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Requiem por una querida amiga

Sábado, febrero 28th, 2009

La distinguida y estimada señora
Ana María Mahr Kanter de Palomo
falleció el 20 de febrero en la ciudad de
Washington, D. C., donde fue cremada.
Se invita a una misa el próximo lunes a las 5 de la tarde en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, situada en la 19 calle y 15 avenida de la zona 10.

La Cofradía de los Viernes expresa por mi medio su profunda condolencia a su viudo, nuestro estimado cofrade Lic. Eduardo (Güayo) Palomo Escobar, y a sus hijos Annabella Palomo Mahr y Carlos (Charlie) Meléndez Amado; Gerardo Enrique (Pololo) Palomo Mahr y Anabella Pivaral Castro de Palomo; Eduardo Alberto (Chichí) Palomo Mahr y Margarita Vila (La Chiqui) de Palomo; María del Rosario Palomo Mahr y Rolando Roech Gálvez; y Sandra Palomo Mahr y Allen F. Johnson. A sus hermanas y hermanos: Bertha Mahr Kanter de Rodríguez y Ernesto Rodríguez Batres; Elizabeth Mahr Kanter de Carrasco; Enrique Mahr Kanter y Elsa Castañón de Mahr; María Teresa Mahr Kanter de Pineda; María Luisa Mahr Kanter de Sánchez; Beatriz Mahr Kanter de Martínez y Rogelio Martínez; Roberto Palomo Escobar y Guadalupe Rosales de Escobar; y Martha Palomo Escobar v. de Caballeros. Así como también a sus nietos, sobrinos y numerosas amistades.
Que descanse en la paz de Dios nuestra muy querida amiga Ana María Mar Kanter de Palomo, a quien siempre vamos a recordar con cariño y simpatía y durante el resto de nuestras vidas la echaremos mucho de menos.
Ana María Mahr Kanter de Palomo
Nació en Tumbalá, municipio de Tila, Distrito de Palenque (México), fue en su juventud una mujer muy bella y sumamente simpática que merecía mucha admiración y elogios. Su padre fue un alemán que vino a Guatemala a trabajar a una finca de café y conoció a una guatemalteca nacida en Huehuetenango, hija de alemanes, con quien se casó y juntos se fueron a buscar tierras para cultivar café en las espesas selvas de Chiapas que el misterioso escritor Bruno Traven describió en sus novelas. A pesar de que es tan duro y difícil luchar contra la tupida selva y los elementos de la Naturaleza, los esposos Kanter-Mahr lograron establecer una finca de café que llamaron “Cuncumpá”, cercana al poblado denominado Yajalón, vecino a Villahermosa, por donde tiene sus dominios el enigmático subcomandante Marcos, cuyos seguidores asesinaron cobardemente a uno de los hermanos de Ana María porque trató de defender su propiedad.
La señora Kanter enviudó y sobrevivió durante muchos años a su esposo y quedó a cargo de la finca y al cuidado de la educación de sus numerosos hijos, pero también tenía vocación de escritora y publicó dos libros, en uno de los cuales relata la fascinante historia de “Cuncumpá”. Ella falleció hace corto tiempo, a muy avanzada edad.
Siendo todavía muy joven, Ana María vino de visita a Guatemala, en 1956, y por ser tan bonita y simpática y tocaba guitarra y cantaba, impresionó mucho a la mamá del joven estudiante de leyes de la Universidad de San Carlos, Eduardo (Guayo) Palomo Escobar, quien por esos días estaba haciendo un largo viaje por el sudeste de Asia como delegado de la AEU, y su mamá le envió una foto de Ana María diciéndole “Lástima que no estás aquí porque creo que te gustaría mucho conocer a esta esta linda muchacha mexicana”, y Güayo regresó de su periplo por Asia justamente el día que le ofrecían una despedida a Ana María porque iba a regresar a México al día siguiente. En esa despedida se conocieron y se gustaron, y dos o tres semanas después del breve encuentro, Güayo voló a México para visitarla y se enamoraron a tal grado que en pocos días decidieron unir sus destinos por el resto de sus vidas. Y poco más tarde se casaron en una casa en el “Popo Park”, en las faldas del volcán Popocatépetl.
En el transcurso de los años integraron una familia muy unida compuesta por sus hija Annabella, sus hijos Gerardo Enrique (Pololo) y Eduardo Alberto (Chichí), y sus hijas María del Rosario y Sandra, quienes a su vez se casaron y formaron otras familias con sus propios hijos. Annabella está casada con “Charlie” Meléndez Amado, Pololo está casado con Anabella Pivaral Castro, “Chichí” está casado con Margarita (La Chiqui) Vila, María del Rosario está casada con Rolando Roesch Gálvez, y Sandra está casada con el estadounidense Allen F. Johnson.
Entre las muchas virtudes que tenía Ana María –las cuales sería demasiado largo tratar de enumerar– era una excelente cocinera. Sabía preparar muy bien tanto los platillos de la extensa cocina mexicana, en general, y la chiapaneca, en particular, como los de la cocina guatemalteca; y desde hace muchos años los esposos Palomo-Mahr han invitado a su casa a un numeroso grupo de parientes y amigos los días 1 de noviembre de cada año para compartir una deliciosa versión de nuestro tradicional fiambre preparado por Ana María. En esa hermosa casa señorial nos hemos reunido sus más cercanos amigos y hemos compartido ese fiambre con muchas distinguidas personalidades de los altos círculos oficiales y diplomáticos. A esos almuerzos han asistido muchos de los embajadores acreditados ante los sucesivos gobiernos de nuestro país. Y estoy seguro de que ahora, debido a la lamentable ausencia definitiva de Ana María, vamos a extrañar mucho esas gratas reuniones y su sabroso fiambre.
Fue una persona que se dio a querer mucho durante el largo tiempo que tuvimos el privilegio de gozar de su amistad y compañía, así como de sus constantes manifestaciones de bondad y generosa amistad, por lo cual nos va a hacer mucha falta. En lo personal, le tenía muchísimo cariño y lamento que haya fallecido sin que yo haya tenido la oportunidad de decirle adiós y manifestarle mi profundo respeto y sincero afecto. ¡Que en la paz de Dios descanse!
Por este medio, expreso mi más sincera y sentida condolencia a su numerosa familia, en especial a su viudo, mi querido amigo Güayo, a sus hijas e hijos con sus respectivos cónyuges, a sus hermanas y hermanos, a sus nietos y al resto de su familia.


Foto tomada en mi casa en ocasión de un almuerzo al que les invité.
En esta fotos estamos Güayo Palomo, su amada esposa Ana María, su yerno Charlie Meléndez junto a su guapa esposa Annabella, el autor de estas líneas y Neto Villa.
Como nota curiosa, Neto Villa y yo somos viudos desde varios años y cultivamos una entrañable amistad con Güayo. Nos reunimos casi todos los días para beber uno o dos tragos. Y ahora también Güayo es viudo. En adelante nos podrán llamar “Los tres viudos”. ¡Así es la vida! ¡No hay nada qué hacer! La vida y la muerte son partes ineludibles e inseparables de la vida.