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EL SUEÑO DE MARTIN LUTHER KING JR:

Viernes, Agosto 30th, 2013

El Reverendo Martin Luther King Jr. dirigiéndose a la muchedumbre el 28 de agosto de 1963 con su emblemático discurso I have a dream (“Yo tengo un sueño”).

No se puede dejar pasar inadvertidamente el trascendental hecho que hace dos días, el 28 de agosto, se cumplieron 50 años de la célebre Marcha sobre Washington Por el Trabajo y la Libertad en la que el Reverendo Martin Luther King Jr. pronunció su emblemático discurso I have a dream (“Yo tengo un sueño”) desde el Monumento a Abraham Lincoln, en pro de la armonía racial entre blancos y negros.  La marcha fue organizada por un grupo de entidades sindicales, religiosas y de derechos civiles, bajo el lema “empleo, justicia y paz”. Las estimaciones del número de participantes variaron entre 200.000 y más de 300.000. Alrededor del 80% de los manifestantes eran afroamericanos y un 20% blancos y otros grupos étnicos. Esta marcha contribuyó a la aprobación de la Ley de los Derechos Civiles (1964) y la Ley al Derecho al Voto (1965) que favoreció a los afroamericanos que hasta entonces eran injustamente discriminados en los Estados Unidos de América.

La muchedumbre de la Marcha sobre Washington se extendió desde el Monumento a George Washington hasta el Monumento a Abraham Lincoln.

El 28 de agosto, más de 2.000 autobuses, 21 trenes especiales, 10 aviones fletados e incontables vehículos se reunieron en Washington. La marcha no se pudo iniciar a tiempo debido a que sus líderes se reunieron con miembros del Congreso. Para sorpresa de los líderes, el grupo comenzó ordenadamente la marcha sin ellos desde el Monumento a Washington hasta el Monumento a Lincoln. La marcha fue iniciada por A. Philip Randolph, quien planeó una marcha similar en 1941. La amenaza de la marcha anterior había convencido al Presidente Franklin Delano Roosevelt para establecer el Committee on Fair Employment Practice, ley federal que prohibía el racismo en el complejo industrial.militar nacional. La marcha de 1963 fue organizada por  A. Philip Randolph, (presidente internacional de la Hermandad de los Conserjes de Coches Cama, presidente del Negro American Labor Council y vicepresidente del AFLO-CIO) James Farmer (presidente del Congreso de Igualdad Racial), John Lewis (presidente del Comité Coordinador Estudiantil No Violento) el Reverendo Martin Luther King Jr. (presidente de la Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), Roy Wilkins (presidente de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), Whitney Young (presidente de la National Urban League). Bayard Rustin, un veterano de los derechos civiles y organizador de la Jornada de la Reconciliación de 1947, administró los detalles de la marcha. La marcha no fue universalmente apoyada entre los afroamericanos. Algunos activistas de los derechos civiles estaban preocupados de que la marcha se pudiera volver violenta, lo que podría minar la legislación pendiente y dañar la imagen internacional del movimiento. La marcha fue condenada por Malcom X, portavoz de la Nación del Islam, que la calificó como la “farsa de Washington”. Los propios organizadores de la marcha discreparon sobre los propósitos de la misma. La NAACP y la Urban League la vieron como un gesto de apoyo a un proyecto de derechos civiles que había sido introducido por la Administración Kennedy. Randolph, King y la Conferencia Sur de Liderezgo Cristiano lo vieron como una manera de alzar los temas económicos y de derechos civiles a la atención nacional más allá del proyecto de los Kennedy. El Comité Coordinador Estudiantil No Violento y el Congreso de Igualdad Racial la consideraron como una forma de desafiar y condenar la pasividad y la falta de apoyo de la Administración Kennedy hacia los derechos civiles de los afroamericanos. Los representantes de cada una de las organizaciones patrocinadoras se dirigieron a la multitud desde el estrado. Los oradores fueron todos los líderes de los derechos civiles del llamado “Big Six”; católicos, protestantes y líderes religiosos judíos; y el dirigente sindical Walter Reuter. La única oradora femenina fue la mundialmente famosa cantante, bailarina y actriz cinematográfica francesa Josephine Baker (nacida en Missouri, Estados Unidos, con el nombre Freda Josephine McDonald). Floyd McKissick leyó el discurso de James Farmer debido a que éste había sido arrestado poco tiempo antes durante una protesta en el Estado de Luisiana; Farmer había escrito que las protestas no debían parar “hasta que los perros dejen de mordernos en el Sur y las ratas dejen de mordernos en el Norte”. El famoso autor y cantante Bob Dylan interpretó varias canciones como “Only a Pawn in Their Game”, cuyo tema habla del asesinato del activista de los derechos civiles Melgar Evers en junio de 1963 y sobre el racismo arraigado en el sistema judicial de Mississippi y en toda la sociedad en el sur de los Estados Unidos que, durante muchos años, permitió al asesino de Evers continuar en libertad. También cantó “When the Ship Comes In”, junto a la famosa cantante de música folk y activista social Joan Baez.

Y el Reverendo Martin Luther King Jr. pronunció su brillante y emblemático discurso I have a dream (“Yo tengo un sueño”), cuyo texto, traducido al español, dijo lo siguiente: “Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país. Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la Emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra. Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Es obvio hoy en día que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia. También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad. Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad. El año 1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás. Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?” Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”. Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador. Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza. Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”. Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. ¡Hoy tengo un sueño! Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas. ¡Hoy tengo un sueño! Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres. Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad. Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso: ! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!” (Fin del discurso I have a dream del Reverendo Martin Luther King Jr.)

Martin Luther King, Jr. nació en Atlanta (Georgia), el 15 de enero de 1929 y murió asesinado en Menphis el 4 de abril de 1968. Fue un pastor de la iglesia bautista que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del Movimiento por los Derechos Civiles para los afroamericanos y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra en Vietnam y la pobreza en general. Fue un admirador de Mahatma Gahndi Por esa actividad encaminada a terminar con la segregación racial estadounidense y la discriminación a través de medios no violentos, en 1964 fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz. Cuatro años después, en una época en que su labor se había orientado especialmente hacia la oposición a la guerra y la lucha contra la pobreza, fue asesinado en Memphis, cuando se preparaba para liderar una manifestación. Luther King Jr., activista de los derechos civiles desde muy joven, organizó y llevó a cabo diversas actividades pacíficas reclamando el derecho al voto, la no discriminación y otros derechos civiles básicos para la gente negra de los Estados Unidos. Entre sus acciones más recordadas están el boicot de autobuses en Montgomery, en 1955; su apoyo a la fundación de la Southern Christian Leadership Conference, en 1957 (de la que sería su primer presidente); y el liderazgo de la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, en 1963, al final de la cual pronunciaría su famoso discurso “I have a dream” (‘yo tengo un sueño’), gracias al cual se extendería por todo el país la conciencia pública sobre el movimiento de los derechos civiles y se consolidaría como uno de los más grandes oradores de la historia estadounidense.2 La mayor parte de los derechos reclamados por el movimiento serían aprobados legalmente con la promulgación de la Ley de los Derechos Civiles y la Ley del Derecho al Voto. King es recordado como uno de los mayores líderes y héroes de la historia de Estados Unidos de América, y en la moderna historia de la no violencia. Se le concedió a título póstumo la Medalla Presidencial de la Libertad por el presidente Jimmy Carter en 1977 y la Medalla de Oro del Congreso de los Estados Unidos en el año 2004. Desde 1986, el Día de Martin Luther King Jr. es día festivo oficial en los Estados Unidos. Martin Luther King fue un admirador y émulo de Mahatma Gandhi y viajó a la India para ver de cerca su movimiento pacífico por la Independencia. Y como Gandhi, murió asesinado. Como todos los redentores. Como Jesucristo. Martin Luther King Jr. fue para los afroamericanos lo que Mahatma Gandhi fue para los hindúes,

Estas son algunas de las frases más célebres de Martin Luther King Jr.

Sobre la vida: Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol.

Sobre esperanza: Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano. Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.

Sobre convivencia: Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda. Sobre estupidez: Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda.

Sobre la dignidad: Si el hombre no ha descubierto nada por lo que morir, no es digno de vivir.

Más sobre la vida: Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada más rápido que un favor.

Sobre la violencia:  La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve. “Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual”.  

Sobre la guerra: “Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien”.

Es evidente que se ha cumplido el sueño de Martin Luther King Jr. porque en los Estados Unidos de América se ha terminado la cruel e injusta segregación racial que existió. Y los afroamericanos tienen hoy los mismos derechos que los estadounidenses de raza blanca. Al extremo que el afroamericano Barack Obama es el actual Presidente de esa gran nación y ha sido electo para un segundo período.

Twitter: @jorgepalmieri