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En el fin del mundo (y 2)

Sábado, diciembre 27th, 2008


Vista nocturna del puerto de Ushuaia desde el canal.


Fachada nocturna en invierno del hotel Los Yámanas en el que nos hospedamos.
Para no saludar con sombrero ajeno, les aclaro que esta foto no fue tomada por nosotros, sino por el fotógrafo profesional Eduardo Pocai, y fue publicada en el folleto USHUAIA Patagonia Argentina editado por Adriana Serra por una idea de Jorge Rossi. Es por eso que hay nieve en el suelo y cuando estuvimos allá no había nevado porque ya estaba próximo el verano.


Foto que nosotros tomamos de una de las dos alas del hotel Los Yámanas.

La otra ala del hotel. Estas dos fotografías de la fachada del hotel Los Yámanas sí fueron tomadas por nosotros mismos y, como podrán ver, ya no había nieve como en la del profesional de Pocai.

En la entrada del hotel Los Yámanas hay esta alegoría de la forma como vivían los aborígenes en rudimentarias chozas hechas con ramas y hojas. Pero para protegerse del intenso frío patagónico se cubrían el cuerpo con una gruesa capa de grasa animal.


Así estaba la playa frente al hotel el día que llegamos a Ushuaia.


Sin embargo, el último día que estuvimos allá la marea en el canal en la playa frente al hotel estaba demasiado baja y cubierta de piedras. Al fondo puede verse la continuación de la Cordillera de los Andes en la Isla Navarino de Chile.


Miles de turistas visitan Ushuaia cada año en trasatlánticos.


Edificios de departamentos para los trabajadores.
Después de muchos intentos fallidos para colonizar este territorio, incluyendo el proyecto de convertir a Ushuaia en un Centro Penal y hacer que los presos dedicaran su tiempo a talar árboles para proveer de leña a la ciudad y los alrededores, el asentamiento creció desordenadamente, y por eso es que hay zonas residenciales con mansiones bien construídas, pero también hay desordenadas zonas de viviendas para trabajadores como la que vemos arriba. Cuando se visita Ushuaia es aconsejable tomar un tour en autobuses turísticos de dos pisos para ver las casas del centro de la ciudad. Por los alrededores también hay residencias elegantes y algunas sumamente costosas.


Tenebrosa antigua cárcel de Ushuaia que hoy es un Museo.
Este es el corredor con celdas a ambos lados tanto en la planta baja como en la plata alta, con pesadas puertas que tienen solamente una pequeña mirilla enrejada. En las paredes se exhiben viejas fotos en blanco y negro de quienes las ocuparon largos años con su característico uniforme arayas. Cualquier visitante siente un escalofrío en memoria de quienes pasaron largo tiempo en ellas. Las celdas son muy pequeñas, pero lo suficiente para una camita, una mesita y un servicio sanitario. Ahora todas las puertas se mantienen abiertas porque la cárcel ha sido transformada en un Museo. En esta cárcel estuvieron tanto los criminales más temibles como unos presos políticos porque sentenciarlos a la prisión de Ushuaia era como un exilio. Algunos que merecían más respeto no estaban obligados a vivir en la prisión, sino les daban la ciudad como cárcel domicialiaria, confiados en que no había ninguna forma de escapar, como no fuese por mar.


Alejandro y yo almorzando en el restaurante “Tía Elvira”, frente al puerto.
Éste es, indudablemente, el mejor restaurante de la ciudad. Mi hijo Fuimos a comer una merluza negra y las famosas centollas patagónicas de la Antártida que, en mi opinión, han sido sobre valuadas porque los cangrejos del Ártico tienen más carne y son mucho más sabrosos. Pero las centollas son el plato estelar de la gastronomía de esta región. El vino que bebimos fue un estupendo Luigi Bosca Pinot Noir argentino.


Trencito que se usaba para conducir a los presos a los bosques para talar árboles y hacer leña y hoy se emplea para los turistas.
Este trencito con locomotora a vapor y línea estrecha, que antes servía para llevar a los presos a talar árboles para proveer de leña a la ciudad y sus alrededores, ahora sirve para llevar a los turistas que deseen admirar las bellezas que hay en el Parque Nacional de Tierra del Fuego, para ver la gran variedad de “árboles bandera” doblados por los fuertes vientos que son un bello espectáculo multicolor; flores como las llamadas “Topa-Topa” amarillas con forma de zapatito, las “palomitas” de color blanco que son una de las cuatro especies de orquídeas, las fucsias, senecios, y la mata negra con sus margaritas, lupinos y rosales; y gran variedad de aves, entre ellas los pájaros carpinteros gigantes de pumaje negro y cabeza roja; y las asombrosas construcciones de los ingeniosos nidos de castores en el Río Pipo.


En el Parque Nacional Tierra del Fuego en la Bahía la Pataia, donde finaliza la Ruta Nacional No. 3 que cruza toda la República Argentina, a una distancia de 3,079 kilómetros de Buenos Aires, más que ida y vuelta a la ciudad de México.

El mapa de la región de Ushuaia que hay en la Casa de Te del Parque Nacional.

Locomotora a vapor del trencito que se usaba para los presos y hoy para turistas.


Los “árboles banderas” doblados por los fuertes vientos patagónicos que soplan.

Vagón del trencito en el que paseamos por el Parque Nacional.
Atrás se puede ver el espléndido bosque que todavía existe a pesar de las constantes depredaciones de los presos durante tantos años. Por todos lados pueden verse millones de árboles que fueron cortados hace muchos años y otros que se han podrido con el viento frío y la nieve.


La pequeña locomotora a vapor sobre vía férrea angosta.


A bordo de uno de los catamaranes con bandera argentina al servicio del turismo internacional que nos llevó a avistar focas, lobos marinos y pingüinos; pájaros cauquenes, bandurrias y muchas otras diferentes especies de la rica fauna patagónica.


Focas y lobos marinos junto a muchas especies de pájaros patagónicos.


Multitud de focas y lobos marinos se asolean en este islote.


¡La hedentina del güano de focas y lobos marinos es insoportable!

En otro islote vimos miles de una especie de pingüinos que sí son pájaros y vuelan, a diferencia de los pingüinos magallánicos que son aves y no vuelan.


El faro Les Eclaireurs sobre un islote en el Canal Beagle.
Modernos y cómodos catamarans llevan a los turistas al supuesto “faro del fin del mundo” que es una imitación del original que está en el peligroso Cabo de Hornos, muchas millas más adelante, donde se enfrentan los océanos Atlántico y Pacífico.


Alejandro y su viejo papá octogenario ante el faro Les Eclaireurs.
Con este faro se engaña el turismo mundial al hacerle creer que se trata del mismo “faro del fin del mundo”, del cual escribió Julio Verne una novela homónima, porque en realidad no es éste. El faro del que escribió Verne estaba al final del temido Cabo de Hornos, donde se enfrentan los océanos Pacífico y Atántico en un lugar que sí puede llamarse “fin del mundo” porque es muy peligroson y la parte más austral del continente y quienes se encuentran allí sienten que se van a caer al vacío porque termina la redondez del planeta.
Con esto nos despedimos de Ushuaia, ciudad llamada “El fin del Mundo”, porque al día siguiente emprendimos el vuejo para Puerto Madryn con los objetivos de ir a la Península de Valdés para avistar ballenas francas australes con sus crías y a los pingüinos magallánicos en su habitat en Punta Tombo, a donde llegan todos los años para aparearse y procrear antes de regresar a nado a las aguas de las costas de Brasil. Especifico que regresan “a nado” porque no son pájaros, sino aves que no vuelan. Pero como nadan tan velozmente podría decirse que “vuelan” bajo de agua.

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