LA CARICATURA “GLORIOSA VICTORIA”

1. Oneroso gasto superfluo que pretende hacer el gobierno de los esposos Colom

El miércoles pasado publicó el diario Siglo Veintiuno un reportaje de Ana Lucía Mendizábal con el título Invertirán Q1.5 millones en exhibición histórica y el pretítulo >Traerán la obra “Gloriosa victoria” del muralista mexicano Diego Rivera, del Museo de Rusia Pushkin.

Gloriosa Victoria

Arte. La obra “Gloriosa victoria” engalanará la exposición “Oh Revolución 1944-2010 múltiples visiones” en el Palacio Nacional de la cultura.

Agrego al pie de foto la siguiente descripción de la escena: vemos al coronel Carlos Castillo Armas, apodado “Cara de hacha”, con un revólver en la cintura, dándole la mano en actitud servil y sumisa al Secretario de Estado, John Foster Dulles (1888-1959), a quien le susurra al oído su hermano Allen, director de la CIA, y detrás, a un lado, están el nefasto embajador de EE.UU. en Guatemala John Peurifoy y los coroneles Élfego H. Monzón y José Trinidad Oliva, mientras bendice la matanza el arzobispo metropolitano, Mariano Rossel y Arellano (1894-1964), porque él autorizó que la “Liberación” usara al Cristo de Esquipulas como “capellán”. El rostro en la enorme bomba es del general Dwight D. Eisenhower (1890-1969), héroe de la Segunda Guerra Mundial y en ese entonces Presidente de los Estados Unidos de América. Atrás, con camisa roja y confundida entre el pueblo que está levantado en armas está la excelente pintora guatemalteca Rina Lazo, pupila favorita de Diego Rivera. Y por todos lados pencas de bananos confundidas con niños, mujeres y ancianos muertos en la masacre.

El texto del mencionado reportaje dice textualmente lo siguiente:

Como “un insulto a la situación de emergencia que vive Guatemala en este momento”, calificó la diputada Rosa María de Frade, presidenta de la Comisión de Transparencia, la inversión de Q1.5 millones que el Gobierno hará en la exposición conmemorativa Oh Revolución 1944-2010, múltiples visiones, que se montará en el Palacio Nacional de la Cultura y cuya principal pieza será la obra Gloriosa victoria, del muralista mexicano Diego Rivera.

Manfredo Marroquín, de Acción Ciudadana, también cuestionó el hecho de que el Gobierno no priorice los gastos y afirma que en el mismo ámbito de cultura se deberían establecer prioridades. “Traer una obra de tan lejos es costosísimo cuando hay tanta expresión cultural que está ávida de recursos”.

De Frade dejó claro que es admiradora de Diego Rivera; sin embargo, señaló el gasto como superfluo.

Por aparte, el presidente en funciones, Rafael Espada, expresó que aún no conoce el proyecto, mas consideró “tenemos problemas, pero el arte, la cultura y la celebración de octubre también son importantes”.

El ministro de Cultura, Jerónimo Lancerio, informó que además de la obra de Rivera, traída del Museo Pushkin, de Rusia, también viene la pintura Venceremos de la guatemalteca Rina Lazo, la cual es parte de la colección del museo de Toluca. Asimismo, se expondrán obras de otros artistas contemporáneos con el tema de la Revolución y la Contrarrevolución”. (Fin del reportaje)

Diego Rivera y Frida Kahlo en 1932, tres años después del día de su matrimonio, celebrado el 21 de agosto de 1929. Ella tenía 25 años de edad y él tenía 46. Su relación consistió en amor, aventuras con otras personas, vínculo creativo, odio y un divorcio en 1939. Al matrimonio lo llegaron a llamar “unión entre un elefante y una paloma”, porque Diego era enorme y obeso mientras que Frida era pequeña y delgada. Por otra parte, debido a sus graves lesiones en la pelvis, nunca pudo tener hijos, cosa que tardó muchos años en aceptar después de haber tenido tres abortos que le causaron mucha tristeza y fuertes depresiones que muchas veces le provocaron la idea de tratar de suicidarse.

Mi comentario sobre este caso: se ha vuelto motivo de justa controversia el anunciado propósito del gobierno de Álvaro Colom y su esposa de traer del Museo Pushkin, de Rusia, la pintura denominada “Gloriosa Victoria del célebre muralista mexicano Diego Rivera (1896-1957), miembro prominente del Partido Comunista Mexicano, que pintó a manera de protesta por la intervención norteamericana a Guatemala para derrocar al segundo gobierno de la Revolución de 1944, presidido por el coronel Jacobo Árbenz Guzmán (1913-1971), y la invasión del llamado “Ejército de Liberación Nacional” bajo las órdenes del coronel Carlos Castillo Armas (1914-1957), patrocinado por la compañía bananera norteamericana United Fruit Company (UFCo), organizado y entrenado en Tegucigalpa (Honduras) con el conocimiento y la complacencia del gobierno de ese país cuyo gobierno estaba presidido por Juan Manuel Gálvez (1887-1972), ex abogado de la UFCo. y heredero del ex dictador, general Tiburcio Carías Andino (1876-1969), así como también con el apoyo de los gobiernos de Nicaragua y El Salvador, éste último presidido por el Teniente Coronel Óscar Osorio (1910-1969). Tan singular ejército irregular estaba integrado por un puñado de guatemaltecos anticomunistas exiliados, unos civiles y otros militares, y numerosos campesinos mercenarios que aportó el dictador de Nicaragua, General Anastasio Somoza García (1896-1956). Lógicamente, el propósito de esta invasión fue derrocar al gobierno popularmente electo y legalmente constituido que presidía el coronel Jacobo Árbenz Guzmán (1913-1971), al cual se acusaba de ser comunista y a Guatemala que se había convertido en “cabeza de playa del comunismo internacional”. Por esta razón, el gobierno señalado de comunista fue condenado al derrocamiento en 1954, cuando se celebró en Caracas (Venezuela) la Décima Conferencia Panamericana de Cancilleres, en la cual el jefe de la delegación estadounidense era el Secretario de Estado, John Foster Dulles, otro ex abogado de la UFCo. en Boston, y el jefe de la delegación de Guatemala era el ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Guillermo Toriello Garrido, quien desde entonces fue llamado por los izquierdistas el “Canciller de la Dignidad de América”. No dudo que Toriello se enfrentó a Dulles con dignidad  en el duelo verbal que sostuvieron durante la conferencia, porque quienes le conocimos le conceptuamos como un hombre honorable y digno, aunque extremadamente vanidoso. Es probable que por su vanidad y afán de protagonismo cometió el grave error –de esos que se califican de “políticamente incorrectos”— de ser hacer el papel de imprudente provocador al desafiar en esa forma tan arriesgada al país más poderoso del planeta, lo que causó que en Guatemala se pusiera en actividad abiertamente conspirativa el nefasto embajador de EE.UU., John E. Peurifoy (1907-1955) para hacer los arreglos para derrocar al  mandatario que era popularmente llamado “Soldado del pueblo”. La imprudencia de Toriello fue tanto más grande por el hecho que antes de haber venido a asumir el cargo de Canciller había sido Embajador ante la Casa Blanca, en Washington D.C., y tenía que saber que el gobierno del general Eisenhower sería capaz de intervenir en Guatemala. Recuerdo que durante una recepción en la embajada de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), yo acompañaba al embajador Toriello cuando el embajador soviético, Georgy Zarubin, nos comentó que no entendía por qué razón algunos funcionarios del gobierno y la política exterior de Guatemala se empeñaban en desafiar constantemente al poderío de Estados Unidos, cosa que ni siquiera la URSS se permitía; y agregó que corríamos el riesgo de provocar una intervención. Pero es evidente que a Toriello eso no le impresionó, porque le entró por un oído y le salió por el otro. Unos días después vine a Guatemala y me entrevisté con el presidente Árbenz, y cuando le dije lo que nos había comentado el embajador Zarubin, se sonrió socarronamente y me respondió: “¡No te preocupés! Los gringos no se atreven!”. Poco tiempo después, los hechos comprobaron que Árbenz se equivocó, porque los norteamericanos sí se atrevieron a intervenir por medio de la invasión de la llamada “Liberación Nacional”.

Después haberse celebrado la X Conferencia Panamericana de Cancilleres, en Caracas, Peurifoy se entrevistó aquí con un buen número de militares en posiciones claves para instarles a traicionar a Arbenz con la amenaza de que si resistía el llamado “Glorioso Ejército de la Revolución” se exponía a que Guatemala fuese bombardeada por los “marines”, lo cual fue una clara amenaza de agresión. Y encontró campo propicio en algunos militares que desempeñaban importantes cargos y rechaban la participación de elementos comunistas en el equipo de gobierno de Árbenz, porque su formación era contraria a esa ideología y sabían que por simple geopolítica Guatemala no podía cometer la imprudencia de desafiar a esa potencia mundial, lo que dio como resultado que decidieran no apoyar a Árbenz porque consideraban que éste había traicionado antes al Ejército al haberse plegado a los comunistas, y no al revés, como se ha venido diciendo. Y cuando dio principio la invasion al territorio nacional del llamado “Ejército de Liberación Nacional” que sin mucha dificultad tomaron Chiquimula. Mientras tanto, Peurifoy organizó de inmediato una reunion en San Salvador de los más importantes dirigentes anticomunistas de Guatemala para escoger a la persona ad hoc para encabezar la invasión, entre quienes estaban el general e ingenierio Miguel Ydígoras Fuentes, quien había sido candidato presidencial en la elección de 1950, cuando ganó Árbenz, el licenciado Juan Córdoba Cerna, el coronel Roberto Barrios Peña y el coronel Carlos Castillo Armas. Desde un principio, el general Ydígoras Fuentes fue tajante al rechazar categóricamente la posibilidad de estar al frende de una invasion a Guatemala y todo parecía indicar que el escogido sería el licenciado Córdova Cerna, porque contaba con fuerte apoyo del sector económico y también del dictador dominicano; sin embargo, entre Peurifoy y Coronado Lira lograron que se firmara el llamado “Pacto de San Salvador” en el cual se impuso como jefe de la invasión al coronel Carlos Castillo Armas.

La noche del 27 de junio de 1954, “el soldado del pueblo” renunció sorpresivamente de la Presidencia de la República con con un largo discurso plañidero que le escribió José Manuel Fortuny, su más cercano consejero y Secretario general del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista), y en vez de encabezar a los obreros y campesinos que le apoyaban y defender la soberanía nacional que estaba siendo mancillada por las tropas invasoras, solicitó asilo politico en la embajada de México para él, su esposa y dos de sus tres hijos, Leonora y Jacobito, porque la mayor, Arabella, estaba estudiando en Canadá. Es verdad que ya sabía que el Ejército ya lo había traicionado porque después de que envió al coronel Anselmo Getellá, Inspector General del Ejército y uno de sus mejores amigos a investigar cuál era la actitud de los jefes militares, éste regresó a decirle: “Vea centenario, todos me dijeron que usted los traicionó porque se alió con los comunistas y no piensan defender a su gobierno”. Sin embargo, había muchos campesinos, obreros y estudiantes que sí habrían expuesto sus vidas por defender al gobierno. Pero tampoco disponían de armas para ello, porque el gobierno de Estados Unidos no le había vendido armas al gobierno de Guatemala, y unas armas que Árbenz logró comprar en Checoslovaquia, a través del capitán y diputado Alfonso Martínez Estévez, jefe de la Comisión de la Defensa del Congreso, y venían a nuestro país en el barco Alfheim, fueron interceptadas en alta mar por la armada USA y desprovistas de una parte esencial para que funcionaran. En la misma embajada de México se asilaron también muchos de sus colaboradores, partidarios y amigos, y todos se vieron obligados a permanecer hacinados en ella largo tiempo porque el gobierno de Castillo Armas rehusaba otorgarles el correspondiente salvoconducto para que pudiesen abandonar el país y viajar a México. Y, como es bien sabido, cuando por fin se le concedió el salvoconducto, en el aeropuerto “La Aurora” unos badulaques y cobardes “liberacionistas” les obligaron a desnudarse para comprobar si no estaban sacando dinero o las joyas que el gobierno había comprado para que las luciera la “primera dama”, las cuales estaban depositadas en la bóveda del Banco de Guatemala, donde permanecieron hasta que el presidente Ramiro Deleón Carpio (atinadamente apodado “huevos tibios”), a pesar de haber sido informado de que habían sido compradas con dinero del Estado.

Creo necesario dejar claro que Árbenz no renunció a la Presidencia de la República por temor a ser derrotado por el incipiente “ejército” irregular que comandaba el coronel Castillo Armas, ni tampoco a que hubiese decaído tanto su popularidad en el país, sino porque sus viejos compañeros de armas no quisieron defenderlo por la actitud del embajador de Estados Unidos y el rechazo a la ingerencia que venían tomando en el gobierno los marxistas guatemaltecos que, encabezados por José Manuel Fortuny, Alfonso Bauer Paiz, Víctor Manuel Gutiérrez, Carlos Manuel Pellecer, Alfredo Guerra Borges, Mario Silva Jonama, los hermanos Alvarado Monzón y otros, gozaban de toda la confianza del gobernante y de su esposa, la adinerada burguesa salvadoreña María Cristina Villanova de Árbenz, quien era simpatizante de la izquierda y muy influyente con su marido, aunque no creo que haya sido tanto como lo es ahora la señora Sandra Torres Casanova de Colom, esposa del actual mandatario. En ese orden de ideas, hay que reconocer que por una parte fue exagerado el temor del Departamento de Estado y de la CIA de EE.UU. y de los anticomunistas de Guatemala, dirigidos por Mario Sandoval Alarcón y sus partidarios del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), al decir que Guatemala era “cabeza de playa del comunismo internacional”, pero por la otra fue verdad que el gobierno estaba siendo infiltrado –y me atrevo a decir que dominado– por varios elementos nacionales de ideología marxista, así como también por algunos internacionales, como la comunista chilena Virginia Bravo Letelier, el comunista salvadoreño Abel Cuenca, y el comunista hondureño Mario Sosa, entre otros que habían integrado la “Legión del Caribe” y después del fracaso del intento de invasión a la República Dominicana, por Cayo Confites, para derrocar al sanguinario dictador generalísimo Héctor Leónidas Trujillo (1891-1931), que estuvo 30 años en el poder a partir de 1930 a 1938, y de nuevo de 1942 a 1952; habiendo gobernado en forma indirecta durante los periodos 1938-1942 y 1952-1961, valiéndose de presidentes títeres. Conocido como “El Jefe”, su tiranía históricamente conocida como la Era de Trujillo es considerada una de las más sangrientas del siglo XX. Estuvo caracterizada por el anticomunismo que tendía a cuidar su coexistencia pacífica con el gobierno de Estados Unidos. Pero deseo establecer para conocimiento de la posteridad que no era verdad que el coronel Árbenz fuese comunista, ni tampoco lo fue su esposa, María Cristina Villanova, aunque pudiesen tener evidente antipatía por la United Fruit Company y por la política exterior del gobierno de Estados Unidos, y probablemente simpatía por Carlos Marx y la URSS, pero no conocían el marxismo, ni tenían la suficiente inteligencia, preparación y calidad intelectual para asimilar esa ideología. Si acaso, fueron simpatizantes, diletantes o aprendices del marxismo. Pero nada más. Aunque es verdad que José Manuel Fortuny ejercía una gran influencia sobre ellos.
la represión de toda oposición y por el culto a la personalidad. Sus defensores destacan como aspectos positivos del régimen la restauración del orden público y el progreso económico del país. A Trujillo se le atribuyen incontabls crímenes, como el de las hermanas Mirabal, del escritor y profesor español de la Universidad de Columbia (Nueva York) Jesús de Galíndez, autor del libro titulado “La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana”, donde se denunciaba el régimen del dictador dominicano y se ponía de manifiesto que su hijo Ramfis no era biológicamente hijo del dictador, sino era hijo del primer matrimonio de la esposa de Trujillo; Galíndez fue secuestrado el 12 de marzo de 1956 del apartamento 15-F del edificio situado en el número 30 de la Quinta Avenida de Nueva York y llevado por la fuerza en una avioneta de la Fuerza Aérea Dominicana a Santo Domingo, donde fue asesinado personalmente por Trujillo. Fue dado oficialmente por muerto el 30 de agosto de 1963, pero su cadáver nunca apareció. Según el FBI, en la preparación, secuestro y encubrimiento del crimen participaron un total de 35 personas. La CIA, antes de hacerse pública su desaparición registró minuciosamente el apartamento. Según Stuart McKeever, abogado norteamericano que lleva más de 25 años estudiando el caso, Trujillo se gastó más de un millón de dólares para liquidar a Galíndez, contratando a John Joseph Frank, ex agente del FBI y agente de la CIA quien planificó todo el proceso del secuestro en territorio dominicano; Trujillo, que había colaborado económicamente en las campañas electorales estadounidenses en favor de los candidatos anticomunistas Richard Nixon cuando era vicepresidente de Eisenhower, y del tristemente famoso senador de Michogan Joseph McCarthy, hizo “desaparecer” a todos los testigos de ese suceso, incluido a Gerald Lester Murphy, piloto americano de la avioneta que trasladó a Galíndez de vuelta a la República Dominicana, el cual tenía relación con un Senador estadounidense que junto con el “The New York Times” presionaron para el esclarecimiento de los hechos;  y muchos otros miles de crímenes más, en los cuales estuvo involucrado Abbes García. Trujillo siempre mostró preocupación por la inmigración haitiana a República Dominicana, desarrollando una política de discriminación racial en el país. El antihaitianismo iba dirigido, por supuesto, a los habitantes del país vecino e incluyendo a los dominicanos de piel significativamente oscura. En octubre de 1933 viaja a Haití para reunirse con Sténio Vincent, presidente del país en ese entonces. Trujillo le propuso a Vincent revisar el acuerdo anterior de 1929 con relación a los límites de la frontera entre Santo Domingo y Haití, Vincent aceptó, y en marzo de 1936 ambos presidentes firmaron dicho acuerdo, estableciendo así nuevos límites en la frontera. Desde el 28 de septiembre al 8 de octubre de 1937 Trujillo decidió el genocidio de entre 15 y 20 mil haitianos que vivían en la zona fronteriza con Haití en un evento conocido como “Masacre del Perejil”, en la que tropas del ejército dominicano mataron a miles de haitianos. El hecho intentó ser justificado, con el pretexto de temer infiltraciones, pero en realidad fue una represalia del dictador al creer que el gobierno haitiano cooperaba con un plan de exiliados dominicanos que buscaban derrocarlo. Sin embargo entre los diversos factores que provocaron la matanza, uno de los principales lo fue también la aspiración trujillista de “blanquear” la raza en la isla en las Antillas que comparten Haití y la Dominicana. El 22 de diciembre de 1958, en la frontera dominico-haitiana entre Jimaní y Malpasse, el dictador Trujillo y el dictador Duvalier firmaron un acuerdo de mutua protección. El acuerdo establecía entre otras cosas que ninguno de los dos gobiernos permitiría en sus respectivos territorios actividades subversivas en contra de alguno de ellos, ni que los exiliados políticos realizaran propaganda sistemática incitando al empleo de la violencia en contra de sus estados.

También se le atribuye haber participado en el asesinato del coronel Castillo Armas por medio de su sanguinario jefe del Sistema de Inteligencia Militar (SIM) coronel Johnny Abbes García (1924-1967), su principal sicario, quien por entonces era Agregado militar a la Embajada de la República Dominicana en Guatemala. El embajador era un señor de apellido Rovirosa (nada que ver con mi amigo, el famoso playboy Porfirio Rubirosa). Y recuerdo que a medio día del 27 de julio los encontré en el Café Paris, situado en la 6a. avenida entre 10 y 11 calles de la zona central, y cambiamos impresiones sobre la situación de Guatemala. Entre otras cosas, comentaron desfavorablemente un discurso que había pronunciado horas antes el presidente Castillo Armas ante miembros de la iniciativa privada, en el que se pronunció en favor de que se tomaran medidas para mejorar la situación de las clases media y baja, el cual había causado malestar entre las filas de la derecha recalcitrante. Para terminar esa crítica dijeron que esa situación no iba a durar mucho tiempo y me dieron a entender que Castillo Armas tendría que dejar el poder. Pero mi sorpresa fue enorme cuando pocas horas más tarde me enteré que “el caudillo de la liberación” había sido asesinado esa noche en Casa Presidencial. Y por esas cosas de la vida, a la hora del crimen yo iba pasando casualmente frente a Casa Presidencial y ví que salía corriendo el coronel José Trinidad Oliva, quien era sabido que actuaba bajo la dirección del generalísimo Trujillo.

Trujillo murió asesinado a balazos el 30 de mayo de 1961, en la carretera Santo Domingo-San Cristóbal, el auto en el que viajaba fue ametrallado en una emboscada, recibió más de 60 impactos de balas de diversos calibres, de los cuales siete dieron en su cuerpo causándole la muerte; su chofer recibió varios impactos, pero no perdió la vida, aunque los ajusticiadores lo dieron por muerto.  Las armas con las que lo mataron fueron proporcionadas por la CIA y habían sido ocultadas por un ciudadano estadounidense, contactado por la CIA bajo el nombre en clave de “Héctor” y residente en la Dominicana desde 1942. Stocker rehusó la remuneración de la CIA por sus esfuerzos, aduciendo su convicción moral. Las armas fueron ocultadas por más de dos meses, a riesgo personal y de su familia, dentro de un armario pequeño en su estudio, en su residencia privada, ya demolida, ubicada en un solar en el lado del sur de la Avenida Independencia, próximo a la avenida Principal Máximo Gómez.y asumió la Presidencia dominicana el doctor Joaquín Balaguer, quien había sido uno de los colaboradores de Trujillo. Tan pronto asumió la Presidencia, Balaguer envió a Abbes García de Embajador al Japón, pero éste no se sentía contento lejos del Caribe y regresó a Haití para ponerse a las órdenes del dictador y presidente vitalicio de Haití doctor François Duvalier apodado “Papa Doc”, quien en 1957 había sido electo presidente constitucional de Haití para un período de 6 años, pero en 1964 se convirtió en dictador en calidad de presidente vitalicio con poderes omnímodos hasta su muerte, en 1971. Abbes García se puso a sus órdenes en calidad de asesor de seguridad. Sin embargo, en 1967 Abbes cayó en desgracia con Duvalier y éste ordenó a sus temibles “Tonton macutes” que lo mataran con toda su familia, incluyendo a las mujeres y los niños, para que no quedara con vida ni uno solo de esa familia. Y estos implacables sicarios pusieron una bomba en su casa y no se salvó ninguno de sus ocupantes. Después corrió el rumor de que Abbes se había salvado, pero esto nunca ha sido comprobado. Ni Abbes García reapareció por ninguna parte.

Al renunciar, Árbenz no respetó el mandato de la Constitución de la República en un caso como ese, que habría sido entregar el mando al Presidente del Organismo Legislativo y Congreso de la República, Mayor Marco Antonio Franco, sino que, caprichosamente, declaró que le dejaba el mando del país a su amigo el Jefe de las Fuerzas Armadas, coronel Luis Enrique Díaz de León (apodado “Pollo Triste”). Pero al día siguiente éste fue visitado sin cita previa por el embajador Peurifoy quien llegó a decirle que Estados Unidos le apoyaría y le proporcionaría varios millones de dólares para que comenzara su gobierno, pero con la condición de que inmediatamente ordenara la captura de un buen número de personas sospechosas de ser comunistas, que estaban en una larga lista que le entregó. El coronel Díaz tuvo la dignidad de rechazar la petición y de responderle: “Embajador, ¿por qué mejor no trae la bandera de las barras y las estrellas para enarbolarla en el asta principal del Palacio Nacional? ¡Yp no voy a aceptar esa condición que me impone!”. A lo que el impertinente “diplomatico” yanqui contestó: “Bueno, pues en ese caso prepare sus maletas, coronel, porque vamos a nombrar a su suceror”. ¡Y así fue! El mismo día fue nombrado el coronel Élfego H. Monzón seguido de cuatro triunviratos militares que se sucedieron, en la mayoría de los cuales estuvo también el coronel Élfego H. Monzón, y en otros los coroneles  José Luis Cruz Salazar, José Trinidad Oliva y Mauricio Dubois. Hasta que finalmente llegó el coronel Carlos Castillo Armas y se hizo cargo del poder hasta el día que fue asesinado. De más está decir que con su comportamiento intervencionista Peurifoy violó lo estipulado en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, lo cual no fue de extrañar porque cuando fue embajador en Grecia, antes de venir a Guatemala, mereció el calificativo de “Carnicero”. Sin embargo, al ser trasladado a Tailandia, después de haber estado aquí, fue asesinado el 12 de agosto de 1955 en una emboscada que le tendieron en carretera cercana a Bangkok, en Tailandia, junto con su hijo de 9 años de edad.

Volviendo a Diego Rivera, además de haber sido un gran pintor y uno de los íconos del muralismo mexicano, junto con el capitán José David Alfaro Siqueiros (1896-1974), José Clemente Orozco (1883-1949) y Rufino Tamayo (1899.1991), Diego Rivera fue uno de los fundadores del Partido Comunista Mexicano, pero fue expulsado del mismo porque no era partidario de Jósif Vissariónovich Djugashuvili, quien adoptó el nombre Íosif (José) Stalin (1878-1953), sino era partidario de Lev Davidovitch Bronstein (1879-1940), líder revolucionario ucraniano hebreo-ruso que adoptó el nombre de Leon Trotsky, quien había sido el segundo de la Revolución bolchevique-leninista durante el período que Vladimir llich Uliánov, ampliamente conocido como Lenin, mientras gobernó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y designó a Trotsky para que fuese su sucesor, pero cuando Lenin murió, el 21 de enero de 1924, Stalin se adueñó del poder por la fuerza y persiguió a Trotsky para asesinarle, por lo que éste tuvo que huir y anduvo errante por varios países de Europa hasta que se refugió en México gracias a la hospitalidad que le brindó el presidente de ese país, general Lázaro Cárdenas del Río, a solicitud de los pintores comunistas Diego Rivera y Frida Kalho. Cuando Trotsky llegó a México fue recibido con una manifestación hostil, encabezada por el dirigente obrero y destacado politico izquierdista Vicente Lombardo Toledano, y el 24 de mayo de 1940 sufrió un atentado con armas de fuego de parte de un grupo de comunistas estalinistas, entre quienes se encontraba el pintor, muralista y capitán del ejército de la Revolución David Alfaro Siqueiros; hasta que, finalmente, fue asesinado en su casa, en Coyoacán, a las 18:48 horas del 20 de agosto de 1940, con un golpe de piolet (pequeña piocha) en la region occipital del cráneo que le causó una herida de 7.5 centímetros, por el comunista español Ramón Mercader, miembro del Servicio Secreto Soviético, (KGV) quien también se hacía llamar Jacques Menard y Frank Jackson, y para acercarse al dirigente ruso, se hizo novio de la asistente de Trotsky, Silvia Ageloff.

En 1927, a los 20 años de edad, Frida Kahlo se inscribió en el partido comunista porque desde hacía varios años tenía esa inclinación ideological, la cual aumentó considerablemente cuando comenzó a relacionarse con Diego Rivera (a quien admiraba desde hacía mucho tiempo) en occasion de que él estaba pintando un mural en la Secretaría de Educación y ella llegaba a ver el progreso de su obra. El 21 de Agosto 1929, a los 22 años de edad, Frida se casó con Diego Rivera, de 42 años de edad. Poco después comenzó su viaje de tres años por los Estados Unidos de América, principalmente San Francisco, Nueva York y Detroit. No obstante ser comunista, y como tal opositor al capitalismo, Diego Rivera era admirador de la forma de vida en la Federación Americana, donde cobraba elevadas cantidades de dólares por sus pinturas murales.

Algún tiempo después, Frida Kahlo y Diego Rivera se divorciaron debido a las constantes infidelidades de ambos, ya que mientras Diego tenía una relación amorosa con Cristina Kahlo, hermana menor de Frida, ésta por su parte había tenido relaciones sexuales con Trotsky y las seguía teniendo tanto con hombres como con mujeres. Sin embargo, algún tiempo más tarde acuerdan que seguirán viviendo juntos, pero en forma platónica y  en 1948, cuando ella tenía 41 años de edad y él 61 volvieron  a ser admitidos en el partido Comunista Mexicano y Diego comienza una relación amorosa con la estrella de cine más famosa de México, María Félix, a quien pintó varios retratos totalmente desnuda. Yo tuve la oportunidad de ver uno de estos que pertenecía al doctor José Álvarez Amézquita, Secretario de Salubridad Pública en 1960, durante el régimen del presidente Adolfo López Mateos y padrastro de las guapas actrices cinematográficas Linda Christian, en Hollywood, que fue esposa del actor Tyrone Power, con quien tuvieron dos hijas: Romina Francesca Power, nacida en 1951, que se hizo cantante y radica en Italia y Taryn Stephanie Power, nacida en 1953. Romina llegó a ser una relativamente famosa cantante italiana, y Taryn una actriz estadounidense que nunca logró el estrellato; y la hermana menor de Linda era la guapa Ariadna Welter, estrella del cine de México, con quien sostuve un romance muy apasionado, pero tuvo corta duración. Por cierto que cuando Linda Christian y Tyrone Power se divorciaron, ella causó un escándalo al declarar que Tyrone era gay y tenía relaciones homosexuales con el actor César Romero.

A pesar de sus graves y sumamente dolorosos problemas causados por la ruptura de la pélvis y dos vértebras fuera de lugar que le dejó un accidente del choque de un tranvía contra una camioneta en la que viajaba en la Ciudad de México y que eventualmente los médicos tuvieron que amputarle la pierna derecha por debajo de la rodilla debido a una severa infección de gangrena, Frida continuó pintando, pero esto la sumió en una profunda depresión que la llevó a intentar el suicidio varias veces.

Frida Kahlo murió en Coyoacán el el 13 de julio de 1954, a los 47 años de edad, pero once días antes de su muerte, aún en ese estado tan lamentable, con la ayuda de una prótesis y un bastón, apoyándose en Diego Rivera, el 2 de julio de 1954 marchó a la cabeza de una manifestación compuesta en su mayoría por comunistas y simpatizantes de Jacobo Árbenz, protestando por la intervención de la CIA y la UFCo. en Guatemala. Dicha manifestación fue multitudinaria, compuesta de por lo menos 5,000 personas. Me consta, porque entre ellos íbamos guatemaltecos que no éramos comunistas, entre ellos mi recordado amigo  “el Ciudadano” Jorge Toriello Garrido, uno de los miembros del Triunvirato Revolucionario que se hizo cargo del gobierno de la República el 20 de octubre de 1944, quien se encontraba casualmente en México, y el autor de estas líneas, que por entonces era estudiante universitario y tenía 25 años de edad y había tenido que buscar asilo en México después de huir de Washington, D.C. cuando Árbenz renunció, o fue derrocado.

La muerte de Frida se debió a una embolia pulmonar, y fue velada en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, pero no se le hizo autopsia y su féretro fue cubierto con la bandera roja del Partido Comunista mexicano, lo cualque fue muy criticado por la prensa mexicana. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas se guardan en un recipiente en la llamada “Casa Azul” de Coyoacán, donde nació, que ahora es un museo de sus obras.

Para terminar hoy con este tema, me sumo categóricamente a quienes no están de acuerdo en que el gobierno, que encabezan Álvaro Colom y su esposa, Sandra Torres Casanova de Colom, vaya a gastar Q1.5 millones para traer a exhibir esa pintura caricaturesca del muralista mexicano Diego Rivera. Me parece un gasto excesivo y demasiado oneroso en tiempos de crisis. Mientras hace falta dinero para comprar medicinas en los hospitales, mientras hay que reconstruir todo lo que ha destruído la furia de la Naturaleza. ¡Sería una excentricidad! Pero no me entrañaría que detrás de todo esto estén los comunistas que fueron integrantes de las fuerzas subversivas guerrilleras durante la confrontación armada de varias décadas de duración. Particularmente los ex comandantes de las guerrillas que están ocupando cargos importantes en el equipo del gobierno actual, algunos de los cuales son denominados “los peludos”. Y no me extraña que hasta el vicepresidente de la República, doctor Rafael Espada, esté apoyando que se traiga esa obra para conmemorar la gesta del 20 de octubre, sin percatarse de que lo que realmente van a conmemorar es la entrada triunfal del coronel Carlos Castillo Armas a la cabeza de su “ejército de liberación nacional”. Pero se dice que cuando viajó a Rusia el Presidente Colom fue informado que esta caricatura había llegado a la URSS después de haber estado perdida en Polonia, y la tenían abandonada en la bodega del Museo de La Hermitage hasta que fue descubierta y trasladada al museo Pushkin por lo que él solicitó que la prestaran a Guatemala para ser exhibida durante la conmemoración del 20 de octubre. Les recuerdo que yo reproduje esta caricatura en el blog que publiqué el 3 de junio del 2007, cuando se conmemoró el derrocamiento de Árbenz y la entrada a la capital del denominado “Ejército de Liberación Nacional” encabezado por el coronel Carlos Castillo Armas, quien murió asesinado de un balazo en la cabeza mientras se dirigía a cenar en el comedor en la propia Casa Presidencial.

2. También hay una buena noticia

Probablemente ustedes habrán notado que en el noticiario del canal de cable Guatevisión no había vuelto a aparecer la guapísima presentadora del Estado del Tiempo Marisol Padilla, y un buen número de sus admiradores estábamos complotando para organizar una manifestación pacífica para bloquear todas las vías de comunicación del país, con pancartas y mantas alusivas con la foto del Ché Guevara y toda la parafernalia acostumbrada, para amenazarles con tomar “medidas de hecho” contra la empresa de Prensa Libre, propietaria de ese canal y, en lo personal, en contra del director de dicho noticiario, mi viejo amigo y valioso periodista Haroldo Sánchez, ampliamente conocido nacional e internacionalmente como “el señor de los anillos”; y entre las medidas extremas que teníamos planeadas si acaso no reaparecía pronto Marisol Padilla, estaba despojarle de los diez anillos que usa en igual número de dedos de sus manos. Pero, por fortuna, antes de comenzar a desarrollar ese plan, descubrimos que tan admirada mujer estaba ausente porque había viajado a Los Ángeles, California, invitada por  la Comunidad Centroamericana de California (COFECA), junto con otra presentadora que también es muy guapa, que se llama Massiel Carrillo, para participar en el tradicional “Desfile de la Hispanidad” que tiene lugar en ocasión de las fiestas patrias. Como podrán ver ustedes en esta fotografía obtenida gracias a los buenos oficios de un hábil paparazzi que me cobró una pequeña fortuna por esta fotografía. Por cierto que a waw mismo desfile fue invitado hace algunos años Álvaro Arzú, cuando era Presidente de la República.

Marisol Padilla en evento

Ni lentos ni perezosos, estos dos obesos sheriffes se acercaron a nuestras guapas compatriotas Marisol Padilla y Massiel Carrillo, supuestamente para protegerlas, pero por fortuna ellas fueron más listas que ellos y no les permitieron tomarse ninguna confianza.

Y a continuación vean ustedes dos fotos que tomé de la primera reaparición de la escultural Marisol Padilla, luciendo un vestido nuevo de color azul que le queda muy bien. Como comprenderán, esta foto y la siguiente las tomé yo mismo a la pantalla del televisor. ¡Gócenlas ustedes también!

Marisol Padilla

Acercamiento a Marisol Padilla viendo hacia el sur en su segunda reaparición

Marisol Padilla

Otro acercamiento a Marisol Padilla en su segunda reaparición, pero esta vez viendo hacia el norte

¡Vea hacia donde sea, es innegable que Marisol Padilla tiene un perfil sensacional!

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