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Discurso en el Congreso del Alcalde Arzú 2

Viernes, septiembre 18th, 2009

Continúo glosando el controvertido discurso que pronunció ante el Pleno del Congreso el Alcalde Metropolitano y ex Presidente de la República Álvaro Enrique Arzú Irigoyen para conmemorar el 188 aniversario de la firma del Acta de Independencia. Este discurso ha sido calificado por algunos de sus críticos como “políticamente incorrecto, pero aunque así sea, su contenido es muy interesante y merece ser analizado. Siguió diciendo:
?¿Por qué digo que es más una carga que un apoyo? Pues bien, porque la imposición externa de un modelo que no permite la expresión del carácter propio de nuestra sociedad, se convierte en lo que yo llamo ?saqueo de instituciones?. Sí, un saqueo, como sucede cuando una fuerza conquistadora invade un poblado y empieza a robar y destruir lo que encuentra a su paso. Después, cuando la tormenta ya pasó, lo único que queda son ruinas, estructuras vacías, casi como un paisaje de utilería,
?Como cualquier otra nación del continente americano, Guatemala, y los guatemaltecos, hemos estado en busca de nuestra propia identidad, desde el momento de nuestra independencia. Al principio nos anexamos a México, con la idea precisamente de soportar de una mejor manera los embates de las naciones que querían mantener o imponer una nueva colonia en nuestro territorio. Posteriormente iniciamos la vida independiente, pero lo hicimos de una manera muy especial: construyendo una federación republicana de naciones centroamericanas. Es claro que esta figura corregía la anexión a México en que los países centroamericanos nos sentíamos más cercanos, más identificados histórica y culturalmente. Finalmente, justo a la mitad del siglo XIX, vino la gran revolución conservadora que destruyó la Federación y surgieron los Estados que tenemos actualmente?.
Comento: está en lo cierto al afirmar que la denominada ?Comunidad Internacional? tiene la tendencia a imponer a todos los países pequeños, pobres y débiles (con mayor razón a los que otorga un apoyo económico) ?un modelo que no permite la expresión del carácter propio? de dichos países, y se les cancela la ayuda si éstos no acatan dócilmente sus dictados. Parece inconcebible que ciertos países totalmente diferentes a los nuestros y cuyos habitantes son altamente desarrollados, pretendan que los pueblos todavía subdesarrollados se comporten como lo hacen ellos. Es ridículo que los suecos, por ejemplo, que conforman una sociedad tan evolucionada, pretendan que los guatemaltecos nos comportemos como lo hacen ellos en su país. Sin desestimar el ?pequeño detalle? que sus representantes diplomáticos violan lo establecido Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que fue firmada el 18 de abril de 1961 y entró en vigor el 24 de abril de 1964, cuando se inmiscuyen en nuestros asuntos internos.
Hace pocos días, la distinguida señora embajadora de Canadá, quien como dama merece todo mi respeto, pronunció un discurso impertinente sobre ciertos temas que no son de su incumbencia en presencia de las más altas autoridades de Guatemala, el Presidente de la República a la cabeza. Y no hubo ninguna reacción para impedírselo o corregirla de parte de la Cancillería que, por lo visto, no sirve para mucho.
El Alcalde Arzú continuó:
?Ahora bien, y este es un dato interesante señoras y señores, es en este preciso momento en que surgen dos figuras fundamentales en la historia de nuestro país: Rafael Carrera y Justo Rufino Barrios. Carrera, que ha sido olvidado, es un personaje clave en nuestra historia. Fue el presidente que le dio forma al Estado Guatemalteco. Se le ha visto como un títere iletrado de los grupos conservadores, pero no era así; recientes investigaciones han mostrado que, contrariamente a lo que hemos creído, durante muchos años, Carrera fue el líder, el caudillo incuestionable de un movimiento campesino que se levantó contra las élites capitalinas. Ya en el poder, sabiamente, Carrera atendió sus demandas, combatió los abusos contra los campesinos, protegió sus tierras y abolió las adjudicaciones a extranjeros. Pero no lo hizo para cumplir con una promesa. Lo hizo porque sabía que con ello le estaba dando contenido a las nuevas estructuras republicanas, de nuestra república. Casi podríamos decir que fue Carrera quien le dio un respaldo, una realidad al modelo republicano.
?Barrios, por su parte, que representa el fin de las ambiciones de unificación regional y el principio de una república liberal, modernizó al país y dio paso a un nuevo pacto social que tuvo como resultado la emergencia de una industria bastante creciente.?
Comento: Aparentemente, estos dos párrafos provocaron en algunos comentaristas un gran disgusto digno de mejor causa. A un destacado columnista, por ejemplo, le pareció execrable que mencionara a estos dos importantes personajes de nuestra Historia, y aprovechó la oportunidad para lanzar denuestos contra ambos por todo lo malo que ellos hicieron durante su paso por el poder. Es evidente que no se comprendió que la intención de lo dicho por el Alcalde Arzú no fue exaltar o aplaudir a Carrera, ni a Barrios, sino simple y sencillamente quiso señalar el papel histórico trascendental que a cada uno de ellos les tocó desempeñar en su momento.

General José Rafael Carrera y Turcios, llamado “El bien amado de los pueblos”
Porque, a pesar de lo rudo, iletrado, ignorante y sanguinario que haya sido, y lo oprobioso que haya hecho este campesino, no se puede negar que él fue un personaje sumamente destacado en nuestra Historia, que defendió a los campesinos de los abusos que se cometían contra ellos; ni tampoco se puede dejar de mencionar su nombre cuando se habla de la fundación de la República de Guatemala, en 1847, y que el 21 de marzo de 1859 firmó un decreto proclamando a Guatemala como República soberana e independiente; ni se puede negar el hecho que fue como el general Antonio López de Santa Anna, de México (1794-1876), sin duda el personaje más controvertido que ha habido en la Historia mexicana en el siglo XIX, quien también llegó a ser declarado presidente vitalicio, como Carrera en Guatemala, y se hacía llamar “Su Alteza Real”.
José Rafael Carrera (1814-1865) fue un rudo campesino, analfabeto e ignorante, es verdad, sin embargo, llegó a ser el máximo representante de la tendencia conservadora en Centroamérica del siglo XIX y Jefe de Estado de 1844 a 1847; y por muy tosco, iletrado e ignorante que fuese, desde que ascendió al poder, como jefe de un movimiento guerrillero conformado con indígenas, permaneció gobernando, directa o indirectamente, mediante presidentes propicios, con el apoyo de religiosos y conservadores; se constituyó como presidente vitalicio y, a pesar de la oposición liberal, se mantuvo en el cargo hasta el día de su muerte, en 1865. Fue Presidente de la República de 1847 a 1848; y de 1851 a 1865.

General Justo Rufino Barrios, denominado “El Reformador”
Ni tampoco se debe ignorar, ni se puede negar que, por muy autoritario y dictatorial que haya sido, el general Justo Rufino Barrios (1835-1885) fue uno de los dos máximos dirigentes de la Revolución Liberal de 1871, con el general Miguel García Granados, contra la dictadura conservadora del mariscal Vicente Cerna, fue quien impuso en este país los cambios económicos, políticos y sociales más significativos con su Reforma Liberal que siguió los lineamientos de la Reforma Liberal del brillante indígena de Oaxaca, Benito Juárez, denominado “Benemérito de las Américas”. Y por muchos errores e injusticias que Barrios haya cometido por su abuso de poder, no se debe olvidar que su ambición era integrar a los cinco estados independientes de América Central en una federación centroamericana, pero su plan fue rechazado por El Salvador, por lo que en 1885 se produjo la guerra entre los dos países y murió cuando trató de invadir con sus tropas el pueblo salvadoreño de Chalchuapa. Y ya sea que nos gusten o nos disgusten, ambos fueron trascendentales personajes en nuestra Historia. (Continuará)