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MARIO VARGAS LLOSA, NOBEL DE LITERATURA 2010

Sábado, Octubre 9th, 2010

Mario Vargas Llosa, nombre que ha usado como escritor el peruano Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, nacido en Arequipa (Perú) el 28 de marzo de 1936, y está considerado como uno de los más importantes novelistas y ensayistas contemporáneosen lengua española, ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2010 “por su cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota” cuenta también en su haber con el Premio Cervantes de las Letras (1974) y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986), entre otros. Vargas Llosa alcanzó la fama en la década de 1960 con novellas como La Ciudad de los Perros (1962), La Casa Verde (1965) y Conversaciones en la Catedral. Aún continúa escribiendo prolíficamente en una serie de géneros literarios, incluyendo la crítica y el periodismo. Entre sus novelas se cuentan comedias, novelas policiacas, novelas históricas y políticas. Varias de ellas, como Pantaleón y las visitadoras (1973) y La tía Julia y el escribidor (1977), han sido adaptadas y llevadas al cine. Muchas de las obras de Vargas Llosa están influenciadas por la percepción del escritor sobre la sociedad peruana y por sus propias experiencias como peruano; sin embargo, de forma creciente ha tratado temas de otras partes del mundo. La mayor parte del tiempo desde 1958 ha residido en Europa, entre España, Francia y Gran Bretaña, por lo que en su obra se percibe también una fuerte influencia europea.

Al igual que otros autores latinoamericanos, Vargas Llosa ha sido políticamente activo a lo largo de su carrera, entre lo que sobresale el haber sido candidato a la presidencia del Perú en 1990 por el partido de centro derecha Frente Democrático (FREDEMO). En 1993, a sus 57 años de edad, adoptó la nacionalidad española.

Tras conocer y confirmar la noticia, en las primeras declaraciones que dio a la prensa, el laureado autor ha afirmado que “es una gran alegría” que comparte “con tantos amigos”. “Gracias a ustedes por felicitarme y por tenerme siempre cerca. En el momento de recibir la noticia, Vargas Llosa se encontraba en Nueva York, impartiendo un curso en la Universidad de Princeton sobre el poeta y escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986). “Cuando nos llamaron, a Patricia (su esposa) le pareció que podía ser una broma”, fue lo primero que comentó. Sin embargo, el prolífico escritor se reconoció “muy conmovido y entusiasmado”, porque el premio supone un “reconocimiento a la lengua española”. También ha señalado que es “un estímulo fantástico”. “Creía que había sido completamente olvidado por la Academia, ni siquiera sabía que el Nobel se entregaba este mes”, declaró a una agencia noticiosa sueca.

El Premio Nobel de Literatura 2010 fue celebrado de forma unánime por escritores y editores españoles e hispanoamericanos que asisten a la Feria del Libro que actualmente se celebra en Francfort, Alemania las felicitaciuones recibidas por el escritor, procedentes de todos los rincones del mundo está la del Presidente de Perú, Alan García, que se ha referido al galardón de su compatriota como “un acto de justicia”. “El mundo reconoce la inteligencia y la voluntad libertaria y democrática de Vargas Llosa y es un acto de justicia enorme que en verdad esperábamos desde nuestra juventud”, afirmó García en una entrevista.

Las razones que dio la Academia para otorgarle el codiciado premio fueron: “Por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. El próximo 10 de diciembre recibirá el premio de manos del rey de Suecia en el auditorio de Estocolmo. Antes de eso, el 3 de noviembre la Editorial Alfaguara publicará su nuevo libro, El sueño del celta, un apasionante relato novelesco sobre las denuncias del consul británico Roger Casement (1864-1916), que investigó las atrocidades del gobierno de Leopoldo II de Bélgica durante la colonización del Congo y la violencia contra los recolectores de caucho en el Amazonas.

En agosto del año en curso, Vargas Llosa declaró al periódico español El País en la entrevista en la que hablaba extensamente sobre su nueva novela: “Pensar en el Premio Nobel es malo para el estilo, tardío o no”. Y agregó: “Siempre me ha angustiado mucho la idea de esos escritores que pierden el fuego, se callan”, dijo también respecto a la tendencia de algunos escritores consagrados a convertirse en monumentos de sí mismos. “Me sentiría muy desgraciado si no pudiera trabajar. Con el tiempo se pierden capacidades, me temo que sí, pero hay que mantener la lucidez y el espíritu crítico. Perder el espíritu es una enfermedad en la que caen muchos escritores. Es como volverse una estatua en vida”.

Miembro de la Real Academia Española, Vargas Llosa atesoraba ya todos los premios importantes de su idioma, entre ellos el Cervantes al Príncipe de Asturias. Después de años de sonar como favorito en todas las quinielas del Nobel, el escritor peruano ha visto recompensada una trayectoria que incluye clásicos de la literatura contemporánea como La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) o Conversación en La Catedral (1969) y La Fiesta del Chivo, sobre el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, sanguinario dictador de la República Dominicana durante 31 años, publicada en el año 2000 que fue llevada al cine de la mano de su primo Luis Llosa en la película homónima. En mayo de 2006, presentó su novela Travesuras de la niña mala.

Un intelectual comprometido

Cuando en 1959, con 23 años, llegó desde Lima a Madrid con los cuentos de Los jefes y una beca para obtener el doctorado en la Universidad Complutense, Vargas Llosa se convirtió en un ciudadano del mundo que hoy tiene casas en las capitales de Perú y España, después de haber vivido en Barcelona, París y Londres. Además, la lista de sus intereses es tan extensa como el kilometraje que registra su pasaporte. Nadie más alejado de la tópica torre de marfil que el nuevo premio Nobel. Así, si su devoción por Thomas Mann le llevó a estudiar alemán en Berlín, su pasión por el fútbol no le ha hecho olvidar el orgullo que sintió el día que, siendo niño, saltó a la cancha del Estadio Nacional para vestir la camiseta del Universitario contra el eterno rival, el equipo Alianza Lima.

En un bar de la calle Menéndez y Pelayo, de Madrid, cercana a su pensión, “El Jute”, el entonces estudiante peruano pasaba las tardes escribiendo La ciudad y los perros, la novela que se convirtió en un hito del boom latinoamericano y que inició un camino que en el próximo diciembre culminará en Estocolmo. Medio siglo después, aquel muchacho inquieto es un intelectual que no ha perdido un ápice de su inquietud. Lo mismo acude los jueves a las reuniones de la Real Academia Española que visita el Museo del Prado, polemiza con los defensores de los populismos latinoamericanos o subraya el descubrimiento de un nuevo libro -de Irene Nemirovsky, Javier Cercas o Héctor Abad- desde las páginas de un periódico.

Si Vargas Llosa hubiera decidido ocuparse en exclusiva de cultivar su propia obra nadie se lo hubiera reprochado. En los últimos tres años, sin embargo, alternó la escritura de El sueño del celta con la lectura minuciosa de la narrativa completa de Juan Carlos Onetti. De allí saldría un ensayo dedicado al autor uruguayo, El viaje a la ficción. Esa misma generosidad la había demostrado ya, 40 años atrás, al escribir Historia de un deicidio, uno de los libros de referencia sobre Gabriel García Márquez. Pese al enigmático episodio que rompió la amistad entre ambos escritores, Vargas Llosa incluyó ese título en sus obras completas, todavía en curso de publicación por el Círculo de Lectores.

Que este mismo año, siendo un abuelo de 74 años, se estrenara como autor de literatura infantil -con Fonchito y la luna (de Editorial Alfaguara)- indica la capacidad de asombro y de trabajo de un hombre capaz de viajar al Congo para documentarse para su nueva novela y, de paso, como un reportero más, denunciar el atroz comportamiento del colonialismo en África.

Era tal la devoción del Vargas Llosa joven por el escritor existencialista francés Jean Paul Sartre que sus amigos bromeaban con él llamándolo “el sastrecillo valiente”. Años después, y lejos ya del pensador francés (que, por cierto, rechazó el Premio Nobel), el escritor hispanoperuano sigue siendo un intelectual comprometido en el más estricto sentido de la palabra. Liberal hasta el punto de ser tildado de conservador, Vargas Llosa tenía, cada vez que se manifestaba públicamente, mucho que perder, empezando por el Premio Nobel de Literatura.

Asiduo colaborador de varios periódicos que se publican en español, Vargas Llosa ha destacado también como intelectual y ensayista, tanto en el ámbito político como en el literario. Igual de clásicos que sus novelas son los estudios que ha dedicado a la obra de autores como Flaubert, Joanot Martorell (autor de Tirant lo Blanc), Juan Carlos Onetti o Gabriel García Márquez. Este último era hasta hoy el representante en el palmarés del Premio Nobel que recibió en 1982 del llamado boom de la literatura latinoamericana, un fenómeno alimentado por grupo de autores que en los años sesenta revolucionó las letras en español. Desde hoy hay otro nombre en esa lista: Mario Vargas Llosa.

El último autor en lengua española galardonado con el Premio Nobel fue en 1990 el poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y gran impulsor de las letras mexicanas Octavio Paz (1914-1998), que sucedió en el galardón al español Camilo José Cela, (1916-2002), un autor enormemente prolífico como novelista, periodista, ensayista, editor de revistas literarias, conferenciante, fue académico de la Real Academia Española y galardonado, entre otros, con elPremio Nobel de Literatura en 1989, el Premio Cervantes en 1995 y el Premio Príncipe de Asturas de Letras en 1987. Por sus méritos literarios, en 1996 se le otorgó el Marquesado de Iria Flavia. El mismo año en que ganó Octavio Paz, Vargas Llosa se encontraba inmerso en la aventura política que le llevó a ser candidato a la presidencia de Perú. Aquella peripecia concreta, mezclada con sus memorias, dio lugar al libro El pez en el agua (1993).

Vargas Llosa, en detalle

Mario Vargas Llosa nació en Arequipa (Perú), el domingo 28 de marzo de 1936. Pasó parte de su infancia en Bolivia y trabajó de periodista antes de viajar a España para estudiar literatura. Se convirtió en un referente literario en los sesenta, con el boom de la literatura latinoamericana. Ha abordado varios géneros, como la comedia, novela negra, literatura erótica, novela histórica y crítica literaria. Apoyó la revolución cubana, pero en los setenta, defensor del pensamiento liberal, se posicionó radicalmente en contra de la dictadura comunista de Fidel Castro. Comprometido con su país, fue candidato presidencial por el centro derecha con un programa orientado a luchar contra los males endémicos de Perú como la violencia terrorista y la mala situación económica. Perdió contra el candidato Alberto Fujimori. Tras su derrota electoral se trasladó a España, lo que causó desencanto entre muchos peruanos. El cine ha adaptado varias novelas de Vargas Llosa como La tía Julia y el escribidor, (Tune in tomorrow, 1990) con Barbara Hershey, Peter Falk y Keanu Reeves. Ha recibido diversos galardones internacionales, entre los que destacan el Premio Internacional de literatura Rómulo Gallegos en 1967, el Premio Cervantes en 1994 y el Premio Ortega y Gasset de periodismo en 1999. Además, ha sido investido doctor honoris causa por las universidades de Oxford y Harvard, entre otras.

Vargas Llosa es el sexto escritor latinoamericano que recibe este codiciado premio que está acompañado de 10 millones de coronas suecas, equivalentes a 1,1 millones de euros o US$790.070 y a Q8 millones 800 mil. Los anteriores recipientarios del premio Nobel de literatura han sido:

En 1945, la poetisa, pedagoga y diplomática chilena Gabriela Mistral, nacida en 1889, fue una de las principales figuras de la literatura Latinoamericana de la época, y la primera mujer americana en ganar el premio Nobel de literatura. Falleció en Nueva York en 1957.

En 1967, el escritor, poeta, periodista y diplomático guatemalteco Miguel Ángel Asturias, nacido en 1899. Recibió el Premio Lenin de la Paz en 1965 y dos años más tarde el Premio Nobel de literatura. Falleció en Madrid en 1974.

En 1971, el poeta y activista político chileno de ideología comunista Pablo Neruda seudónimo que usó Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, nacido en Parral, 1904, reconocido como uno de los más grandes poetas del siglo XX. Falleció en Santiago de Chile en 1973.

En 1982, el escritor y periodista Gabriel García Márquez, familiarmente llamado Gabo, nacido en Aracataca (Magdalena), Colombia, el 6 de marzo de 1927, es considerado uno de los más destacados novelistas de habla hispana de todos los tiempos.

En 1990, el poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano Octavio Paz, nacido en 1914 y fallecido en la ciudad de México el 19 de abril de 1998, considerado uno de los escritores más grandes del siglo XX.

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2.- Como siempre brillante, el periodista y escritor cubano Carlos Alberto Montaner publica hoy en elPeriódico el siguiente artículo que voy a permitirme reproducir:

Un Nobel para la libertad

Premiaron al novelista vivo más notable de la lengua española.

Carlos Alberto Montaner*

La Academia Sueca explicó extrañamente el Premio Nobel de Literatura otorgado a Mario Vargas Llosa: por su “cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Menudo galimatías. Mucho más sencillo era haber declarado que premiaban al novelista vivo más notable de la lengua española.
A Mario lo sorprendió la noticia en la Universidad de Princeton, donde dicta un curso este semestre. Óscar Haza, periodista dominicano de Miami, le hizo la primera entrevista tras la concesión del Nobel. Estábamos en el aire, junto a su hijo Álvaro, celebrando el triunfo cuando lograron comunicarse. A Mario se le había olvidado que por estas fechas los académicos suecos seleccionan al ganador. Siempre madrugador y cuidadoso, preparaba su clase cuando recibió la llamada de Estocolmo.

Desde que en 1981 publicó La guerra del fin del mundo merecía este reconocimiento. Probablemente el único galardón importante que no había recibido en la larga lista de premios y distinciones que le han otorgado a lo largo de sus 74 años. En este caso, si moría sin el Nobel de Literatura, habría sido otro fallo imperdonable para una institución que ignoró a figuras como Kafka, Joyce o Borges, mientras premiaba a algunos escritores de menor calado.
Sin embargo, hay un fenómeno extraliterario que agiganta moralmente a Mario Vargas Llosa: la permanente defensa de la libertad que el peruano, junto a su familia han convertido en un leitmotiv. No hay tirano latinoamericano que no haya enfrentado sus críticas. No hay un demócrata perseguido que no encontrase su mano amiga cuando llamó a su puerta. No hay una protesta pública que no lleve su firma si la causa vale la pena. Incluso, creó y preside la Fundación Internacional para la Libertad, en colaboración con el economista argentino Gerardo Bongiovanni, para difundir las ideas en las que cree.

Para los latinoamericanos esto es muy importante. Vivimos en una peligrosa tembladera política en la que la libertad y la democracia siempre penden de un hilo. En el pasado, los militares se apoderaban del Gobierno, pero hoy la amenaza más obvia proviene de mandatarios electos que utilizan su autoridad para desmantelar el Estado de Derecho y convertir el sistema judicial en instrumento para perpetuarse en el poder y perseguir a sus adversarios, como ocurre en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Frente a ellos, por la legitimidad de origen que poseen, gobiernos democráticos e instituciones como la OEA permanecen en silencio, y sólo las protestas encabezadas por grandes figuras consiguen abrirse paso hasta los titulares de los medios de comunicación.

Esta defensa de la libertad le ha resultado muy costosa a Mario Vargas Llosa. Los amigos de las tiranías lo han acusado de haberse vendido a Washington o de agente de la CIA, y no han escatimado los peores agravios y calumnias. Incluso, poner en peligro su vida, como sucedió en Rosario, Argentina, hace dos años, cuando los grupos comunistas más violentos apedrearon e intentaron quemar un autobús en el que viajaba con otros escritores participantes en un seminario organizado por la Fundación Internacional por la Libertad.
¿Qué sucederá con Mario ahora que posee el Nobel? Nada especial, salvo en un aspecto que ha destacado con humor su hijo Álvaro: ya nadie volverá a mortificarlo con la incómoda pregunta de por qué este año no le concedieron el Nobel. Por fin se hizo justicia.  *wwwfirmaspress.com