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Vivencias en México 5

Jueves, junio 25th, 2009

El Palacio Nacional de los Estados Unidos Mexicanos

El Palacio Nacional de la Federación es un edificio emblemático de la Ciudad de México donde radica la sede del Poder Ejecutivo Federal. Está construido en la Plaza de la Constitución también conocida popularmente como El Zócalo, en el denominado Centro Histórico de la Ciudad de México, en la Delegación Cuauhtémoc, Distrito Federal, en un terreno de 40,000 metros cuadrados. Es muy interesante visitarlo y admirar los murales del gran pintor mexicano Diego Rivera.
A principios del siglo XVI, el emperador azteca Moctezuma ordenó la edificación de su Palacio en el terreno que tiempo después ocuparía el Palacio Virreinal y después fue el Palacio Imperial, primero durante el año que fue emperador el general Agustín de Iturbide, después cuando fue emperador el príncipe austriaco Maximiliano de Habsburgo y hoy es Palacio Nacional. La construcción era tan fastuosa que propios y extraños no pudieron más que rendirle tributo y admiración. Tal grandeza no pasó inadvertida para Hernán Cortés, quien se apropió de ella, junto con el Palacio de Axayacatl, el padre de Moctezuma, donde estuvo hospedado de 1519 a 1520. Sin embargo, durante la conquista de México, ambos palacios fueron devastados.
Desde tiempos inmemoriales fue el espacio donde los gobernantes ejercieron su autoridad, el centro de gravedad de la política, el sitio donde el poder se materializaba. Su transformación con el paso de los siglos fue también fiel reflejo de las transformaciones de la sociedad mexicana. La historia del actual Palacio Nacional es centenaria y, sin embargo, las modificaciones arquitectónicas jamás violentaron su naturaleza: siempre fue origen y destino del poder.
Los inicios de la construcción del Palacio Nacional, es tan vieja como la misma Ciudad de México, en un principio se proyecta construir un edificio que sería el Palacio Nacional y simultáneamente también en Lima (Perú) se proyectaba construir un edificio para la cárcel Peruana. Para su aprobación, se envían a España los planos Peruanos y los de México, para la aprobación del Rey.
Ambos planos fueron aceptados y regresados a América para realizar dichas construcciones, sólo que por una equivocación se quedaron en México los planos de la cárcel de Perú y se fueron a Perú los del Palacio Nacional de México, lo cual tuvo como consecuencia que en ese entonces, la cárcel peruana fuese un verdadero palacio y el Palacio Nacional mexicano tuviese el aspecto de una cárcel.


Otro aspecto del Palacio Nacional al atardecer.

Entre los años 1929 y 1951, el muralista mexicano Diego Rivera realizó varios murales en la segunda planta del patio central, y el espacio de la escalera principal al segundo piso.


Murales de Diego Rivera de la Historia de México en el Palacio Nacional.


El arribo de Hernán Cortés, a quien Rivera pintó como jorobado y sifilítico.


La ciudad de Tenochtitlán.


La leyenda de Quetzalcoatl.


La lucha de clases, con el retrato de Karl Marx y episodios políticos mexicanos


Varios episodios de la historia política de México.


Mural de Diego Rivera sobre la Conquista en la escalera al segundo piso.


Otro mural de Diego Rivera sobre el trueque en los mercados.


Otro de los murales del pintor Diego Rivera.


Uno de los patios del Palacio.


Fuente de Pegaso en el segundo patio.
La fuente del primer patio tiene una antigüedad de más de 300 años. En su parte superior está una representación de Pegaso. Cuando Perseo mata a la Medusa de ella sale Pegaso que representa tres virtudes: el valor, la prudencia y la inteligencia. Perseo al decidirse a enfrentar a la Medusa fue valiente, al decidir no mirarla de frente fue prudente y al hacerlo a través del reflejo en su escudo fue inteligente. Se considera que estas tres virtudes deben formar parte del carácter de quien ocupe este palacio para gobernar al país.


Otra fuente en otro de los patios del Palacio Nacional.

Entre 1521 y 1524, por órdenes de Cortés, se reconstruye la ciudad de México bajo una nueva traza de corte europeo. Entre las nuevas construcciones destaca una Casa que mandó construir en donde estaba el Palacio de Axayacatl, en donde hoy en día se ubica el Nacional Monte de Piedad, desde el cual estableció su gobierno y más tarde lo haría la Real Audiencia y el primer virrey Antonio de Mendoza. Por lo anterior, para su uso personal, mandó en 1524 hacer una nueva construcción en los terrenos del palacio de Moctezuma, la cual se conocería como las Casas Nuevas. Las propiedades de Cortés fueron ratificadas por cédula real en 1529.
En los años inmediatos a la conquista, la Plaza Mayor de la Ciudad de México mostraba en su lado oriental la nueva gran propiedad de Hernán Cortés; hacia el sur, las construcciones que albergaban las casas del Cabildo, la cárcel del ayuntamiento y la carnicería; hacia el poniente se levantaban las Casas Viejas de Cortés, rentadas para albergar a la Real Audiencia y al virrey. En el lado norte se encontraba un modesto nuevo templo religioso y las ruinas del Templo Mayor mexica que con el tiempo dejarían su lugar a la grandiosa catedral.
El gobierno del virreinato necesitaba una sede propia para albergar el gobierno de la Nueva España. Con el fin de dejar de pagarle renta a Cortés y a sus herederos, y tras 41 años de litigios sobre rentas y prerrogativas de los Cortés. Finalmente, el 19 de enero de 1562, el segundo virrey, don Luis de Velasco padre, y Martín Cortés, hijo del conquistador, acuerdan la venta de las Casas Nuevas en 264 mil reales (equivalentes a 33 mil pesos), así como la devolución a la familia de las Casas Viejas. Ocho meses después, la otrora casa de Cortés se convirtió en la nueva sede del poder virreinal.
Los terrenos de las Casas Nuevas colindaban al norte con la actual calle de Moneda, al oriente con la de Corre Mayor, al poniente con la Plaza Mayor y al sur con Venustiano Carranza. Eran cortados transversalmente por la acequia Real, que con el tiempo se convertiría en la calle de Corregidora. Los terrenos al sur de la acequia Real quedarían desocupados por mucho tiempo, hasta que se albergó allí una de las sedes de la Real Universidad y el mercado del Volador, el cual dio paso para el actual Palacio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Las Casas Nuevas de Cortés limitaban al norte con el edificio que cierra el Patio Principal, al oriente con las huertas internas de la propiedad, al sur con la acequia Real y al poniente con la Plaza Mayor.
El edificio fue adaptado en 1563, siendo el segundo virrey Luis de Velasco el primero en residir en él, junto con la Real Audiencia y la cárcel de la Corte Real (la cual fue quemada en 1659). Ampliando su construcción hacía su lado norte y oriente.
Con el paso de los años se construyeron nuevas habitaciones en el costado oriente, hecho que no alteró el extenso jardín y las huertas que se hallaban. Hacia finales del siglo XVII, el Palacio de los Virreyes tenía ya el aspecto de una fortaleza, con dos torres en las esquinas resguardadas por artillería, con pocas ventanas y “con troneras para fusilería, dispuesto todo para la defensa”.
Las medidas de seguridad fueron insuficientes para defender el Palacio el 8 de junio de 1692, cuando una terrible hambruna propició el motín de 8 mil indios que se reunieron en la Plaza Mayor para exigir alimento. Al no ser escuchada la turba amotinada decidió prenderle fuego a la residencia del virrey. Las llamas devoraron cada uno de los salones, habitaciones y oficinas del Palacio. Al amanecer del día siguiente el paisaje era desolador, de la sólida construcción muchas áreas quedaron hechas cenizas. La principal área devastada fue la que actualmente rodea el Patio de Honor.
Las Casas Nuevas fueron reconstruidas y reformadas, dejando su aspecto medieval, para tomar un aspecto moderno para la época, con una arquitectura de estilo Barroco. Es en esta época cuando por su esplendor deja de llamársele Casas Nuevas y se le conoce como Palacio Virreinal. Sin embargo, el Palacio se enfrentó a la continua falta de presupuesto para los trabajos de las obras, ya que todo el dinero recaudado por los impuestos reales eran mandados a España. Razón por la cual se mantuvo prácticamente en obras continuas durante el siglo XVIII, época en que también se construía enfrente la catedral.
En 1821, al haberse consumado la Independencia de México tras la entrada del Ejército Trigarante, el Palacio fue renombrado, adoptando el nombre de Palacio Imperial. Aunque no fue la residencia del Emperador Agustín I de Iturbide, quien continuó viviendo en el Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaiso, que actualmente es el Museo Palacio Cultural Banamex, también conocido como Palacio de Iturbide.
Tras la caída del Imperio de Iturbide, en 1823, se funda la República y el Congreso Constituyente decretó que todos los lugares que en su nombre llevasen los términos de “Real”, “Virreinal” o “Imperial” deberían sustituírlos por el de Nacional. Por ello se descarta el nombre de Palacio Imperial y se adopta el nombre de Palacio Nacional. Y conservaría este nombre porque en su interior albergaría los tres poderes federales que se formaron en la nueva república: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Aunque con el paso del tiempo, estos dos últimos emigrarían a otros recintos dentro de la misma ciudad.
Para entonces, la construcción del Palacio cubría ya toda la fachada poniente que daba a la Plaza Mayor. Durante los primeros años de la vida independiente del país, de los continuos golpes de Estado y asonadas que vivió, algunos se desarrollaron en la capital, afectando en menor o mayor medida al Palacio Nacional. Así que las obras de reconstrucción y adecuación a las nuevas necesidades de la vida política del país fueron continuas durante el siglo XIX, perdiéndose en el trayecto obras artísticas de la época colonial, transformándose la ocupación de sus espacios y cayendo en el descuido parte de sus instalaciones. De esta época destaca el Recinto Parlamentario, creado para albergar la Cámara de Diputados.
Durante la guerra entre México y los Estados Unidos, por la anexión de Texas por parte de este último (1846-1848), el ejército estadounidense, luego de la toma del último reducto que protegía la ciudad en el Castillo de Chapultepec, el 14 de septiembre de 1847, se marchó el día siguiente hacia la plaza principal de la ciudad de México, El Zócalo, e izó la bandera de Estados Unidos en el Palacio Nacional, ocupándolo hasta el fin de la guerra, tras la firma de los tratados de Guadalupe-Hidalgo en el año de 1848.
Después de esta ocupación, se realizaron nuevas modificaciones al Palacio Nacional. Entre las más importantes está la ordenada por el presidente Mariano Arista en 1852, que entre otras cosas ordenó la apertura de la “Puerta Mariana”, llamada así en su honor, teniendo con ello desde entonces las tres puertas con que el Palacio da al Zócalo. Cabe señalar que antes de hacer la “Puerta Mariana”, había allí una pequeña puerta de la cárcel que funcionó hasta 1831.
Por breve tiempo, de 1863 a 1867, se le llamó de nuevo Palacio Imperial, durante el temporal Segundo Imperio Mexicano, de Maximiliano de Habsburgo, aunque éste tampoco lo usó como residencia porque dijo que ni él ni la Emperatriz Carlota habían podido dormir por las picaduras de chinches, y cambió su residencia al Castillo de Chapultepec, dejando al Palacio como un edificio puramente administrativo y de protocolo. No obstante lo anterior, ordenó diversas obras en su interior para que adquiriera un toque majestuoso, y dejar atrás algo de su estilo sobrio de sus etapas anteriores.
Contrario al derroche del Emperador Maximiliano, Benito Juárez mantuvo un ejercicio austero del presupuesto en todos los rubros de su gobierno. Incluso en su vida personal, así como la que llevó el tiempo en que vivió en Palacio Nacional. Durante su estadía, ordenó adaptar la parte norte de Palacio para su uso familiar, justo en la parte más humilde y donde antes había estado una cárcel, dejando la más elegante como área de uso de las oficinas de la Presidencia, con el claro objetivo de marcar esa diferencia entre sus ministros y allegados. En sus habitaciones fue donde falleció, en 1872, siendo su cuerpo velado en el Salón de Recepciones. En este mismo año, el Recinto Parlamentario fue destruido por un incendio.
El 14 de septiembre de 1886, bajo el gobierno de Porfirio Díaz, se instaló la Campana de Dolores en la alta cornisa del balcón presidencial y, a partir de entonces, ahí se celebra desde el aniversario del “Grito de Dolores”, donde el presidente de turno toca la campana gritando “Viva Hidalgo, Viva Morelos, Vivan los héroes de la independencia, ¡Vivan los héroes que nos dieron patria!” Y al final grita tres veces seguidas: “¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!”, al mismo tiempo que ondean la bandera tricolor de México. A esta aclamación se le han agregando y quitado cosas a lo largo de la historia. Luego queman abundantes fuegos artificiales y comienza toda una fiesta tradicional.
El último presidente que usó el Palacio Nacional como su residencia fue el dictador Porfirio Díaz, quien rehabilitó el Castillo de Chapultepec para ir a vivir, siguiendo los pasos del Emperador Maximiliano. Aunque por su carácter histórico continuó siendo la sede del poder ejecutivo, como lo es hasta la fecha. Por lo mismo y con motivo del centenario de la Independencia del país, Díaz ordenó en 1901 la rehabilitación total de las áreas de la presidencia y de la Secretaría de Hacienda. Salvo por el Salón de Recepciones, que fue el único espacio no remodelado por Díaz, el resto de las áreas protocolarias del Palacio Nacional son de esta época. Destacan de estos trabajos los plafones de algunos salones, el Salón Panamericano y la colocación de dos de los tres primeros elevadores que hubo en el país, justo en cada uno de los torreones de Palacio: uno muy elegante en el área presidencial y otro más austero en área de Hacienda.
Durante la Revolución Mexicana, principalmente durante el período conocido como “La Decena Trágica”, el Palacio Nacional fue dañado por las acciones militares y remozado posteriormente. En 1926 se inauguró el Salón de la Tesorería en el espacio que ocupaba la Tesorería desde 1891. Pero no fue sino hasta 1929 en que se volvió a realizar una reforma profunda al edificio, cuando el presidente Plutarco Elías Calles mandó construir la galería o tercer nivel de toda la construcción, así como a sustituir la piedra blanca de la fachada por el actual tezontle rojizo que lo caracteriza.
En 1945, el presidente Manuel Ávila Camacho, ordenó la creación de las Galerías de los Presidentes y de los Insurgentes, que se ubican en el segundo nivel de los patios que dan al Patio de Honor.
Al inicio de la segunda mitad del siglo XX, surgió un desprecio por la herencia colonial y en el centro de la capital se comenzó con la sustitución de edificios virreinales por modernas construcciones de hierro y vidrio. Así edificios tan antiguos como el Hospital de Jesús fueron desfigurados en aras de la modernidad. El Palacio Nacional no se quedó exento de estas ideas y en la década de 1960, en la parte oriente, fueron construidos los edificios Landa para albergar cada día más oficinas de la Presidencia y de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, con una arquitectura que en nada armonizaba con el entorno del lugar.
Contrario a lo anterior, en 1972, se rehabilitó el Recinto Parlamentario con base en una litografía de la época. Por estos años también se habilitaron otros salones con ideas vanguardistas que contrastaban con el origen colonial del edificio, como lo fue el vestíbulo del Recinto Parlamentario, entre otros.
Después del terremoto del 19 de septiembre de 1985 que sacudió la capital de la República, se desocuparon los edificios Landa que resultaron dañados por los terremotos, junto con otros espacios. Además se tornó preocupante el asentamiento del edificio, principalmente porque comenzó a ser de manera altamente irregular y acelerado. Con lo cual se iniciaron trabajos de rescate del inmueble, no para remodelarlo, sino para evitar su colapso. Principalmente se atacaron problemas de cimentación.
Otra intervención se realizó entre 1999-2000 por órdenes de Ernesto Zedillo. En estos trabajos se incluyó la remodelación de la capilla, la demolición de los edificios Landa y otros más antiguos con el fin de recuperar 14 mil metros cuadrados, que, con los años se habían desviado de su propósito original. La idea fue habilitar espacios para la instalación de salas destinadas a exposiciones museográficas e iniciar los trabajos de restauración a estilos más apegados al siglo XIX de los salones habilitados como vanguardistas en las décadas pasadas. También, con la recuperación de espacios al aire libre se estableció el jardín botánico, en sus dos zonas. La Zona Tropical, donde históricamente estuvo el Jardín de la Emperatriz y el de la Zona Desértica, en donde antes había cuerpos de edificios que daban a la calle de Moneda.
Durante la administración del Presidente Vicente Fox, el Secretario de Hacienda y Crédito Público Francisco Gil Díaz reinvadió con oficinas muchas áreas rescatadas para museografía en el sexenio anterior. Aunque se terminaron los trabajos de remodelación del vestíbulo del Recinto Parlamentario, se abrió el archivo de Francisco I. Madero, se creó la página de Internet para las visitas virtuales a Palacio Nacional, y se realizaron obras de recimentación y de rescate de importantes espacios de los “Patios Marianos” en la parte norte de Palacio.
En noviembre de 2006 se terminó la construcción del edificio que sustituye a los edificios Landa. La fachada del nuevo edificio mantiene la armonía arquitectónica con el resto del conjunto. Incluye entre otras cosas un museo de sitio, una tienda de Palacio Nacional, un restaurante y facilita el acceso a los turistas toda vez que cuenta con estacionamiento para los visitantes.
El Palacio continúa siendo la sede oficial del Poder Ejecutivo, aunque ya no es la residencia oficial del Presidente desde que fue trasladada a Los Pinos, donde desde entonces ha sido la residencia presidencial. Además alberga las siguientes instalaciones y recintos, estando los cinco primeros reservados para uso oficial y el resto pueden ser visitados por el público.


El 12 de diciembre de 1978 presenté en el Palacio Nacional los originales de mis Cartas Credenciales que me acreditaban como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Guatemala en México, al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado José López Portillo.