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Comunistas, izquierdistas y anticomunistas (3)

Martes, Marzo 17th, 2009

Tan maniqueístas los unos como los otros
Al coronel (retirado) Mario Mérida, ex funcionario del servicio de Inteligencia Militar (G-2) y actual columnista de elPeriódico, le ha causado un gran problema, aunque absurdo y fuera de toda proporción, el hecho que en una de sus columnas recientes puso en entredicho la imparcialidad y ecuanimidad del ya difunto licenciado Édgar Alfredo Balsells Tojo en su participación en la elaboración de los 12 tomos de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), a pesar de que para opinar de esa manera basó su criterio en fuentes abiertas de información. Y para ilustrar las razones que le asisten para tener esa duda recuerda que en una entrevista que el diario Siglo Veintiuno le hizo al licenciado Balsells, la cual fue publicada en la página 16 de la edición del 7 de marzo de 1999, le preguntaron al susodicho abogado si en 1963 le habían metido a la cárcel durante el régimen militar de facto del coronel Enrique Peralta Azurdia, y que el licenciado Balsells respondió: ?¡Así es!?
En mi opinión, carece totalmente de importancia y relevancia la ideología política que haya tenido el licenciado Balsells Tojo, pero no creo que exista ni siquiera una sóla persona que le haya conocido que niegue que toda su vida fue izquierdista y siempre tuvo una franca antipatía por los militares; y el hecho de haber sido encarcelado por un gobierno militar podría ser suficiente motivo para que guardase resentimientos contra ellos y alguien que sepa de inteligencia militar pueda poner en duda su imparcialidad y ecuanimidad al redactar su versión de lo ocurrido durante la confrontación armada y que es sezgada o parcializada su versión de los hechos que conformaron los 12 tomos del supuesto “esclarecimiento histórico”. Pero continuemos:
Después dice el coronel Mérida: ?Una referencia esclarecedora acerca de la dudosa imparcialidad de Balsells quedó asentada en las memorias del Dr. Eduardo Meyer Maldonado, quien en su libro Memoria de un rector universitario en época de violencia indiscriminada (Editorial Llerena, S.A.), se refiere a la actuación del Lic. Balsells Tojo como abogado de la USAC en la demanda que se presentó contra el Ejército a raíz de que, en septiembre de 1985, elementos del Ejército invadieron el campus de la universidad durante el gobierno militar también de facto del general Óscar Humberto Mejía Víctores, sobre lo cual el Dr. Meyer escribió: ?El 18 de septiembre de 1985, me presenté al Ministerio Público, auxiliado por el licenciado Alfredo Balsells Tojo, para demandar formalmente al gobierno de la República, por los destrozos que este último hizo en la universidad. Los daños pasaban del millón de quetzales.?
Agrega Mérida que las autoridades académicas y administrativas de la USAC aún no asumen la responsabilidad histórica que les corresponde por el dolor causado a los padres de tantos universitarios enviados a la muerte y el control que los comunistas tuvieron de la universidad, de acuerdo a lo que se publicó el 11 de diciembre 2004 en la página 14 del diario Siglo Veintiuno acerca del papel que desempeñaron algunos de los rectores, como Saúl David Osorio, quien para llegar a ocupar ese cargo fue apoyado por el Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista) y su brazo armado, el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP). Y para ilustrar más el caso, informa que el comportamiento de los miembros del EGP en la USAC fue criticada por el conocido escritor y poeta Marco Antonio Flores, ampliamente identificado como militante izquierdista, cuando dijo: ?La gente del EGP, con una formación neofascista, actuaba como los camisas negras hitlerianas?.
Sobre este particular, el ex Rector de la USAC Dr. Eduardo Meyer describió que un día le dijo su secretaría que dos personas deseaban hablarle y cuando él les recibió y les saludó cordialmente, ellos le dijeron “sumamente serios” que le llevaban los nombres de las personas que deberían ocupar los cargos de Secretario Financiero y Extensión Universitaria, a lo que él respondió que les agradecía pero no era posible porque esos cargos ya estaban ocupados por otras personas, y entonces le dijeron: ?¡destitúyalos!?. Ante lo cual él les preguntó: ?Pero díganme a quien representan ustedes?, y le contestaron: ?Somos el sector intelectual del PGT? .
Sobre el caso específico del licenciado Balsells Tojo, dice Mérida: ?quienes hemos leído y vamos al día con la historia de nuestro país sabemos que él fue una persona perseguida por su ideología de izquierda (no revolucionaria), y así lo aceptó públicamente durante el programa Libre Encuentro (del licenciado Dionisio Gutiérrez) transmitido a inicios del 2003?. En realidad, repito que me parece totalmente irrelevante discutir si el licenciado Balsells fue militante del partido PGT (comunista) o solamente estuvo unido a éste por razones ideológicas, o si nunca fue ninguna de las dos cosas. Pero me inclino a creer que no lo fue y, según me ha informado mi viejo amigo Ricardo Rosales Román (alias Carlos González), quien durante un largo tiempo fue secretario general del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista), dicho abogado jamás estuvo afiliado a esa organización política.
Por otra parte, aunque siempre creí que Balsells fue un hombre correcto y honorable, en lo personal nunca fuimos amigos y, por el contrario, nos tuvimos mútua antipatía desde que nos conocimos cuando ambos éramos muy jóvenes y vivíamos alrededor del parque que antes se llamaba Morazán y hoy se llama Jocotenango, y tuvimos varios amigos en común de tendencia izquierdista o social-demócrata como los que menciona el colega Óscar Clemente Marroquín Godoy, director de La Hora en el artículo en el cual califica de ?infamia? que el coronel Mérida haya opinado que fue parcializada la participación de Balsells en la elaboración del CEH. Como si por la estimación personal que él le pueda tener al hoy difunto abogado y notario éste se convirtiese en una persona intocable de cuya imparcialidad no se puede dudar.
No obstante, aunque corra el riesgo de que, igual que a Mérida, se califique mi opinión de “infamia” o “ataque”, me adhiero al criterio que su participación en la elaboración del CEH no fue imparcial y ecuánime -como era originalmente el propósito al crear la CEH-, porque tenía una fuerte predisposición de antipatía por el Ejército y, por el contrario, de simpatía por la subversión guerrillera, lo cual es natural que haya podido influír a la hora de hacer el recuento histórico de los hechos. Además, creo que tampoco fueron imparciales y ecuánimes los otros dos miembros de la comisión, la doctora Otilia Lux de Cotí y el jurista alemán Christian Tomuschat, porque ambos tenían previa antipatía por los militares y simpatía por los guerrilleros subversivos. Y así no pudo haber sido posible esperar un informe que realmente fuese imparcial y ecuánime.
Es bien sabido que el licenciado Balsells fue un revolucionario izquierdista (no recuerdo si en algún tiempo fue miembro del Partido Revolucionario, pero creo que sí) y siempre expresaba abiertamente su antagonismo contra los militares desde el tiempo que, durante el gobierno ?liberacionista? del coronel Carlos Castillo Armas, era co-director del memorable periódico semanal El Estudiante junto con mi estimado viejo amigo el doctor Jorge Mario García Laguardia, el primer ombudsman que hubo en Latinoamérica y otro convencido revolucionario de izquierda, y ambos combatían valientemente al espurio gobierno anticomunista de la llamada ?liberación nacional? que presidía el coronel Carlos Castillo Armas, quien llegó a la presidencia de la República como consecuencia de la intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos de América (EUA) y las maniobras personales del embajador estadounidense en Guatemala John Peurifoy, con lo cual se derrocó al gobierno legalmente constituido del coronel Jacobo Árbenz Guzmán, y fue la causa de que se abriese una profunda grieta en Guatemala entre comunistas y anticomunistas. Y cuando ocurrió esa intervención, estaba comenzando la Guerra Fría entre las potencias hegemónicas de EUA y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el Pentágono de Washington impuso a los ejércitos de estos países aplicar la estrategia de Seguridad Pública anticomunista contra el peligro comunista que se creía estaba en expansión.
Además de haber estado en la cárcel durante el gobierno militar de facto que encabezaba el coronel Peralta Azurdia, como lo relata el coronel Mérida, en 1985 Balsells fue el abogado del Dr. Eduardo Meyer Maldonado, entonces Rector de la la Universidad de San Carlos (USAC), cuando el campus universitario fue invadido por tropas del Ejército durante el gobierno militar de facto encabezado por el general Óscar Humberto Mejía Víctores. Creo que ésta podría ser otra razón más para alimentar la animadversión del licenciado Balsells por los militares.
Me parece comprensible y probablemente hasta encomiable que los hijos del finado abogado hayan suscrito un emotivo artículo en defensa de la memoria de su padre y en contra de lo expresado por el coronel Mario Mérida, pero creo que están exagerando los estimables periodistas Óscar Clemente Marroquín Godoy y Gustavo Berganza al calificar de ?infamia? y de ?ataque? (respectivamente) lo que dijo Mérida. Se debe recordar que en una democracia no se vale descalificar arbitrariamente a quienes opinan de una manera u otra sólo porque no nos gusta la opinión, si es que no se quiere caer en lo mismo que hicieron los anticomunistas ?liberacionistas? con su tristemente famosa ?Ley de Defensa de las Organizaciones Democráticas?, sin olvidar que su primer partido político, el Movimiento Democrático Nacionalista (MDN), se definía como ?El partido de la Violencia Organizada?, y el gobierno anticomunista de la ?liberación? persiguió, encarceló, torturó, desapareció, exilió o asesinó a muchos compatriotas que fueron injustamente acusados de ser comunistas o pro comunistas por el hecho de haber trabajado en alguno de los gobiernos revolucionarios libremente electos del doctor Juan José Arévalo Bermejo o del coronel Jacobo Arbenz Guzmán, o por ser identificados como de izquierda por estar afiliados a alguno de los partidos denominados “revolucionarios”.
Y debe quedar claro que el tener ideas de izquierda o simpatías por los izquierdistas no necesariamente equivale a ser comunista. Así como tampoco el que una persona tenga ideas de derecha o simpatías por los derechistas significa que tiene que ser un furibundo anticomunista ni, mucho menos, que sea un ?reaccionario? o ?troglodita?, como han dicho algunos trasnochados que condenan a quienes no son tolerantes de las ideas ajenas pero dicen “o están conmigo o están en mi contra”, porque ellos mismos son tan maniqueístas como aquellos a quienes condenan por su intolerancia.
En una democracia se respeta a todas las ideologías políticas y a la libertad de expresión. Siempre he creído que es muy negativo ser ?anti? cualquier cosa. Sin embargo, cuando los comunistas se colocan en una posición maniqueísta, intolerante, fundamentalista, y caen en descalificar y vituperar contra quienes no comparten sus ideas, ni tienen simpatías por algunos comunistas sanguinarios asesinos como el carnicero soviético José Stalin, o el chino Mao Tse-tung, o el dictador cubano Fidel Castro, ni comparten el histriónico populismo del venezolano Hugo Chávez, lo único que logran con ello es que éstos se conviertan también en descalificadores, fundamentalistas y maniqueístas. Y así es como comienzan los enfrentamientos y las guerras sucias.
Tampoco hay que olvidar que la intervención estadounidense del ?movimiento de liberación nacional? fue a través de la CIA como consecuencia de que en el transcurso de los dos gobiernos revolucionarios que sucedieron al levantamiento militar del 19 y 20 de octubre de 1944, algunos comunistas estaban comenzando a adquirir mucha influencia y también empezaban a ser excluyentes e intolerantes, en especial durante el tiempo que gobernó el coronel Árbenz, debido a que los comunistas eran mejor preparados, los más trabajadores y los más honrados, y se dedicaban a procurar un cambio positivo para el progreso y la grandeza del país y mejorar las condiciones de las clases desposeídas, mientras que la mayoría de los funcionarios que eran miembros de los partidos ?revolucionarios? se dedicaban a ver cómo se enriquecían pronto y con impunidad.
El coronel Árbenz fue derrocado en 1954 por la intervención de la CIA apoyada servilmente por los dictadores de Honduras, Nicaragua y El Salvador y el llamado ?ejército de liberación nacional? cuyo ?caudillo? era el coronel Carlos Castillo Armas, encabezando a un grupo de valientes anticomunistas guatemaltecos y a muchos mercenarios nicaragüenses, así como también por las manipulaciones y maniobras del embajador de los Estados Unidos de América, John D. Peurifoy, hasta que el 8 de julio de 1954 fue impuesto en la presidencia de la República y los anticomunistas dejaron establecido en la Constitución Política del año 1956 que era prohibido el partido comunista y prohibidas las ideas comunistas, siguiendo las consignas de la estrategia de Seguridad Pública del Pentágono durante la Guerra Fría. Lo cual hizo que muchos que tenían ideas izquierdistas recurrieran a la clandestinidad o se fuesen a las montañas para unirse a cualquiera de los grupos de guerrilleros.
Pero en julio de 1957 el presidente Castillo Armas fue asesinado en Casa Presidencial y siguieron varios gobiernos muy breves hasta que fue popularmente electo el general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes, quien había prometido en su campaña electoral que iba a gobernar al país ?con mano de acero inoxidable?, pero no lo hizo hasta el día que fue derrocado por sus conmilitones subalternos.
Contrario a lo que han dicho algunos despistados, el levantamiento de unos militares el 13 de noviembre de 1960 no tenía la intención de derrocar al presidente de la República legalmente electo, general e ingeniero Miguel Ydígoras Fuentes ni, tampoco, de iniciar la subversión guerrillera que se produjo poco tiempo más tarde, en la fracasada operación guerrillera en Concuá, Baja Verapaz, al mando del coronel e ingeniero Carlos Paz Tejada y después llegó a tener más de tres décadas de duración. Más adelante explicaré cuáles fueron las condiciones que los insurgentes le plantearon al general Ydígoras Fuentes para deponer las armas. Pero, aunque el gobernante pudo salir airoso de esa insurrección, fue finalmente derrocado el 30 de marzo de 1963 por una subversión militar institucionalizada que puso en el poder al coronel Enrique Peralta Azurdia, quien era nada menos que el ministro de la Defensa del mismo gobierno que fue derrocado. (Continuará)