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Adiós a una querida amiga

Lunes, Abril 19th, 2010

Sra de Mata

Última foto que tomó Ricardo Mata a su amada esposa María Elena.

La señora María Elena Matheu Murga de Mata falleció recientemente, después de haber sobrellevado con ejemplar optimismo y entereza  una grave enfermedad terminal durante largo tiempo. Aunque es bien sabido que la muerte no existe –realmente–, sino es sólo un tránsito a la siguiente etapa de la vida infinita, ella ha trascendido esta etapa mortal y por eso ya no la tendremos más entre nosotros físicamente, por más que su espíritu estará vivo en nuestro corazón el resto de nuestra vida.

María Elena siempre fue una dama encantadora, sencilla, alegre, simpática y positiva, que llenó de felicidad el hogar del ícono de la fotografía en nuestro país que es Ricardo Mata Rodríguez, otro amigo querido para mí y para muchas otras personas que hemos tenido el privilegio y el placer de conocerles y admirarles.

Como podrán comprender por mis palabras anteriores, yo siempre le guardé a María Elena mucha simpatía y gran afecto, y no hace mucho tiempo tuve el privilegio de tenerle con Ricardo en mi casa para compartir mi mesa. Siento mucho su partida, pero estoy totalmente convencido de que Dios la llevará a un sitio desde donde gozará espiritualmente viendo la familia ejemplar que formó y por la cual seguirá velando.

Por este medio, expreso mi profundo y sincero sentimiento de condolencia a toda su familia, en particular a  su amado esposo, Ricardo Mata Rodríguez, mi viejo amigo, a su venerable madre, señora Julia Murga Lima, y a sus hijos María Elena y Antonio, Ricardo Jr.; Patty y Aldo, Claudia y Rodolfo. Asimismo, a sus cuñados, mi estimado amigo el Dr. Guillermo (“Willy”) Mata Amado y su esposa María Luisa Castillo (“La Güichita”), y a sus hijos, el Dr. Guillermo hijo, (“Billy”), Carlos Enrique (“El Baby”), Luisa María (“La Tuti”), el Dr. Estuardo (“El Canche”), Ana Isabel y Graciela (“Grace”) Mata Castillo. Y al resto de su estimada familia.

Esta es buena oportunidad para recordar lo que me dijo un día el sabio monje budista zen japonés Ejo Takata, cuando hacía pocos días que había fallecido mi amada e inolvidable esposa, Anabella: “el gusano llama muerte a lo que la mariposa llama vida”.