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EE. UU. ANTE LA SITUACIÓN DE HONDURAS

Sábado, Julio 4th, 2009

Felicitación en el Día de su Independencia.
El jueves pasado tuve el agrado de asistir a la recepción que, para celebrar el 233 aniversario de la Independencia de los Estados Unidos de América -que realmente es hoy-, ofrecieron en su residencia oficial el embajador Steven McFarland y su esposa Karin. Como siempre, la asistencia fue sumamente numerosa; y, también como siempre, llovió a cántaros mientras nos encontrábamos en el jardín, bajo una enorme carpa blanca, presenciando la acostumbrada ceremonia de la marcha de los marines que portaban las banderas y escuchamos primero los himnos nacionales de Guatemala y de los Estados Unidos de América; y después la lectura del breve y simpático discurso del embajador.
Esa embajada tiene la mala suerte que todos los años llueve torrencialmente cuando está celebrando su recepción del Día de Independencia. No me explico a qué se debe que los embajadores persisten en ofrecer en su residencia sus recepciones para conmemorar el 4 de julio si saben que durante esos días siempre llueve torrencialmente, por lo cual algunas de las invitadas y algunos de los invitados se enlodan los zapatos en la grama con fango. No creo que sea porque el Departamento de Estado no les autoriza el gasto necesario para alquilar un amplio salón en alguno de los hoteles.
Pero volviendo a la recepción, el discurso de McFarland fue corto, interesante y simpático. Por fortuna esta vez no tomó la palabra el Vicepresidente de la República, Dr. Rafael Espada, para narrar su larga experiencia personal en ese país como cirujano cardiovascular en el hospital Metodista de Houston, a diferencia del año pasado, cuando todavía era embajador mi gratamente recordado amigo James Derham (quien ese mismo día se estaba despidiendo). Lo cual no venía al caso en una ceremonia como esa y, para ser franco, a los invitados nos aburrió. Pero, en esta oportunidad el Dr. Espada se limitó a permanecer en la tarima junto al embajador y su esposa y unos pocos funcionarios de la embajada. Tampoco me explico por qué lo hizo, puesto que sólo era un invitado.
Sin embargo, entre las cosas que dijo el embajador McFarland, cuando se refirió al actual conflicto en Honduras, expresó sus buenos deseos porque éste sea superado pronto, pacíficamente, y puntualizó que “debe ser resuelto por los propios hondureños y de acuerdo con su Constitución?, lo cual estoy seguro que es la opinión oficial de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, porque de no ser así el embajador McFarland no lo habría dicho. Esto no coincide con las exigencias intervencionistas del Secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el chileno José Miguel Insulsa, quien tuvo la osadía de permitirse el abuso de poner un “ultimatum” con un plazo de 72 horas al nuevo gobierno de facto para que regresen incondicionalmente a la presidencia al depuesto ingeniero Zelaya Rosales. Les confieso que al escuchar estas palabras en labios del embajador McFarland sentí ganas de gritar ?¡Bravo!? y aplaudir, pero me contuve porque entre los numerosos invitados había muchos identificados como izquierdistas, a quienes sospecho que probablemente habría disgustado mi calurosa aprobación, entre quienes destacaban la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú Tum, luciendo (como siempre) su multicolor vestido típico y quien, por cierto, parece que en cuanto salió de la recepción se fue directamente al aeropuerto a abordar un avión rumbo a Tegucigalpa para ir a meter ?su cuchara? en la crítica situación -como “shute” que es-, seguramente obedeciendo consignas de los presidentes Chávez, Castro, Ortega y Correa, y se presentó en Tegucigalpa para dar declaraciones a los periodistas. ¡No sé qué se cree esta mujer!. También estaban en la recepción la productiva poeta, escritora, ensayista y columnista de Prensa Libre Margarita Carrera, y Miguel Ángel Sandoval, quien después de haber sido columnista de elPeriódico ahora lo es del Diario de Centroamérica, órgano oficial del gobierno, el cual hoy dirige la poeta y periodista izquierdista Ana María Rodas. En las últimas elecciones generales, Sandoval fue candidato presidencial de la Coalición Movimiento Amplio de Izquierda integrada por la URNG y el partido denominado MAIZ, cuyo símbolo es una mazorca. Este señor me cae bien porque es un izquierdista que no oculta ni disimula su ideología, sino, todo lo contrario, hace gala de ella, como debe ser, puesto que ahora el comunismo no está prohibido por la ley.
Pero como ya no corro el riesgo de molestar con mi aplauso a estas personas, no tengo inconveniente en expresar que comparto y aplaudo las palabras de mi amigo el embajador McFarland, porque creo firmemente que los problemas internos de Honduras deben ser resueltos única y exclusivamente por los hondureños y de acuerdo a su Constitución y sus leyes; y no por una entidad mundial como la Organización de Naciones Unidas (ONU) ni por otra regional como la Organización de Estados Americanos (OEA), ni por el Grupo Río, ni por la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) ni por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), ni por otros países como Venezuela, México, Ecuador, Cuba, Nicaragua o Argentina, a pesar de que estos han estado tratando de intervenir en tan delicado asunto haciendo caso omiso de la soberanía hondureña.
Lo cual me hace recordar que en la recepción de los EE.UU. me encontré al embajador de México, Eduardo Ibarrola, muy bien acompañado de su guapa novia, cuyo nombre es Fabiola y es una consumada deportista, a quienes acompañaba el hijo menor de Ibarrola, de 14 años de edad, quien vino a despedirse de su padre porque se va a ir con su madre por un tiempo a Israel, quien es también diplomática mexicana. Por cierto que se me olvidó comentar al embajador de México que es lamentable que desde que Vicente Fox fue presidente de su país, ese gobierno haya dejado de aplicar en su política exterior la famosa Doctrina Estrada de no intervenir en los asuntos internos de otros países.
En el momento de escribir estas líneas, está venciendo el ultimatum de 72 horas que la OEA le había dado al gobierno hondureño de facto para restituir en la presidencia a Zelaya y ya es bien sabido que fue un fracaso la visita del Secretario General de esa misma organización continental, Miguel Insulsa, quien llegó a Tegucigalpa con una insoportable actitud de Inquisidor y anunció que solamente iba a ?negociar? con las autoridades que ya estaban antes del golpe y confirmó su actitud al declarar: ?Consideramos que ha habido golpe de Estado y una ruptura grave de la institucionalidad democrática de Honduras y queremos pedir que esa situación sea revertida?. Por lo cual el nuevo Canciller, doctor Enrique Ortez, declaró a su vez: ?Si lo estima oportuno, podrá negociar con nosotros, pero nuestra soberanía no se negociará jamás? Insulsa puede negociar todo lo que quiera, menos la actuación de Zelaya?.
Durante las pocas horas que el chileno Insulsa permaneció en Tegucigalpa, actuando con una arrogancia intolerable, como si fuese un Inquisidor, rehusó entrevistarse con el nuevo presidente Roberto Micheletti de quien dijo que para él no es más que una persona cualquiera porque no le reconoce ninguna autoridad, y ante la firme decisión de las autoridades con las que habló de no echar marcha atrás a lo actuado, amenazó con ?suspender? a Honduras de la OEA a partir del próximo lunes, lo cual se propone acordar durante la sesión que se celebrará esta mañana en la sede de esa organización americana, a lo que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Alberto Rivera, le respondió: ?¡Hagan lo que quieran! La decisión está tomada. Nuestras leyes no se manosean, ni se regresan ni se devuelven?. ¡Así se responde! (Como diría el profesor Alfonso Ramírez)
Y para no dar a la OEA la satisfacción de ?suspender? a Honduras, este país se les adelantó y denunció la Carta de la OEA, o sea que se retiró de esa organización. Esta no es la primera nación del continente que se retira del organismo interamericano creado en 1948 en Bogotá, porque Cuba fue suspendida en 1962 por gestión de los Estados Unidos, pero esa sanción fue levantada en mayo del año en curso durante una reunión de la OEA realizada en la ciudad hondureña de San Pedro Sula. Sin embargo su retiro no podrá ser inmediato, toda vez que el artículo 143 de la Carta establece que las obligaciones de los Estados miembros continúan por al menos dos años más. Pero estoy seguro de que a Honduras eso no le va a causar ningún problema grave y van a poder sobrevivir sin la aprobación de ese organismo y de su secretario general Insulsa. O sea que, como se dice comúnmente, les vendrá del norte.
Una propuesta de Roberto Micheletti, designado por el Congreso pra sustituir a Zelaya, es anticipar las elecciones presidenciales del 29 de noviembre a fin de saldar la crisis, pero ésta ni siquiera fue considerada por Insulza. “El problema no es el anticipo de las elecciones”, respondió el diplomático chileno.
Micheletti ha afirmado que no permitirá el retorno de Zelaya al poder y reunió a varios miles de partidarios en la Plaza de la Democracia, frente a la Casa Presidencial, antes de la llegada del secretario general de la OEA. “Creían que teníamos miedo, aquí está la demostración de que no”, dijo a los manifestantes. Sin embargo, no me extrañaría que el secretario general de la OEA -que es muy mañoso evidentemente- vaya a sacarse de la manga la carta de que el actual gobierno de facto de Honduras no puede denunciar la Carta de la OEA porque no está reconocido por ese organismo americano.
Por su parte los seguidores de Zelaya mantienen sus protestas para exigir su inmediato regreso incondicional, anunciado para mañana domingo. Zelaya informó que regresará a Honduras acompañado por la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, quien viajó la noche del viernes a Washington, el presidente paraguayo Fernando Lugo, quien estará en esa ciudad, y por el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien se supone que también llegará el domingo por la mañana a la capital estadounidense. Sin embargo, no creo que al final de cuentas los presidentes de esos países sudamericanos vayan a acompañar a Tegucigalpa al presidente depuesto hondureño, porque se exponen a ser acusados de estar interviniendo en los asuntos internos de ese país.
Los partidarios de Zelaya en Tegucigalpa tienen previsto continuar sus manifestaciones e ingresar en forma masiva a la capital para recibirlo, al tiempo que denuncian una ola de represión por parte del gobierno, que ha suspendido garantías constitucionales. Por lo que no creo que el gobierno de facto vaya a dejar que el avión que le llevará a esa ciudad vaya a aterrizar en Toncontín y probablemente van a poner vehículos pesados en las pistas para que no puedan usarlas para aterrizar.
Volviendo a la recepción: muchas veces he dicho que no me agrada asistir a las recepciones diplomáticas porque no me gustan el whisky y el vino que sirven. Usualmente sirven whisky Etiqueta Roja de Johnny Walker, que me produce dolor de cabeza, y vinos de mala calidad, y prefiero abstenerme o beber sólo una cerveza. Comprendo que esto se debe a que no tienen presupuestos para servir licores de calidad, porque es tan numerosa la concurrencia, pero yo no tengo por qué pagar las consecuencias de esas limitaciones económicas, y prefiero no asistir para no ser bailarín de sus fiestas.
De manera que lo que hago es beber un vaso de cerveza y, si acaso, algunas veces comer alguna ?boquita? que me llame la atención; pero la mayoría de las veces me abstengo cuando ni siquiera las ?boquitas? me apetecen. Lo cual me ocurrió en esta recepción, por cierto, porque sirvieron unos panes para hamburguesas con carne molida a la parrilla y otros panes para hot-dogs con chorizos (no con salchichas). ¡Ni siquiera nos ofrecieron los tradicionales hot-dogs, que son como un plato típico de su país, como solían hacerlo algunos de los embajadores anteriores!
Por otra parte, en esas recepciones uno se cansa mucho de estar de pié, sobre todo a mi avanzada edad, y muchas veces uno se topa con personas antipáticas y desagradables a las que tiene que soportar por buena educación. Pero en esta recepción tuve el agrado de saludar a unas cuantas personas de mi agrado y amistad y de conocer a una mujer sumamente agradable, inteligente y bonita. No obstante lo cual, ratifico mi decisión de no volver a asistir a ninguna otra recepción diplomática, a menos que de antemano el anfitrión me garantice y me jure por lo que le sea más sagrado que me van a dar whisky o vino de buena calidad, como los que yo les doy a ellos cuando vienen a mi casa a compartir mi mesa.
Antes de terminar, quiero mencionar que el embajador McFarland dijo en el discurso que leyó que esa recepción también tenía la intención de despedir al Consejero de la embajada, David Lindwall, porque al día siguiente (o sea ayer) salía para asumir una nueva misión en Haití. Le deseamos buen viaje y que obtenga muchos nuevos éxitos profesionales y satisfacciones personales. Su estancia en Guatemala fue siempre muy agradable para quienes tuvimos la satisfacción de gozar de su amistad. David supo ganarse la simpatía y amistad de numerosos guatemaltecos. ¡Que le vaya bien a nuestro estimado amigo!