La razón principal por la cual este blog estuvo ausente muchos días fue que el programa del servidor tenía una vulnerabilidad que facilitó la intromisión a personas denominadas hackers que se dedican a buscar vulnerabilidades en los servidores para sacarlos de Internet y borrar todo su contenido. Fué precisamente uno de esos malditos hackers quien intentó enviar correos electrónicos masivos para promocionar sitios web de adultos y, al no poder lograrlo, eliminó toda la información del servidor de mi blog, incluyendo esta red. Les ruego que disculpen esta larga e involuntaria ausencia que, repito, fue debida totalmente a motivos ajenos a mi voluntad y fuera de mi control. En ActualizaWeb se lamenta la interrupción del servicio de blogs y se está trabajando para lograr la implementación del historial de todos los artículos publicados anteriormente por mí y otros usuarios para poder recuperar los artículos anteriores con la normalidad a la que ustedes estaban acostumbrados. Muchas gracias por su paciencia y comprensión. Espero que esto nunca más volverá a ocurrir.
Para compensarles por esa involuntaria larga ausencia, me es grato publicar hoy, al volver a comenzar, esta bella fotografía de la sensual actriz y estrella cinematográfica estadounidense Angelina Jolie, quien también es embajadora de buena voluntad de la UNESCO y pocos días después del trágico terremoto en Haití visitó esa isla caribeña y se entrevistó con nuestro ilustre compatriota el embajador Edmond Mulet, Subsecretario de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para regiones en conflicto, quien ahora tiene a su cargo la enorme responsabilidad de la reconstrucción de esa isla. Yo escribí en esa oportunidad que si me hubiese visitado a mí le habría dado un beso en esos labios carnosos que tiene, pero a veces Dios le da carne a quien no tiene dientes, porque Karen, la esposa de mi amigo Edmond, es muy celosa y de seguro que éste no se atrevería a hacerlo; no obstante, Mulet me contestó por correo electrónico que le dio no sólo un beso… “sino dos, uno en cada mejilla”. ¡Qué lástima que no la besó apasionadamente en los labios!
La seductora estrella cinematográfica estadounidense Angelina Jolie luce el esplendor de su belleza. Observen sin embargo que no mentí cuando dije que, a pesar de ser tan bella y tener labios tan sensuales, sus piernas son muy flacas, lo que por aquí llamamos “canillas de clis-clis”, aunque esto no importa porque son las primeras que se hacen a un lado.
Junto a mi hijo primogénito, Jorge Palmieri Muñoz de Cotte, en la entrada de la casa de un amigo en la paradisíaca zona en las playas del Pacífico denominada Juan Gaviota.
Posando entre mis queridos hijos Jorge Jr. y Alejandro en la Casa Club del proyecto Juan Gaviota.
También existió otra razón muy importante para mi larga ausencia: la grata visita que nos hizo durante unos días mi querido hijo primogénito, Jorge Jr., cuyo nombre completo es Jorge Palmieri Muñoz de Cotte, nacido hace 60 años en la Ciudad de México, pero desde hace muchos años ha vivido en los Estados Unidos de América, particularmente en Washington y Charlottsville (Virginia), y ya tenía 6 años de no venir a Guatemala, donde también vivió algunos años y conoció a quien fue su primera esposa, Flor de Luz Menéndez Castejón, madre de sus dos adorables hijas, Gabriela y Stephanie y esta última tuvo recientemente una linda hijita que me convirtió en bisabuelo. De hecho, cuando se produjo el terrible terremoto del 4 de febrero de 1976, Jorge Jr. estaba viviendo aquí y su departamento se desplomó con el temblor.
No me lo están preguntando, pero no tengo ningún inconveniente en contarles que a Jorge Jr. le conocí en el año 1970, cuando él ya tenía 20 años de edad y yo tenía 40. Yo ignoraba que él existía, pero un día que me encontraba ante las cámaras de Televisa, participando en el programa 24 Horas de mi querido amigo y gran periodista Jacobo Zabludovsky, para quien trabajaba como corresponsal en Guatemala, me llamó por teléfono una mujer que no recordaba que había conocido 20 años antes para darme la noticia de que habíamos tenido un hijo que para ese entonces ya tenía 20 años de edad y me preguntó si me gustaría conocerlo. Naturalmente, sin pensarlo dos veces le dije que sí y la invité a que viniese a verme la mañana siguiente al hotel Presidente de la Zona Rosa, donde estaba hospedado. Y así fue. Desde que la ví me acordé que nos habíamos conocido en el transcurso del año 1950, un domingo en el que yo andaba “cantineando” por el Bosque de Chapultepec en un carro convertible y por la tarde nos reunimos para ir al cine, pero en vista de que la película era muy mala y no queríamos seguirla viendo, me invitó a ir a su departamento a tomar café, supuestamente. El café también era malo, por lo cual creí que sería mejor dedicar el tiempo a un acto sexual, dado que yo era un fornicador empedernido y me confié en que ella sabría tomar las debidas precauciones para no quedar embarazada. Pero evidentemente me equivoqué. Ella era una bonita muchacha de nombre Graciela, estudiante de sicología nacida en Puebla. Después nos volvimos a juntar un par de veces más en las que supongo que también fornicamos, pero no teníamos una relación que se podría calificar de amorosa y ella nunca tuvo la dirección ni el teléfono de mi casa de acá y, tres meses después, cuando se percató de que estaba embarazada, yo ya había regresado a Guatemala y nunca me lo pudo informar porque no tenía mis señas. Luego contrajo matrimonio con un hombre con quien estuvo casada durante varios años y con quien procrearon una hija que se llama Patricia y otro hijo que se llama Carlos. Pero unos años después se divorciaron y ella le confesó a Jorge que quien había hecho el papel de su padre realmente no era su papá, y cuando Jorge preguntó quién era su verdadero padre, le respondió que algún día se lo diría. Y esa noche estaban viendo juntos el programa de Zabludovsky cuando ella le dijo en una forma melodramática, como si fuese una de esas interminables telenovelas mexicanas, “¡Ese señor es tu papá!” Por esta razón es que yo ignoraba que habíamos tenido un hijo, pero desde el momento que él entró a mi habitación estuve totalmente seguro de que era indudable que era mi hijo por el enorme parecido físico que tenía conmigo. ¡Sentí como si hubiese sido yo mismo quien entraba porque era como mi clon, igualito a mí! Desde entonces hemos tenido una relación de padre e hijo durante los cuarenta años que han transcurrido, y él vino a vivir por un tiempo a vivir en Guatemala, hasta que se fue a vivir a Washington, D.C. siguiendo a Flor de Luz Menéndez Castejón, de quien estaba perdidamente enamorado. A partir de entonces hemos mantenido una relación relativamente normal porque a pesar de que le conocí cuando él ya tenía 20 años de edad, he aprendido a quererle como si hubiese crecido a mi lado. En vista de que Graciela estudió sicología, poco tiempo después publicó una novelita fantasiosa con su versión caprichosa de lo que ella dice que ocurrió entre nosotros y se autoretrata como una especie de heroína, o una víctima, y no me llama Jorge, sino me llama Alejandro (que en realidad es mi segundo nombre), pero me pinta como si yo fuese “el malo de la película”, un individuo irresponsable que no supo asumir la responsabilidad paterna, porque dice que me informó que estaba embarazada por medio de mi hermano Carlos, quien entonces era el Primer Secretario de la Embajada de Guatemala, pero yo jamás obtuve esa información. Yo ya le había contado detalladamente a Jorge Jr. mi versión de lo que verdaderamente sucedió entre su madre y yo, pero en vista de que ya tengo 81 años y no creo que sea muy seguro que volvamos a tener otra oportunidad para hablar con franqueza de estas cosas, aproveché para hacerlo en este viaje porque no quisiera que me llegue el momento de morir sin haber aclarado todo esto. Además, siempre había tenido deseos de desvirtuar la caprichosa versión que ella escribió en su novela porque me parecía muy injusta. Sin embargo, debo dar gracias a Dios de que ella haya tenido la necesaria valentía y firme calidad moral para ser madre soltera y atreverse a enfrentar a su familia y a la sociedad conservadora poblana al tener a su hijo en vez de recurrir al aborto. Porque confieso que si me hubiese localizado y consultado, probablemente yo le habría pedido abortar, porque debo reconocer que yo fui un fornicador irresponsable. Lo digo con sincero sentimiento de culpa porque fui culpable de que abortaran tres mujeres que estaban embarazadas por mí. De lo cual me arrepiento de todo corazón y pido a Dios que me perdone. Así que fue afortunado que ella no me hubiese localizado porque, gracias a ello, una simple aventura sexual, o un descuido de ambas partes, en una relación que nunca tuvo la intención de ser perdurable, haya nacido mi querido hijo primogénito y tras de él su linda descendencia. De lo cual doy gracias a Dios. No cabe duda de que los caminos de Dios son insondables.
Fui bautizado con dos nombres de pila y estos son Jorge Alejandro, y gracias a las visisitudes de la vidas tengo un hijo que se llama Jorge y otro que se llama Alejandro. Con ambos me encuentro felizmente reunido en esta foto que fue tomada en la sala de la casa del segundo de ellos.
Mi hijo primogénito Jorge Palmieri Muñoz de Cotte en la entrada del hotel Presidente InterContinental, con sus inseparables y magníficas cámaras fotográficas profesionales.
Después de la corta estancia de Jorge Jr. en Guatemala, viajamos juntos al Distrito Federal de México, donde él tenía que tomar su avión de regreso al aeropuerto Dulles de Washington D.C. para volar después a Charlottsville; y, como acostumbro hacerlo desde hace muchos años, nos hospedamos en el excelente hotel Presidente InterContinental de Polanco, que durante muchos años ha sido mi favorito en la capital de ese admirado y querido país en el que permanecimos durante tres días antes de que él volara de regreso a Washington y yo de vuelta a Guatemala. Y tuvimos oportunidad de compartir unos gratos momentos con algunos de mis queridos viejos amigos como Sigfrido Miracle y su dulce esposa Maty, el licenciado Jacobo Zabludovsky y su encantadora esposa Sarita y con mi querido amigo el ex Alcalde de Guadalajara, ex Gobernador de Jalisco y ex embajador de México en Guatemala, licenciado Guillermo Cosío Vidaurre, y su entrañable amigo el doctor en Derecho Jorge Fernández, miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y algunos otros más.




