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ORÍGENES DE LA NAVIDAD Y EL ÁRBOL NAVIDEÑO

Martes, Diciembre 24th, 2013

La fiesta mas sincrética del año.

Desde el inicio de la Era Cristiana, el cristianismo ha venido celebrando todos los años el 24 de diciembre la “Noche Buena”, porque se cree que en el transcurso de esa noche nació en un humilde pesebre de Belén el niño Jesús, o “Niño-Dios” quien más tarde llegó a ser conocido como Cristo o Jesucristo. Sin embargo, se han planteado razones para creer que el nacimiento de Jesús no ocurrió el 24 de diciembre, ni tampoco en el primer año de la era Cristiana. Pero se cree que se estableció que el nacimiento de Jesús se debía celebrar en el solsticio de invierno, cuando los judíos celebraban una fiesta pagana. Y porque muchos de los avatares antecesores, también escogieron esa misma fecha para darla como día de su nacimiento y se dijo que fueron hijos de una virgen y que a los 12 años eran doctores en teología, que hicieron muchos milagros, que caminaron sobre el agua y se decían “hijos de Dios”, fueron sacrificados alrededor de los 30 años de edad, enterrados y resucitaron al tercer día.

Se cree que el origen de la fiesta navideña fue en el templo de Saturno, donde se guardaba el tesoro de Roma y las fiestas Saturnalias tenían aproximadamente una semana de duración; y en esa celebración era tradición que por un día los amos ocuparan el lugar de sus esclavos, les sirvieran comida y les obsequiaran presentes. Lo cual ocurría generalmente el 24 de diciembre. De lo que se deriva la costumbre de intercambiar regalos. Así mismo, evocaba el solsticio de invierno que era una fecha de fiesta en la mayoría de pueblos indoeuropeos.

A inicios del siglo II d.C. tras la muerte de Cómodo en Roma, la sucesión de Pertinax y Didio Juliano transcurre en un periodo tumultuoso, que finaliza con la llegada al poder de Septimio Severo (el primer emperador no italiano, nacido en el norte de África). Severo se enamora de la hija de un sacerdote en Emesa (Siria) que tenía a su cargo el culto a “Elgabal”, una derivación del “Helios” griego; el objeto de veneración era un meteorito o un cometa, que pudo haber sido el que seguían los astrólogos que han sido conocidos como “Reyes Magos”. La fecha de nacimiento del dios era el 25 de diciembre. Severo introduce este culto “monoteísta” que se suma a los misterios de Mitra y al incipiente cristianismo.

Para el siglo IV, Roma estaba dividida en varias facciones cristianas y aquellos que siguieron el culto al “Sol Invictus” introducido por Severo. En aquella época, existía una pugna entre los tetrarcas Majencio y Constantino; la parte de la ciudad que profesaba el culto al sol apoyaba a Majencio y Constantino se agenció el respaldo de los cristianos.

En la batalla del puente Milvio, finalmente triunfa Constantino y otorga gran apoyo a la difusión del cristianismo, en detrimento del resto de religiones. En Roma se practicaba el politeísmo y había 30,000 dioses. No obstante, todavía mucha gente no era cristiana, por lo que en el primer concilio de Nicea, presidido por el mismo emperador Constantino, se “sincretiza” el cristianismo con otras religiones paganas y se establece la data del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre para ceder algo a los  perdedores del “Sol Invictus” y absorberlos paulatinamente al cristianismo. Así ocurrió con una serie de figuras pagana como el papa (Pontifex Maximus), el agua bendita (agua lustral), las basílicas (oficinas de gobierno romanas), el altar a Júpiter, etc.

El origen del árbol de Navidad fue cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa y descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Este árbol simbolizaba al árbol del universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de del dios Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos). Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los conversos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado. Después se agregó la tradición de poner regalos para los niños bajo el árbol, enviados por los san Nicolás y Papa Noel o los Reyes Magos, o el Niño Dios, dependiendo la leyenda de la zona donde se encuentre.

Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado al dios Thor), y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas de plástico y otros adornos a cuales más variados.

Es posible que el primer árbol navideño, como se conoce en la actualidad, surgiera en Alemania, donde se implantó por primera vez en 1605 para ambientar el frío de la Navidad, comenzando así su difusión. A Finlandia llegó en el año 1800, mientras que a Inglaterra llegó en 1829, y en el Castillo de Windsor se vio por primera vez en 1841, de la mano del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria.

La costumbre de adornar un árbol en los hogares esàñoñes y latinoamericanos fue traída el año 1870 por la mujer de origen ruso Sofía Trubetskaya, que después de enviudar del dique de Morny, hermanastro de Napoleón, contrajo segundas nupcias con el aristócrata español Pepe Osorio, el Gran Duque de Sesto, uno de los mayores promotores de la Restauración borbónica que permitió reinar a Alfonso XII. Por ello, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid, durante las navidades del año 1870, en el desaparecido palacio de dichos nobles, el Palacio de Alcañices, ubicado en el Paseo del Prado, esquina con la calle de Alcalá.

El árbol de la navidad es, ni mas ni menos, el “Irminsul” Sajón, objeto de culto por parte de las tribus germánicas en Sajonia. Carlomagno, convierte estas tribus al cristianismo durante el siglo IX, empero; el culto al árbol estaba muy arraigado y la iglesia católica en una medida sincrética permitió que los sajones colocaran un árbol en la víspera de navidad como evocación a su antiguo dios. Esta costumbre se extendió al resto del mundo a través del cristianismo.

Jesús de Nazaret, también conocido como Jesús, Cristo o Jesucristo, es la figura central del cristianismo y una de las figuras más influyentes de la cultura occidental. Sin tener ejércitos ni contar con el apoyo de medios de comunicación masiva, por sus prédicas –tales como “amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”– se convirtió en una de las figuras más poderosas y trascendentes de la civilización occidental. Para la mayoría de las denominaciones cristianas, es “el Hijo de Dios” porque siempre que hablaba de Dios le llamaba “mi padre” y, por extensión, la encarnación de Dios mismo. Su importancia estriba, asimismo, en la creencia de que con su muerte y posterior resurrección redimió de sus pecados al género humano. Sin embargo, el judaísmo niega su divinidad, que es incompatible con su concepción de Dios. En el Islam, donde se lo conoce como Isa, es considerado uno de los profetas más importantes.

Según la opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada en una lectura crítica de los textos sobre su figura, Jesús de Nazaret fue un predicador judío que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, y a la edad de 33 años fue crucificado como un ladrón en el Monte Calvario, en Jerusalén, alrededor del año 30, bajo el gobierno de Poncio Pilato, quien se lavó las manos después de haberle juzgado y reconoció que no había encontrado ninguna justificación para castigarle de esa manera. Pero accedió a la petición de los sacerdotes fariseos que se sentían desplazados.

Lo que se conoce de Jesús depende casi exclusivamente de la tradición cristiana, aunque también se le menciona en fuentes no cristianas, especialmente de la utilizada para la composición de los Evangelios sinópticos, redactados, según opinión mayoritaria, unos 30 o 40 años, como mínimo, después de su muerte. La mayoría de los estudiosos considera que mediante el estudio de los evangelios es posible reconstruir tradiciones que se remontan a contemporáneos de Jesús, aunque existen grandes discrepancias entre los investigadores en cuanto a los métodos de análisis de los textos y las conclusiones que de ellos pueden extraerse. Existe una minoría que niega la existencia histórica de Jesús de Nazaret, cuyo nacimiento es conmemordoa hoy por los cristianos de todo el mundo.

Esta celebración se ha convertido en uno de los más importantes motivos comerciales que explotan las grandes empresas que han promovido la comercialización de una celebración religiosa para vender juguetes, golosinas y los más variados regalos como si fueren regalos traídos por el “niño Dios”, los cuales se entregan durante la media noche del 24, cuando se conmemora el nacimiento de Jesús en la llamada “Noche Buena” o al día siguiente, 25 de diciembre, Navidad. Aunque en algunos países como España y México, se distribuyen los regalos a los niños el 6 de enero, cuando se celebra “El día de Reyes”, en recordación de los regalos que se dice que los tres astrólogos llamados “reyes magos”, le entregaron al niño Jesús.

En algunas partes de España, Latinoamérica y Europa Central los regalos de Navidad no los trae el personaje nórdico llamado Santa Claus o Papá Noel, ni tampoco los traen los supuestos Reyes Magos, sino los trae el Niño Dios. Esta costumbre se conserva en lugares de tradición menos influenciada por el advenimiento de las celebraciones de influencia anglosajona. La mayor parte de los festejos son el 25 de diciembre. Los niños escriben una carta al “Niño Jesús” pidiéndole juguetes, golosinas y otros regalos. Y si los padres están en condiciones económicas que les permitan complacerles, los compran en el comercio y los entregan a sus hijos ya sea a media noche del 24 o durante el día 25. Veamos de dónde emanan estas festividades, de dónde salió el árbol que hoy llamamos navideño.

Aunque estas celebraciones hayan sido distorsionadas y explotadas burdamente por el comercio mundial, sobre todo en los países europeos y americanos, no se puede negar que despiertan un sentimiento de espontánea solidaridad humana, de fraternidad y de amor. Se produce un acercamiento entre parientes y amigos Lo cual considero que es sumamente positivo.

Pero antes de Jesucristo existieron otros avatares, tales como los siguientes:

1) Horus, de Egipto, 3,000 años antes de Cristo. Se dice que nació de una virgen un 25 de diciembre. Al nacer fue adorado por “tres reyes”. Fue profesor a los 12 años. Fue bautizado y ejerció su ministerio hasta los 30 años. Hacía milagros y caminó sobre el agua. Era llamado “cordero de Dios” y “la luz”. Fue crucificado a los 33 años y resucitó a los 3 días. Horus “el elevado”, dios celeste en la mitología egipcia, se le consideró el iniciador de la civilización egipcia. Horus es un dios muy antiguo, ya conocido en la época predinástica. Era un dios vinculado a la realeza que tutelaba a los monarcas tinitas, cuyo centro de culto era Hieracómpolis. Desde el Imperio Antiguo, el faraón era la manifestación de Horus en la tierra, aunque al morir se convertirá en Osiris y formará parte del dios creador Ra. Durante el Imperio Nuevo se le asoció al dios Ra, como Ra-Horaity. Forma parte troncal de la Gran Enéada. Forma parte de la tríada Osiríaca integrada por Osiris, Isis y Horus. Su culto se adaptó al mito de Osiris en un intento de sincretismo religioso, siendo muchos los dioses que se encarnaron y fusionaron con Horus en diversas localidades egipcias.

2) Attis de Grecia, nacido 1,200 años antes de Cristo el 25 de diciembre, hijo de una virgen. Fue crucificado y enterrado. Pero resucitó a los 3 días. Atis o Córibas es, en la mitología griega y frigia, el amante de Cibeles, su sirviente eunuco y conductor de su carroza tirada por leones. Atis enloqueció por causa de Cibeles y se castró a sí mismo. Inicialmente Atis era un semidiós local de Frigia, con raigambre en el gran centro comercial frigio de Pesino, ubicado en las estribaciones del monte Agdistis. La montaña era personificada como un daemon quien los extranjeros emparentaban con la Gran Madre Cibeles. Sus sacerdotes eran eunucos, tal como se explica en el origen del mito en referencia a Atis y la castración. Las identificaciones del nombre Atis se remontan al siglo XIX y se encuentran en Heródoto como el nombre histórico del “hijo de Creso”, en “Atys el dios sol, herido por el colmillo del jabalí”, y como una deidad de vida, muerte y resurrección. El culto a Atis comenzó hacia el 1200 a. C. en el monte Díndimo (actualmente Murat Dağı en Gediz, Kütalva). A finales del siglo IV el culto a Atis cobró fuerza en el mundo griego. La historia de su origen en Agdistis, registrada por el viajero Pausanias, posee ciertos elementos que claramente no son griegos: a Pausanias se le dice que el daemon Agdistis inicialmente tenía atributos tanto masculinos como femeninos. Pero los dioses del Olimpo, temerosos de Agdistis, le cortan su órgano masculino y lo arrojan, y creció un almendro en el sitio donde cayó . Cuando sus frutos maduraron, Nana, que era la hija del dios-río Sangarios cogió un fruto y lo colocó en su regazo. El fruto desapareció, y ella quedó encinta. A su debido tiempo nació su hijo Atis, al que abandonó en las faldas de la montaña. El niño fue criado por un carnero. Cuando Atis creció su belleza con cabellos largos era divina, y Agditis transformado en Cibeles se enamoró de él. Pero los padres adoptivos de Atis lo enviaron a Pesino, donde debía contraer matrimonio con la hija del rey. Según algunas versiones este rey era Midas. Justo cuando se entonaba el canto nupcial, Agdistis/Cibeles apareció en su poder trascendente, y Atis enloqueció y se cortó los genitales. El que iba a ser el futuro suegro de Atis, o sea el rey que estaba dando a su hija en matrimonio, también se automutiló, sentando las bases para los coribantes, que se autocastraban, y se dedicaban al culto a Cibeles. Pero Agdistis se arrepintió y se aseguró de que el cuerpo de Atis no se pudriera. Atis renació como un pino siempre verde. Este renacimiento era celebrado el 25 de marzo, el festival de Hilaria. Según relató el geógrafo Estrabón, en el templo de Cibeles, en Pesino, la madre de los dioses era aún llamada Agdistis. Según Sir James George Frazer, su nacimiento se celebraba en Roma el 21 de marzo, día del equinoccio de primavera). Las fiestas del dios Atis se celebraban en Roma del 15 al 27 de marzo. A lo largo de ellas se iban cumpliendo determinados ritos y ceremonias con los que se reproducían los actos principales de la vida de este dios-hombre: nacimiento, emasculación, muerte y resurección.

 3) Krishná, de la India nacido 900 años a. de C. el 25 de diciembre hijo de una virgen. A los 33 años murió sacrificado y fue enterrado, pero también resucitó a los 3 días.

De acuerdo con todos los diccionarios estándar, la palabra krishná significa “negro” en sánscrito. Se relaciona con palabras similares en otros idiomas indoeuropeos. A veces se traduce como “el Señor Oscuro”o “el de piel oscura”. De ahí el nombre Syāma Súndara (“negro hermoso”) o Navīna Nīráda (“nueva nube”, nube muy oscura, cargada de lluvia).

También se dice que krishná no significa exactamente “negro”, sino “azul oscuro”. Esto puede estar conectado con el hecho de la práctica moderna de representar a las deidades hindúes con piel azul, en realidad no es exactamente azul oscuro, es del color de una nube llena de lluvia.

En las pinturas, Krisná aparece frecuentemente de color negro o azul. Por ejemplo, las murtis (“formas”, estatuas) y representaciones pictóricas del Señor Yagannatha (Krisná como “el Señor del universo”) en Puri. En esas representaciones, su hermano y hermana aparecen con un color mucho más claro. Las primeras representaciones pictóricas generalmente lo muestran como negro. Las pinturas miniaturas rayastaníes (siglo XVI) muestran una figura color marrón o negra. Sin embargo, desde el siglo XIX, aparece casi siempre con piel de color azul.

En los textos más antiguos de la literatura india, los Vedas, aún no existía ese dios pastor, ni sus sucedáneos como Vasudeva. En esos libros, Visnú ―que es el dios hindú más relacionado con Krisná― es un personaje secundario. Las primeras menciones a Krisná se encuentran en el Majábharata (siglo III a.C) que contiene el famoso Bhagavad-guita que son las enseñanzas de Krisná a su amigo, el guerrero Áryuna y en textos posteriores como el Jari-vamsa (“el linaje de Jarí Krisná”). La religión de Krisná se desarrolló gradualmente en varios Puranas (escritos posiblemente desde el siglo III a. C.), hasta llegar al Bhágavata-purana (siglo X d. C.) ―que dedica miles de versos en describir su vida y obras― y el poema Guita-govinda (siglo XII de. C.), donde se desarrolla gradualmente el esoterismo krisnaísta Existe la hipótesis de que un número de tradiciones y deidades regionales pueden haberse fusionado en las historias de este dios. Las tradiciones del bhakti. Derivados posteriores de las primeras tradiciones del bhakti incluyen el que promovió el santo bengalí Chaitania Majáprabhu (siglo XV en Bengala). Sus seguidores lo consideran una encarnación de Krisná y Radha juntos. Varios movimientos pertenecen a esta tradición, entre ellos el Hare Krishna.

El lugar de Krisná dentro del hinduismo es complejo. Se le conoce por muchos nombres, en una multiplicidad de historias, entre diversas culturas, y en diversas tradiciones. A veces éstas se contradicen, aunque hay una historia en común que es bien conocida y predominante entre la mayoría de los hindúes.

4) Dionisio, de Grecia, nació 500 años a. de C. un 25 de diciembre, hijo de una virgen. Hacía milagros, caminaba sobre el agua y como Jesucristo era llamado “Rey de Reyes”, “Alfa y Omega”, “El único hijo de Dios”. Murió a los 33 años y fue enterrado, pero resucitó a los 3 días.

 5) Mithra de Persia, nació un 25 de diciembre. Hijo de una virgen. Tuvo 12 apóstoles. Hacía milagros. Murió sacrificado a los 33 años y fue sepultado, pero resucitó al tercer día.

6) Chrishna, de Hindustán

7) BUDA Sakia de la India

8) Salivahana de Bermuda

9) ZULIS (o Zhule, o Asiris o Orus) de Egipto.

10) Odín o Wotan de los Escandinavos es considerado el dios principal de la mitología nórdica y de algunas otras religiones etenas. Su papel es complejo, al igual que el de muchos dioses nórdicos. Es el dios de la sabiduría, la guerra y la muerte. Pero también es considerado, aunque en menor medida, el dios de la magia, la poesía, la profecía, la victoria y la caza. Odín representa la evolución de la deidad protogermánica*Wōđinaz o *Wōđanaz, cuyo nombre derivó en Óðinn, en nórdico antiguo y en Woden, en anglosajón. Odín es una deidad ambivalente. Las connotaciones nórdicas antiguas de la edad vikinga para Odín están relacionadas con la “poesía y la inspiración” así como con la “furia y la locura”. Es el dios del conocimiento; sacrificó uno de sus ojos en el pozo Mimir para poder acceder a la sabiduría de los años, y era quien daba a los poetas valerosos la hidromiel de la inspiración hecha por los enanos, de la vasija llamada Óð-rœrir. Además es el dios de la guerra, apareciendo a través de muchos mitos nórdicos como quien traía las victorias. En las sagas nórdicas, el dios Odín a veces actúa como un instigador de conflictos bélicos, y se decía que era capaz de comenzarlos con tan solo arrojar su lanza, Gungnir. También enviaba a las valquirias para influir en las batallas y obtener el resultado que deseaba. En ocasiones podía aparecer en los campos de batalla como el líder de los nórdicos, llevando en los hombros dos cuervos, llamados Hugin y Munin (pensamiento y memoria respectivamente), y acompañado por dos lobos, llamados Geri y Freik. El dios Odín está asociado a las trampas y engaños. Es un transformista capaz de alterar su forma a gusto. Se relata que viajó por la tierra como un hombre viejo, tuerto, con barba gris, usando un sombrero de ala ancha y con un abrigo azul oscuro. También realiza prácticas mágicas, como lo es el seid. Siendo uno de los dioses más antiguos, creador del mundo y de los hombres, Odín es el señor de la sabiduría, experto en todas las cosas desde el principio de los tiempos. Ha aprendido todas las artes y luego los hombres han aprendido de él. Entre los muchos epítetos de Odín, muchos hacen referencia a su gran sapiencia, y ha sido llamado Fjölnir y Fjölnsviðr (“gran sabio”), Sanngetall (“quien intuye la verdad”), Saðr o Sannr (“quien dice la verdad”), Forni (“conocedor de lo antiguo”) y Fornölvir (“sacerdote antiguo”). La sabiduría de Odín es fruto del conocimiento, la magia y la poesía, todo a la vez. Es conocedor de los misterios de los nueve mundos y de sus orígenes, pero también del destino de cada uno de los hombres, así como de su propio destino y el del universo.

Deseo a todos mis lectores que gocen las fiestas de fin de año, rodeados de sus familiares y amigos y que nazca en todos el sentimiento de amor que nos trajo el Niño Dios. Y que permanezca largo tiempo en sus corazones. ¡Que Dios les bendiga y les colme de felicidad!

Twitter; @jorgepalmieri