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NO HAY PARTO SIN DOLOR NI SANGRE

Martes, Septiembre 17th, 2013

El cura Miguel Hidalgo y Costilla, autor del “Grito de Dolores”

En torno al 203 aniversario del famoso “Grito de Dolores” que es considerado el acto con el cual se inició la guerra por la independencia de México, y consistió en el llamado que hizo a sus feligreses el cura Miguel Hidalgo y Costillahizo durante la mañana del 16 de septiembre de 1810, en compañía de los heróicos capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, con el propósito que se sublevaran contra de la autoridad virreinal de la Nueva España, para lo cual tañó una de las campanas de la parroquia de Dolores, hoy municipio de Dolores Hidalgo, Estado de Guanajuato; y el hecho que también se haya conmemorado el 192 aniversario de la firma del Acta de Independencia de Centroamérica, como consecuencia de una burda artimaña de la clase pudiente de criollos con la desvergonzada complicidad del traidor representante de la Corona española, para no perder sus privilegios económicos, políticos y sociales, por lo cual impusieron como presidente al deleznable militar vizcaíno brigadier Gabino Gaínza y Fernández de Medrano, que era el Capitán General del Reino de Guatemala como representante de la corona de España, a la que traicionó por su ambición de poder, hoy se me ocurre repetir lo que muchas veces he dicho –y no me cansaré de repetir– que una de las cosas que más respeto y admiro de los mexicanos es su muchas veces comprobado orgullo patrio. Porque deben su orgullo patrio a que lucharon durante diez años y derramaron su sangre por su independencia y libertad.

Brigadier Gabino Gaínza y Fernández de Medrano, Capitán General del Reino de Guatemala, Presidente de una Junta Provisional Consultiva con delegados que representaban a Chiapas, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

En cambio, como consecuencia de una burda artimaña de los criollos que componían el sector económico dominante, artimaña denominada “Plan Pacífico de Independencia”, y a espaldas de las otras provincias centroamericanas, el 15 de septiembre de 1821 se firmó el Acta de Independencia de Centroamérica en la sede de la que entonces era la Capitanía General del Reino de Guatemala. Sin el más mínimo dolor, ni derramamiento de sangre. El único olor a pólvora que hubo fue el de los cohetillos que hizo quemar la señora Dolores Bedoya de Molina para festejar el evento. ¡He ahí la diferencia! A quienes vivían aquí la supuesta independencia no les causó ningún dolor ni el menor derramamiento de sangre y por esa circunstancia no fue un parto afortunado, producto del amor patrio y de una lucha con dolor y sangre, sino fue como un vómito de la clase pudiente con un militar traidor que fue el primer gobernante del país. Con lo cual los guatemaltecos quedamos sentenciados en la Historia para ser gobernados por un militar y la casta adinerada del país. Como ha venido siendo desde entonces. Y hoy lo es con un presidente militar que no sabe ser estadista y el Cacif que impone sus condiciones económicas. ¡Los mismos militares y los mismos poderosos empresarios “cabales” de siempre, que no abren espacios para que otros progresen también!

El acto de amor más milagroso de una madre es traer a un niño en sus entrañas previo al parto. Y para parir a un hijo, la madre debe sufrir dolores inéditos y derramar su sangre. Gracias a lo cual nace el máximo milagro de amor de la humanidad: un hijo o una hija. Si traer al mundo una criatura fuese tan fácil y sencillo como vomitar o defecar, no sería una sublime prueba de amor maternal como lo es la maternidad.

Los mexicanos lucharon valientemente durante diez años para lograr su independencia y libertad, lo cual fue equivalente a un doloroso parto con el consiguiente dolor y derramamiento de sangre. Ellos no obtuvieron su independencia por una burda componenda traidora de los criollos con el representante de la Corona de España del sector privilegiado que se perpetuó hasta nuestros días en el control del poder económico, político y social del país. Lo cual hizo que el parto independentista no fuese un hecho heroico, sino como un aborto o un vómito. Razón por la cual los descendientes de aquellos astutos criollos no apreciamos el valor de la independencia que sus ancestros obtuvieron mañosamente a espaldas de las demás provincias del istmo Centroamericano con las cuales Guatemala estaba unida históricamente, y nos condenaron a una destino castrense y la división de las cinco provincias que nos debilitó en todo sentido. Y desde entonces nos hemos avergonzado de ello hasta el momento en el que vivimos, motivo por el cual no sentimos el mismo orgullo patrio que identifica a los vecinos y hermanos mexicanos.

El astuto sector dominante de entonces –que desde entonces ha venido detentando con impunidad el poder económico y político de nuestro país– que desde entonces ha logrado mantenerse en el poder en esta tierra que hoy llamamos Guatemala, nos sentenciaron a un vergonzoso destino desde que designaron primer presidente de esta tierra al mismo representante de la Corona española: el infame militar vizcaíno Gabino Gaínza y Fernández de Medrano, que ostentaba el cargo de Capitán General después de su desafortunado paso por Chile, a donde llegó en 1814, y llevaba consigo los despachos de capitán general del reino y general en jefe de las fuerzas reales; y en Perú, en donde arribó en 1783 y participó en la represión de la rebelión indígena encabezada por Túpac Amaru. Mientras desempeñaba el cargo de Capitán General en Centro América, publicó manifiestos denigrando y descalificando al Emperador mexicano Agustín de Iturbide, pero después luchó por la anexión de Centroamérica a ese imperio y se convirtió en un abominable servil de Iturbide. Pero éste nunca le tuvo confianza y pronto le destituyó y le llevó a México, donde murió en la más abyecta soledad y miseria. ¡Y pensar que éste villano fue el primer gobernante de nuestra patria! ¿Cómo tener orgullo patrio con esta clase de inicios en nuestra Historia?

¡Qué lástima que nuestros antepasados que fraguaron la artimaña para el “Plan Pacífico de Independencia” no sufrieron ningún dolor ni derramamiento de sangre por la libertad de nuestra patria! Si el parto de nuestra libertad nos hubiese costado sangre y dolor, seguramente tendríamos el mismo orgullo patrio y tanta autoestima como los mexicanos.

Pero desde el inicio de nuestra triste Historia patria estuvimos sentenciados a las traiciones, a los gobiernos militares y a los empresarios que se creen “cabales” y no le dan espacio a quienes luchan por su superación económica y bienestar. A todo lo largo de nuestra Historia han abundado sucesivos gobernantes militares autoritarios y empresarios adinerados que se han servido de ellos para enriquecerse aún más sacrificando al pueblo. ¡Qué triste sino ha sido el de nuestra patria!

Twitter: @jorgepalmieri