cómodamente si hubiese cobrado por mis servicios, por poco que fuera; el departamento en que vivo es propio y mis gastos son bajos”, le dijo a Gilberto Castañeda un día de febrero de 2007, cuando preparaban el viaje que hoy lo tiene de nuevo en su tierra. Y agregó: “Ahora, son escasos los que me visitan o que me hablan por teléfono”.
Así, el reconocimiento y la incomprensión se alternan a ratos. A iniciativa del economista Eduardo Velásquez, en el XXIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), celebrado en noviembre de 2001 en la Antigua Guatemala, la Universidad de San Carlos y los congresistas le rindieron un homenaje que “Neto” agradeció infinitamente y guarda en su memoria como uno de los tesoros más apreciados. En ese entonces, se llegó a pensar que la Universidad podría darle alguna ayuda, lo cual no fue posible.
En el crepúsculo de sus días, “Neto” escucha en la radio las noticias, pero ya le cuesta leer, pese a que ha sido otra de las pasiones de su vida. Seguía atento a lo que pasa en el mundo y sigue soñando con la unidad de los sectores progresistas de Guatemala en torno a un programa que defienda la soberanía nacional y el bienestar de las mayorías. Quienes le queremos y apreciamos estamos seguros que la bondad y las convicciones de Ernesto Capuano del Vecchio estarán con él y que quienes le guardamos gratitud y recordamos con cariño desde Guatemala, desde México y desde los más diversos lugares del Continente, contribuimos a mantenerlo vivo en el recuerdo”. (Fin de lo publicado en La Hora)
Me uno a estas palabras de merecido homenaje de La Hora y de Carlos Cáceres R. a nuestro ilustre y querido compatriota Ernesto Capuano del Vecchio, “Neto” para sus muchos amigos, entre quienes tuve a honra contarme desde que en 1954 compartimos el exilio en México después de la intervención estadounidense que derrocó al gobierno revolucionario del coronel Jacobo Árbenz Guzmán.