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CENTENARIO DE JACOBO ÁRBENZ GUZMÁN

Domingo, Septiembre 15th, 2013

 Jacobo Árbenz Guzmán 25º Presidente constitucional de Guatemala (1951-1954)

Hoy se conmemora el centenario del nacimiento de quien fue el 25º Presidente Constitucional de la República de Guatemala, Jacobo Árbenz Guzmán, quien nació en la Ciudad de Quetzaltenango el 14 de septiembre de 1913 y murió en la Ciudad de México el 27 de enero de 1971. Fue hijo del inmigrante suizo-alemán Hans Jacob Árbenz y de la quetzalteca Octavia Guzmán.  Su padre llegó a Guatemala en el año 1901 y estableció una farmacia en Quezaltenango. Cuando fracasó la farmacia, trabajó como administrador de una pequeña finca en la zona propiedad de un inmigrante alemán. El fracasado farmacéutico se había hecho adicto a la morfina y terminó sus días suicidándose. Y después de él se suicidó también su hija Leonora, hermana mayor de Jacobo y Octavia, conocida como “la Tavita”. Y algo de suicidas debe haber habido en sus genes porque muchos años más tarde se suicidó en Bogotá, Colombia, la hija mayor del ex presidente, la bella modelo y actriz de cine Arabella Árbenz Villanova, probablemente debido a su adicción al Ácido Lisérgico (LSD), pocos días después de haber sido expulsada de México por ciertos escándalos que había cometido. Y pocos años más tarde también se suicidó, en Costa Rica, su hermana menor, Leonora, quien estuvo recluida en un hospital psiquiátrico de ese país.

Jacobo Árbenz Guzmán estudió la primaria y la secundaria en el colegio privado de la profesora María Bennett de Rölz, en Quetzaltenango. Quería ser economista o ingeniero, pero desde que la familia ya no tenía dinero, no podía permitirse el lujo de estudiar en la universidad. Obtuvo una beca de estudios en la Escuela Politécnica, donde se registró pasando con excelentes punteos los exámenes de admisión, y fue aceptado como cadete en 1932. Se destacó en la academia militar y fue considerado “un estudiante excepcional”. A tal grado que ocupó el puesto de sargento primero de la Compañía de Caballeros Cadetes, lo cual era considerado un honor que, entre los años de 1924 y 1944, solo seis cadetes pudieron obtener. Sus excelentes aptitudes y capacidades le valieron un inusual nivel de respeto entre los oficiales de la Politécnica, incluyendo el del Mayor estadounidense John Considine, entonces director de la Escuela Politécnica. Árbenz se graduó de subteniente en 1935.

En el año de 1937 fue llamado para servir como Instructor en la Escuela Politécnica. En cuanto a sus oficios como oficial del Ejército, se desempeñó mayormente en el Fuerte de San José, en la capital, y en el destacamento militar de San Juan Sacatepéquez, donde conoció las duras condiciones de vida de la población indígena y las formas en las cuales operaba el trabajo forzoso impuesto por la dictadura, siendo los indígenas los más sometidos. No solo le tocó cuidar cuadrillas de indígenas destinadas al trabajo forzoso en algunas fincas, sino también el cuidado de presos políticos dedicados también a este tipo de trabajos.

Después de la renuncia del supuesto “General de División” Jorge Ubico Castañeda, quien fuera un tiránico dictador durante 14 años, y la consiguiente instauración del triunvirato militar que integraron los generales Federico Ponce Vaides, Buenaventura Pineda y Francisco Villagrán Ariza, Árbenz asistió, al mando de la compañía de cadetes, a la sesión plenaria de la Asamblea Nacional en la que fue juramentado como presidente provisional el General Federico Ponce Vaides y le indignó mucho cuando vio que un pelotón de la Policía Militar Ambulante, al mando del temido Coronel Alfredo Castañeda, ingresó al hemiciclo parlamentario como una ostentación de fuerza para amedrentar a los diputados del partido oficial, denominado “Liberal Progresista” (que por cierto no tenía nada de liberal ni mucho menos de progresista) para que votaran por el General Ponce Vaides. En dicha sesión del Congreso, el único diputado que no votó a favor fue el periodista Alejandro Córdoba, propietario y director del diario “El Imparcial”, motivo por el cual fue asesinado esa misma noche.

A Árbenz indignó tanto ese hecho que decidió pedir su baja del Ejército y comenzó a conspirar contra el gobierno dictatorial de Ponce Vaides que pretendía perpetuarse en el poder. En esas andanzas, se juntó en San Salvador con el comerciante Jorge Toriello Garrido, de quien era muy amigo porque ambos jugaban polo, y con el mayor Carlos Aldana Sandoval, quien estaba de alta en el cuartel Guardia de Honor como Jefe de Transportes, pero cundo se tuvo que abortar el levantamiento porque la Policía Secreta ya les estaba siguiendo los pasos, él había huído a Santa Lucía Cotzumalguapa y por ello consiguieron el apoyo del Mayor Francisco Javier Arana, jefe de la Sección de Tanques, razón por la cual éste integró el triunvirato de la Junta Revolucionaria y no lo hizo Carlos Aldana Sandoval, que era a quien habría correspondido. Y durante la noche del 19 de octubre de 1944 el Capitán Árbenz y el ciudadano Toriello ingresaron en un jeep conducido por el Teniente Enrique De León Aragón al cuartel Guardia de Honor que se había levantado en armas contra el comandante del mismo, General Francisco Corado, a quien dieron muerte a balazos cuando dos oficiales trataron de capturarle, y la tropa rebelde se apoderó del cuartel gracias a la decisión y valentía del Capitán Manuel de J. Pérez, quien fue uno de los verdaderos artífices del levantamiento militar. Al triunfar la insurrección militar, con el entusiasta apoyo de estudiantes, profesionales y trabajadores de la ciudad, se hizo cargo del gobierno la Junta Revolucionaria de Gobierno integrada por el Mayor Francisco Javier Arana, el civil Jorge Toriello Garrido y el Capitán Jacobo Árbenz Guzmán.

La Junta Revolucionaria de Gobierno legisló por medio de decretos que persiguieron una modernización del Estado. Una de las cosas más importantes en el ámbito jurídico y político que realizaron fue la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para que elaborara una nueva Constitución Política, para lo que se realizaron elecciones libres y posteriormente la elección presidencial de la que fue electo con abrumadora mayoría el profesor, pedadogo y filósofo doctor Juan José Arévalo Bermejo, quien se había reintegrado al país convocado por el licenciado Juan José Orozco Posadas proveniente de Argentina, donde impartía cursos en las Universidades de La Plata y Tucumán. Se había casado con la profesora Elisa Martínez y que ya había adquirido la nacionalidad argentina y no tenía pasaporte guatemalteco, pero en su viaje de regreso a Guatemala pasó por Chile, donde el embajador de Guatemala Jorge García Granados le proporcionó un pasaporte guatemalteco. El doctor Juan José Arévalo Bermejo fue electo en forma aplastante para el período comprendido entre los años 1945 y 1951 y durante esos años Guatemala entró al mundo occidental moderno después de tantos años de sucesivas dictaduras oscurantistas de corte medieval. Sus logros fueron extraordinarios e incontables.

De izquierda a derecha, el Mayor Francisco Javier Arana, nombrado Jefe de las Fuerzas Armadas, el Presidente de la República, doctor Juan José Arévalo Bermejo durante la recepción del día de su toma de posesión de la Presidencia, seguidos por el civil Jorge Toriello Garrido, nombrado ministro de Hacienda y Crédito Público, y el capitán Jacobo Árbenz Guzmán, nombrado ministro de la Defensa Nacional. Atras se encuentran el empresario de salas cinematográficas Ramiro Samayoa Martínez y el publicista Humberto González Juárez.

A los 26 años de edad. Árbenz contrajo matrimonio con la joven salvadoreña María Cristina Villanova, de 24 años, con quien tuvieron tres hijos: Arabella, Leonora y Jacobo. Arabella estudió como interna primero en Canadá y tras la caída de su padre comenzó una carrera como modelo de pasarela en París y después como actriz de cine experimental en México, donde participó en la película “Un alma pura”, con el actor Enrique Rocha, basada en un libreto del escritor Carlos Fuentes, pero pocos meses más tarde Arabella se suicidó en Bogotá, probablemente porque se había convertido en una consumidora de LSD. Anteriormente fumaba mariguana y practicaba el b¡sexualismo porque sostenía amores lesbianos con una salvadoreña de nombre Noemí Cano. Lo cual había aprendido en los internados en los que había estado desde su niñez, tanto en Canadá como en el Instituto Lumumba de Moscú, de donde se fugó encabezando a un grupo de compañeras latinoamericanas que ya no soportaban a los comunistas. De hecho Arabella llegó a odiar a los comunistas de tal manera que ni siquiera del Ballet Ruso quería saber. Y cuando sus padres ya estaban exiliados en Cuba, con su hermana Leonora y su hermano Jacobo, y ella convivía conmigo en la Ciudad de México, nunca quiso hablarles ni siquiera por teléfono por su rechazo al comunismo y los tristes recuerdos que tenía de ellos por haber visto a su padre borracho mientras su madre tenía amores con un profesor cubano en Praga.

La Junta Revolucionaria de Gobierno convocó a una Asamblea Nacional Constituyente y se redactó una nueva Constitución Política que fue promulgada en 1945. El gobierno del doctor Juan José Arévalo Bermejo se consolidó y dirigió los destinos de la nación con muchos intentos de insurgencia, que se comenzaban a dar, pues los comunistas lograron infiltrarse muy hábilmente en diversas instituciones estatales, lo cual era inaceptable para los militares y la mayoría de la ciudadanía capitalina y de los mismos partidarios de la Revolución de Octubre, como fue llamado el cuartelazo militar que derrocó a Ponce, tal vez con el avieso propósito de semejarla a la Revolución de Octubre de 1917, cuando se instauró la tiranía comunista soviética en Rusia.

Jacobo Árbenz Guzmán leyendo su discurso inaugural al asumir la Presidencia de la República. Atrás de él sus secretarios, Capitán Carlos Bracamonte y el hondureño Francisco Morazán, también graduado en la Escuela Politécnica.

Jacobo Árbenz Guzmán llegó al poder después de haber sido ministro de la Defensa durante todo el gobierno arevalista y de ganar las elecciones que se desarrollaron en el año 1950. Su candidatura fue apoyada por los partidos Renovación Nacional (RN), Acción Revolucionaria (PAR) y el Partido Integración Nacional (PIN) de Quetzaltenango. Los obreros, campesinos, maestros y estudiantes le dieron su respaldo y ganó ventajosamente. Su programa de gobierno se centró en puntos básicos y nacionalistas: Ley de Reforma Agraria, àra distribuir las tierras ociosas, la carretera al Atlántico para quitar el monopolio del transporte al Atlántico de los Ferrocarriles Internacionales de Centroanmérica (IRCA), propiedad de la United Fruit Company la hidroeléctrica de Jurún Marinalá para quitar el monopolio de la electricidad a la Empresa Eléctrica de Guatemala, propiedad canadiense, puntos claves que promoverían la industrialización del país, a la vez que la independencia económica de Guatemala, y procurando eliminar los monopolios extranjeros avalados por anteriores gobiernos dictatoriales y corruptos. Árbenz llegó al poder en un momento en que los guatemaltecos parecían condenados a no prosperar económicamente. En 1950, el 76% de los habitantes poseían menos del 10% de las tierras cultivables; mientras que un 2.2%, eran propietarios del 70%. La United Fruit Company era dueña de más del 50% de las tierras cultivables del país, de las que únicamente cultivaba el 2.6%; y los campesinos tenían sueldos miserables.

El intento de adquirir la tierra ociosa de la UFCo. a los precios en los que estaban asentadas, como parte de el Decreto 900 o Ley de Reforma Agraria, le valió la condena del gobierno de los Estados Unidos de América y el calificativo de “comunista” y el embajador estadounidense John D. Peurifoy participó en una conspiración intervencionista que culminó con la invasión a Guatemala desde Honduras y un golpe de Estado de los militares que rechazaban el comunismo, con el apoyo de la United Fruit Company, la CIA y de los regímenes dictatoriales de los generales Anastasio Somoza García, de Nicaragua, y Marcos Pérez Jiménez, de Venezuela.

El entonces presidente los Estados Unidos de América, General Dwight D. Eisenhower, consideró un atropello que el gobierno de Guatemala pretendiera pagar por las tierras ocupadas por la United Fruit Company en el mismo valor en el que estaban registradas para evadir el pago de impuestos. El abogado de la UFCo en Boston, John Foster Dulles, desempeñaba el cargo de Secretario de Estado, exigía el pago de veinticinco veces más. Y su hermano Allen Dulles era el Jefe de la Central Intelligence Agency (CIA) que organizó, en Tegucigalpa, Honduras, un ejército de mercenarios que puso al mando del Teniente Coronel Carlos Castillo Armas, quien había huído de la Penitenciaría después de haber participado en un frustrado levantamiento en la base militar “La Aurora” y estaba exiliado en Honduras. Simultáneamente, Arbenz fue acusado de conspiración comunista y de que Guatemala era “cabeza de playa del comunismo internacional”. Su Reforma Agraria, que se propone modernizar el capitalismo en Guatemala, es más moderada que las leyes rurales norteamericanas de hace casi un siglo.

La verdad es que Jacobo Árbenz Guzmán no fue comunista. Nunca lo fue. Si acaso se le podría calificar como un diletante de la izquierda. Hasta que fue promulgada su candidatura presidencial fue un dipsómano con mal trago porque se transformaba en un hombre violento. Pero sus compañeros de armas le exigieron dejar de beber si quería que respaldaran su candidatura y él se comprometió a no beber nunca más. Lo cual cumplió mientras fue Presidente de la República. Quien le hizo saber esa condición de parte de los militares fue su viejo amigo y compañero en la Escuela Politécnica Carlos Enrique Díaz, apodado “Pollo Triste”, quien fue Jefe de las Fuerzas Armadas durante su gobierno y a quien “heredó” la presidencia cuando renunció con lo que violó lo que establecía la Constitución, porque le correspondía al Presidente del Congreso, que por ese entonces era el Mayor Marco Antonio Franco. Pero el Coronel Díaz hizo honor a su apellido porque solamente pudo ser presidente de facto durante un día, porque el embajador Peurifoy le exigió para respaldarle que encarcelara a un buen número de revolucionarios y él se negó a hacerlo diciéndole: “Ya solo falta señor embajador que venga a poner la bandera de las barras y las estrellas en el hasta del Palacio Nacional”, lo cual fue suficiente para que el embajador Peurifoy le dijera que tenía que renunciar y se fue a participar en la reunión de San Salvador donde se escogió como presidente al Teniente Coronel Castillo Armas y no al general Miguel Ydigoras Fuentes o al licenciado Juan Córdoba Cerna, quienes fueron los otros candidatos propuestos para suceder a Árbenz.

La esposa de Árbenz fue la salvadoreña María Cristina Villanova, miembro de una familia adinerada de El Salvador que al principio de su matrimonio la desheredó argumentando que no estaban de acuerdo en que se casara con un militar que no podría darle los lujos a los que estaba acostumbrada, porque el entonces teniente Árbenz era muy pobre y en 1944 vivían en una habitación que alquilaban en la casa de la señora Concha Marroquín viuda de Soto, situada en la 4aª calle entre 9ª y 10ª avenidas de la zona 1. Sin embargo, apenas 10 años más tarde (1954) tenía un capital de US$25 millones, incluyendo la finca algodonera “El Cajón”, según la reclamación que plantearon sus deudos por medio de los oficios del licenciado José María Palacios Porta. Pero poco tiempo después del 20 de octubre cambiaron su actitud y vino al país su hermano Antonio Villanova, quien se casó con la dama guatemalteca Lilly “Chiqui” Zachrisson Deschamps y fue un estrecho colaborador de Árbenz en el campo agrícola y de hecho fue quien trajo a Guatemala el cultivo del algodón. influyó bastante en su tendencia ideológica hacia una izquierda democrática. Pero Árbenz no fue comunista ni siquiera cuando vivió exiliado en Cuba bajo el gobierno comunista del dictador Fidel Castro Ruz. Árbenz era un hombre inteligente pero de mediana cultura, progresista y patriota, con elevados ideales de promover una superación económica en el país y, sobre todo, de independizar la economía de la United Fruit Company, de la Empresa Eléctrica Guatemalteca (propiedad canadiense), de los ferrocarriles de la IRCA y del monopolio de las instalaciones de Puerto Barrios, en el Atlántico, que también pertenecían a la UFCo. Además, Árbenz fue un hombre de mucha sensibilidad social que deseaba lo mejor para el país y trataba de promover la economía capitalista. Es verdad que estuvo rodeado de muchos colaboradores con ideología comunista, encabezados por José Manuel Fortuny, secretario general del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista), quien ejerció una gran influencia sobre él hasta el día de su renuncia, la cual fue escrita por Fortuny; el profesor Víctor Manuel Gutiérrez, Jaime Barrios Klée, Alfredo Guerra Borges, Alfonso Solórzano, Alfonso Bauer Paiz, Mario Silva Jonama, el salvadoreño Abel Cuenca, y otros que habían sido miembros de la llamada “Legión del Caribe” que trató infructuosamente de derrocar al generalísimo Rafael Leónidas Trujillo dictador de la República Dominicana, desembarcando en Cayo Confitesor lo cual un día le pregunté por qué tenía tantos colaboradores comunistas, y me respondió: “Porque son preparados, buenos trabajadores y no son corruptos”. Pero siempre mantuvo una firme actitud anti estadounidense por el daño que le causaban al país el imperialismo ejercido por empresas como la UFCo., la IRCA y la Empresa Eléctrica Guatemalteca. Que de guatemalteca solamente tenía el nombre. Pero nadie podrá negar que fue un guatemalteco patriota que buscó mejorar las condiciones de vida de los guatemaltecos más necesitados, los campesinos.

El 19 de febrero de 1954, la CIA comenzó la Operación WASHTUB, consistente en un plan para plantar armas soviéticas falsas en Nicaragua que demostrarían los supuestos nexos de Guatemala con la URSS.

Gloriosa VictoriaPintura “Gloriosa Victoria”, del pintor y muralista mexicano Diego Rivera, fundador del Partido Comunista Mexicano y esposo de la pintora Frida Khalo, en el cual se caracturizó a los participantes en el complot para derrocar al gobierno de Árbenz. El cuadro fue guardado durante muchos años en un museo en la URSS.

El Secretario de Estado John Foster Dulles

Cuando Árbenz renunció al averiguar que sus compañeros de armas no iban a respaldarle por temor al crecimiento del comunismo, después de que envió a su “centenario” Coronel Anselmo Getellá a consultar a los comandantes de las distintas zonas militares y todos sin excepción le contestaron que no estaban dispuestos a luchar contra los Estados Unidos por defender a los comunistas incrustados en el gobierno.

Muchas veces se ha dicho que la caída de Árbenz se debió a que los militares lo traicionaron, pero estos aducen que había sido Árbenz quien les había traicionado por tener tantos comunistas a su alrededor. A raíz de lo cual triunfó la invasión encabezada por el Teniente Coronel Carlos Castillo Armas, John Foster Dulles dijo que había sido una “Gloriosa Victoria”, por lo que el muralista mexicano Diego Rivera pintó una caricatura que llamó con ese mismo nombre, en la que ridiculizó a los principales personajes que participaron en esa intervención estadounidense: el Secretario de Estado John Foster Dulles, su hermano Allan Dullesm director de la CIA, el embajador estadounidense John D. Peurifoy, al Arzobispo Metropolitano, monseñor Mariano Rossell y Arellano y el Teniente Coronel Carlos Castillo Armas, apodado “Cara de hacha” por su pronunciada nariz.

El coronel Carlos Castillo Armas con el embajador John Peurifoy

Con el apoyo de los Estados Unidos de América, se integró un ejército con mayoría de elementos mercenarios de Honduras, de Nicaragua y de Venezuela, denominado “Ejército de liberación nacional” bajo el mando del Teniente Coronel Carlos Castillo Armas que se encontraba exilado en Honduras, de Juan Córdova Cerna, del director de la CIA Allen Dulles, y del Cristo Negro de Esquipulas como Capitán General de la llamada “Cruzada Liberacionista” dio inicio la invasión.

Con la ayuda de todos esos elementos intervencionistas y de quienes contribuyeron a organizar la rebelión armada, se preparó un pequeño contingente al mando del Teniente Coronel Castillo Armas, el cual invadió a Guatemala por Esquipulas y Chiquimula en junio de 1954. Los militares que rodeaban a Árbenz se rindieron porque rechazaban que varios comunistas internacionales se adueñaran del poder, y Árbenz renunció el 27 de junio de aquel año.

Toda esta operación llegó a su fin cuando la noche del 27 de junio de 1954, Árbenz fue obligado a renunciar a la presidencia y en compañía de su esposa y sus hijos Leonora y Jacobo y de muchos de sus funcionarios, solicitaron asilo político en la embajada de México, donde tuvieron que permanecer varios meses antes de que el gobierno de Castillo Armas les concediera el salvoconducto de ley para poder viajar a México, y al salir Guatemala y las autoridades de Migración y Aduana le hicieron desnudarse en el aeropuerto ante las cámaras para cerciorarse de que no sacaba dinero.

La caída del “Segundo gobierno de la Revolución” fue seguida por días de desconcierto político durante el cual se sucedieron en el mando varias “juntas de gobierno”. El primer problema político sorteado por el coronel Carlos Castillo Armas fue la sublevación de los cadetes de la Escuela Politécnica el 2 de agosto de 1954. Después de haber triunfalmente marchado celebrando el triunfo, las tropas del mal llamado “Movimiento de Liberación Nacional” -constituidas principalmente por campesinos y agricultores del Oriente del país- por las principales calles de la ciudad Capital, entregaron las armas y fueron a dormir al hospital Roosevelt en construcción en donde estaban acantonadas.

Los cadetes alzados en armas y azuzados por elementos adversos al Movimiento Libertador aprovecharon el descanso de los “liberacionistas” y amparados por la obscuridad y creyendo desarmados a los campesinos, les atacaron y lograron reducirlos no sin antes tener que vencer la poca pero tenaz resistencia que opusieron los pocos que estaban armados. Acto seguido les hicieron marchar con las manos en alto y les obligaron abordar un tren, para remitirles de regreso al Oriente del país, rumbo a Zacapa.

El Coronel Carlos Castillo Armas celebró un plebiscito como candidato único

Avisado de la situación, el Coronel Carlos Castillo Armas quien había regresado a su Cuartel General, vino a la Capital por la Cordillera de la Antigua Guatemala y fue capturado en el Palacio Nacional. Sin embargo, fue tan grande la multitud que aclamaba a Castillo Armas que le tuvieron que liberar.

Los cadetes pretextaron que así cobraban una afrenta que habían sufrido en un prostíbulo denominado “El Hoyito”, ubicado en la zona 4, por parte de elementos del Ejército de Liberación Nacional. Dicha acción dejó un saldo de numerosos muertos y heridos de ambos bandos en la fecha ya indicada, al mes justo de haber asumido la presidencia el coronel Castillo Armas. El resultado fue el cierre temporal de la Escuela Politécnica y el envío de cuantos cadetes se pudo a estudiar al exterior gozando de becas para que pudieran proseguir sus estudios militares. Posteriormente se abrió nuevamente la Escuela Politécnica.

Si en vez de haber renunciado con un discurso lloriqueante, Árbenz pudo haberse suicidado como lo hicieron el socialista doctor Salvador Allende, en Chile, cuando el general Augusto Pinochet encabezó una rebelión de extrema derecha con el apoyo del Secretario de Estado Henry Kissinger durante el gobierno del presidente Richard Nixon, o como lo hizo el general Getulio Vargas de Brasil cuando fue obligado a renunciar. Porque como dijo el intelectual y escritor colombiano José María Vargas Vila, “Cuando la vida es un suplicio, el suicidio es un deber”.

Después de haber sido derrocado, Jacobo Árbenz sufrió un prolongado asilo político en la embajada de México y luego un largo destierro que consistió en un largo peregrinaje que comenzó México, de donde tuvo que salir a los pocos días por presiones del gobierno de los Estados Unidos, y tuvieron que trasladarse a Suiza, la tierra natal de su padre, donde solicitó asilo político pero las autoridades le exigieron que renunciara a su nacionalidad guatemalteca y él se negó a hacerlo; luego París, después Montevideo, la URSS y Praga, capital de la entonces Checoslovaquia, para luego regresar a Cuba y finalmente de nuevo a México, donde murió como consecuencia de una congestión alcohólica y de caído y haberse golpeado el cráneo en la tina de su casa. Sus restos regresaron a la ciudad de Guatemala durante el gobierno del licenciado Ramiro De León Carpio, el 19 de octubre de 1995, exactamente 51 años después del levantamiento del 30 de octubre de 1944 que originó la Revolución de Octubre.

Getulio Vargas de Brasil se suicidó cuando le dieron un golpe de Estado por influencia del gobierno de los Estados Unidos de América.

El presidente socialista de Chile Salvador Allende se suicidó en el palacio La Moneda con un fusil que le había regalado Fidel Castro. Prefirió el suicidio a la humillación de haber sido derrocado por su propio jefe del Ejército, general Augusto José Ramón Pinochet Ugarte.

General Augusto José Ramón Pinochet Ugarte

El General Pinochet fue designado Comandante en Jefe del Ejército de Chile el 23 de agosto de 1973. Y el 11 de septiembre de ese mismo año dirigió un golpe de Estado que derrocó al gobierno del presidente Salvador Allende. Desde ese momento, Pinochet asumió el gobierno del país, primero como presidente de la Junta Militar de Gobierno —cargo que desempeñó hasta 1981—, al que se sumó el título de jefe supremo de la Nación el 27 de junio de 1974, que le confería el poder Ejecutivo.

El 16 de diciembre del mismo año asumió el cargo de Presidente de la República, que sería ratificado al plebiscitarse y promulgarse la Constitución de 1980. Su gobierno terminaría tras su derrota en el Plebiscito Nacional de 1988 y, posterior, sustitución por el demócratacristiano Patricio Aylwin, el 11 de marzo de 1990. Pinochet se mantendría como Comandante en Jefe del Ejército hasta el 10 de marzo de 1998, y al día siguiente asumiría el cargo de Senador vitalicio que ejercería solamente durante un par de meses.

La dictadura de Pinochet ha sido ampliamente criticada y rechazada, tanto en su país como en el resto del mundo, por las graves y diversas violaciones a los derechos humanos cometidas en ese periodo, por lo que Pinochet debió enfrentar diversos procesos judiciales, algunos de los cuales fueron sobreseídos en vida por diversas razones, mientras que otros lo fueron a causa de su fallecimiento antes de que se dictara una resolución definitiva.

La pregunta que hay que hacer es si se suicidaron el Presidente brasileño Getulio Vargas y el Presidente socialista chileno Salvador Allende cuando se vieron obligados a dejar la Presidencia para la que habían sido electos popularmente, me pregunto si no habría sido más digno para el llamado “Soldado del Pueblo” suicidarse como su padre, su hermana mayor Leonora, y sus dos hijas, Arabella y Leonora, en vez de correr a asilarse a la embajada de México y no luchó para defender a su gobierno a a su pueblo, y tuvo que soportar la humillación de haber sido desnudado en el aeropuerto al salir al exilio y después hacer el triste papel de “judío errante” y de haber muerto relativamente pobre y en la más terrible soledad, abandonado por su mujer que le engañaba con un profesor cubano desde que estaban en Praga, según cuenta el escritor Carlos Manuel Pellecer en su libro “Arbenz y yo” y falleció en la más terrible soledad y abandono como consecuencia de una intoxicación alcohólica y de un severo golpe en la cabeza en la bañera de su casa, donde su cadáver fue descubierto dos días después cuando sus vecinos vieron que salía agua por debajo de la puerta. Repito las palabras del escritor colombiano José María Vargas Vila: “Cuando la vida es un siplicio, el suicidio es un deber”. ¡La Historia le juzgará!

Twitter: @jorgepalmieri