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Mal servicio de Iberia

Sábado, Mayo 17th, 2008

Mi querido hijo Alejandro Palmieri Waelti, y su entrañable hermano, Rodrigo Carrillo Waelti, hijos de mi inolvidable amada esposa, Anabella Waelti Castejón (qepd), lo cual hace que les quiera a ambos por igual, decidieron viajar a Suiza, la tierra natal de su abuelo materno, Camilo Waelti Schutt (qepd), y para hacer los arreglos pertinentes acudieron a la agencia de viajes Tívoli, donde fueron bien atendidos por la eficiente ejecutiva María André Najarro. Optaron volar a Madrid el lunes 12 en el vuelo 6348 de la compañía Iberia, que hace una escala en Panamá, programado para salir de Guatemala a las 17:00 horas, por lo cual tuvieron que estar en la Terminal Aérea Internacional ?La Aurora? desde las 15:00 horas. Hicieron los trámites de rigor y chequearon su equipaje. Pero transcurrieron las horas y el avión de Iberia que venía de España no aterrizaba, y los empleados de la compañía decían que el retraso se debía a que ?el cielo estaba cerrado?. Sin embargo, a pesar de que en verdad el cielo se veía muy oscuro, por efectos del tiempo y del intenso humo que todos los años produce la zafra de la caña de azúcar, sí pudieron aterrizar los vuelos de American Airlines y de Continental Airlines.
Así llegó la noche y, finalmente, les dijeron que el avión ya no vendría, supuestamente debido a que “el cielo estaba cerrado”, y había ido a aterrizar en San Salvador, y que más tarde comunicarían por teléfono a qué hora saldría el siguiente vuelo a Madrid. Después nos pudimos enterar de que la verdadera razón por la cual no bajó el avión de Iberia fue que tenía un desperfecto en el tren de aterrizaje y en vista de que la pista del aeropuerto de Guatemala es corta, los pilotos prefirieron ir a aterrizar a San Salvador.
Como a las 9 de la noche, les informaron por teléfono que el vuelo de Iberia iba a despegar las 8 horas del día siguiente y debían estar en el aeropuerto a las 6 de la mañana. Así lo hicieron Rodrigo y Alejandro, pero entonces les dijeron que primero tendrían que volar a San Salvador en un vuelo de Lacsa para abordar allá el avión de Iberia. Pero cuando llegaron al aeropuerto de San Salvador les dijeron que tenían que continuar en el avión de Lacsa hasta Panamá con una escala en San José de Costa Rica, y que en Panamá tendrían que abordar el avión de Iberia que supuestamente saldría en horas de la tarde. Sin embargo, en el aeropuerto de Panamá les dijeron que el vuelo no saldría por la tarde sino a las 11 de la noche y tenían que esperar seis horas.
Como podrán comprender, Rodrigo y Alejandro estaban demasiado cansados y sumamente disgustados, pero comprendieron que de nada les serviría volver a protestar porque de todas maneras los empleados de Iberia fueron descorteses cuando protestaron porque les contestaron que si tenían alguna queja la hicieran en la página web de esa compañía. Así que se armaron de paciencia franciscana hasta que, finalmente, casi a la media noche abordaron el vuelo a Madrid.
En el largo trayecto no les ofrecieron ninguna cortesía y el trato de las azafatas fue poco cortés. Es lamentable que el servicio de las azafatas de Iberia ya no sea igual que antes, porque entonces era bueno.
Naturalmente, con tantos cambios de horarios ya habían perdido sus conexiones para el vuelo de Madrid a Zúrich y la reservación en un hotel de allá. Pero lograron salir en otro vuelo de Iberia y les aseguraron que su equipaje ya se encontraba a bordo. Sin embargo, al llegar a Zúrich se llevaron la desagradable sorpresa de que ninguna de sus dos maletas había llegado, pero los empleados de Iberia les prometieron solemnemente que llegarían en el siguiente vuelo.
¡Imagínense lo que significaba estar tan cansados de haber hecho tantas escalas inesperadas y del largo tiempo de vuelo para cruzar el Atlántico y por el retraso haber perdido su conexión de vuelo y su reservación en el hotel de Zúrich y encima no tener la maleta con sus pertenencias! A pesar de que les prometieron que sus maletas llegarían en el siguiente vuelo, no fue así tampoco, porque en horas de la noche llegó primero la maleta de Rodrigo, pero no así la de Alejandro. ¡Aquello ya era demasiado! Conociendo el carácter de Alejandro me imagino que les habrá dicho un par de cosas que indudablemente se merecen. Pero su maleta no llegó sino hasta el día después.
Desde luego, después de todas estas vicisitudes no creo que ninguno de los dos tendrán muchas ganas que digamos de volver a viajar por Iberia. ¡Y no los culpo! Yo tampoco lo haría si estuviese en el lugar de ellos. En años pasados yo volé varias veces en Iberia a España, y desde allá de regreso a Guatemala, y siempre recibí buena atención de parte del personal en las terminales aéreas y a bordo del avión. Lamento que, evidentemente, ese servicio ha desmejorado. A saber a qué se debe, pero ya no es igual al de antes.
Después de tantos contratiempos, los dos hermanos ya se encuentran muy contentos en Suiza, donde primero estuvieron un día en la ciudad de Zúrich, después viajaron por tren a Interlaken, poblado cercano al bello Lago Lucerna y creo que hoy viajarán a Berna, la capital de la Confederación Helvética. Y mañana continuarán su lindo periplo por ese pequeño gran país.
Un poco de Historia de Suiza
En 1291, representantes de los tres cantones de Uri, Schwyz y Unterwalden firmaron la Carta de la Alianza, que los unió en la lucha contra los Habsburgos, quienes en aquel tiempo controlaban el trono alemán del Sacro Imperio Romano Germánico. En la batalla de Morgarten, en 1315, los suizos derrotaron al ejército de los Habsburgos asegurando así su cuasi-independencia como la Confederación Helvética.
En el Tratado de Westfalia, en 1648, los países europeos reconocieron la independencia de Suiza del Sacro Imperio Romano Germánico y su neutralidad. En 1798, los ejércitos de la revolución francesa conquistaron Suiza. El congreso de Viena de 1815 restableció la independencia suiza y las potencias europeas aceptaron reconocer permanentemente la neutralidad suiza.
Suiza adoptó una Constitución Federal en 1848, en la cual se eligió a Berna como capital, habiéndose rotado hasta entonces la sede de gobierno cada año y más tarde cada dos años para no menospreciar a ningún cantón de la confederación. Las otras dos ciudades candidatas eran Zúrich y Lucerna. La idea de la necesidad de un equilibrio entre los cantones en un sistema federado (argumento en contra de Zúrich como la ciudad más fuerte y capital industrial) y los resentimientos debidos a la guerra separatista del Sonderbund (Liga Separada o La Otra Alianza) de 1845, a la cual Lucerna pertenecía, llevaron a la elección final de Berna como sede del Gobierno.
La Constitución fue reformada profundamente en 1874 y se estableció la responsabilidad federal para los asuntos legales, de defensa y comercio. Desde entonces es contínua la mejoría política, económica y social que ha caracterizado a Suiza.
Los suizos son reconocidos por su histórica neutralidad política, que comenzó en 1515 tras la derrota contra Francia en la Batalla de Marignano por la dominación del Milanesado, y por no haber participado militarmente en ninguna de las guerras mundiales.
En el año 2002 Suiza se convirtió en miembro pleno de las Naciones Unidas. Una de las políticas más importantes de este país con respecto al ejército es precisamente no tener ejército. Todos lo suizos en edad militar se ausentan de su trabajo sin perder prestaciones económicas para asistir a maniobras militares una vez al año durante un mes, con este sistema se contribuye a la defensa nacional de país por parte de todos los ciudadanos.
Esta decisión tal vez sea el efecto de ser un país que acumula casi todo el dinero del resto de los países del mundo, por lo que un ataque a este país supondría el desplome de la banca mundial.
Suiza tiene un sistema de gobierno particular que se diferencia de muchos vigentes hoy día, al que se le conoce comúnmente como democracia directa, aunque es más bien una democracia semidirecta y en la práctica sólo dos cantones actualmente preservan este sistema. Se han convocado referendos sobre las leyes más importantes desde la constitución de 1848.
Cualquier ciudadano puede oponerse a una ley que haya sido aprobada por el parlamento. Si es capaz de recoger en 100 días 50.000 firmas contra esa ley, se ha de convocar un referendo a nivel nacional en el que los votantes deciden por mayoría simple si aceptan o rechazan la ley. Además, cualquier ciudadano puede solicitar que se adopte una decisión sobre una enmienda que quiera hacer a la Constitución. Para que tal enmienda prospere, tiene que recoger en 18 meses 100.000 firmas. Dicha iniciativa popular puede ser formulada como una propuesta general o, más frecuentemente, como un nuevo texto cuyo contenido no pueda ser cambiado nunca por el parlamento y el gobierno. Después del conteo de votos, el Consejo Federal (Gobierno) puede crear una contrapropuesta a la propuesta de enmienda y realizar una votación en el mismo día. Dicha contrapropuesta suele ser un compromiso entre el sistema vigente y la nueva propuesta. Los votantes deberán decidir de nuevo en un referendo nacional si aceptan la iniciativa, la contrapropuesta o ambas. Si ambas son aceptadas, el votante tiene que firmar adicionalmente una preferencia. Las iniciativas tienen que ser aceptadas por una doble mayoría de los votos populares y una mayoría de los cantones.
Suiza ha sido influida por varias de las mayores culturas europeas, desde sus prácticas culturales hasta en los idiomas. De acuerdo al artículo 4 de la Constitución, hay cuatro idiomas nacionales: alemán en el Norte y Centro del país que habla un 63,7%; francés al Oeste que habla un 20,4%; italiano al Sur, que habla un 6,5%; y una pequeña minoría de 1% habla romanche en el cantón de los Grisones. El retorromano es también una lengua oficial en las relaciones que la Confederación mantenga con personas de esta lengua”. Además, cada cantón determina cuál es su lengua oficial, aunque siempre bajo el mandato constitucional de preservar la armonía entre las comunidades lingüísticas y proteger a las minorías idiomáticas.
El alemán hablado es predominantemente el dialectos suizo, conocido como suizo alemán (Schwyzerdütsch) dividido en varios subdialectos que forman dos conjuntos: los dialectos alamánicos al Oeste y los suavos al Este, pero en los medios de comunicación se usa el alto alemán (Hochdeutsch o Schriftdeutsch), es decir, el alemán normativo; en cuanto al francés, éste se ha extendido en la edad contemporánea sobre el substrato de dialectos arpitanos. Muchos suizos hablan más de un idioma; el 20,6% de la población está formada por residentes y trabajadores temporales extranjeros, muchos de ellos italianos, ex yugoslavos y turcos.
La religión más practicada en Suiza es el catolicismo romano, a la cual pertenece el 53,8% de la población; el 30,3% son protestantes y debido a la inmigración hay una minoría musulmana del 2,3%; el catolicismo ortodoxo figura con un 1% y un 7,1% dice no tener religión. La estabilidad y prosperidad de Suiza, combinada con su diversidad de población, ha llevado a que algunos describan al país como un estado consociacional.
Los suizos son reconocidos por sus bancos, chocolates, quesos, medicamentos, relojes y navajas.
El 1 de agosto se celebra la Fiesta Nacional de Suiza.
El lema del país es en latín: Unus pro omnibus, omnes pro uno, que en español significa: ?Uno para todos, todos para uno?.
Dios quiera que Rodrigo y Alejandro ya no tengan más contratiempos en este periplo por todo el territorio de Suiza y que lo terminen muy bien hasta que retornen a Guatemala sin ninguna otra dificultad, para felicidad de sus seres queridos a quienes nos hacen mucha falta.