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DÁLE CON LA QUEMA DE LA EMBAJADA DE ESPAÑA

Miércoles, Octubre 1st, 2014

En vista del juicio que se está siguiendo contra el ex jefe del denominado “Comando 6” de la desaparecida Policía Nacional (PN), Pedro García Arredondo, a quien se acusa de haber ordenado a los agentes bajo su mando que quemaran el edificio de las oficinas de la embajada de España en Guatemala, durante las primeras horas de la tarde del 31 de enero de 1980, por enésima vez manifiesto que el fuego no fue causado por los agentes de la PN sino por los invasores “pacíficos” de la embajada que llevaban consigo botellas con gasolina con mechas de trapo (conocidas como “bombas molotov”) integrado por un grupo de indígenas campesinos miembros del Comité de Unidad Campesina (CUC), brazo armado de la guerrilla, la Coordinadora de Pobladores, apoyados por varios estudiantes de secundaria y universitarios, los primeros miembros del Frente Estudiantil Robin García del Instituto Rafael Aqueche, y los segundos guerrilleros urbanos estudiantes de la Universidad de San Carlos, integrantes del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), con el fin de utilizar la sede diplomática española como caja de resonancia para denunciar las represiones que cometía el ejército en el departamento de el Quiché durante el conflicto armado interno.

No conozco al señor García Arredondo, pero puedo asegurar que él no tuvo responsabilidad en la quema de las oficinas de la embajada de España, porque los agentes bajo su mando no tenían lanzallamas, ni nada incendiario, como las bombas molotov que llevaban los “invasores pacíficos” (?) que protagonizaron el“Plan de la Subida”. Lo que realmente ocurrió es que los agentes de la Policía Nacional estuvieron tratando de penetrar a las oficinas de la misión diplomática con la intención de liberar a los rehenes –entre quienes se creía que se encontraba el propio embajador Cajal, porque todavía no se sabía que él era cómplice de los invasores–, y alguno de los campesinos se puso muy nervioso y primero les disparó unos balazos y luego les lanzó una botella con gasolina que cayó en la alfombra que se incendió y el fuego hizo estallar a todas las demás botellas con gasolina, lo cual produjo el pavoroso incendio.

En todo caso, lo que se podría criticar es que los agentes de la Policía Nacional hayan tratado de penetrar a las instalaciones diplomáticas sin previa autorización del embajador, a pesar de la petición del embajador de que no lo hicieran, porque de acuerdo a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas las residencias y oficinas diplomáticas son inviolables por las autoridades del país anfitrión. Pero en la misma Convención de Viena se estipula que los países anfitriones “deben garantizar la paz y tranquilidad” de las mismas. Y era bien sabido que se había producido una invasión a la embajada que, como se pudo comprobar, tenía de pacífica tanto como tiene de pacífica la premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú Tum. O sea, nada. Y las autoridades nacionales al enterarse de la invasión de los campesinos, hizo lo que creyó necesario para rescatar a los rehenes.

Tanto en el ministerio de Relaciones Exteriores como en la Policía Nacional se recibieron sendas llamadas telefónicas angustiosas de parte de personas empleadas de la embajada solicitando que se les fuese a auxiliar porque las oficinas habían sido tomada por asalto por hombres armados que dijeron que estaban “dispuestos a todo”. Yo mismo contesté una de esas llamadas mientras me encontraba en el despacho del Subsecretario de Relaciones Exteriores, licenciado Alfonso Alonso Lima, en espera de entrar a hablar con el Canciller Rafael Eduardo Castillo Valdés para hacer los arreglos para la próxima visita a Guatemala del Presidente de México, licenciado José López Portillo. Respondí la llamada porque el Subsecretario Alonso Lima me solicitó que lo hiciera durante su ausencia que sería muy breve. Y quien llamó cuando atendí la llamada era una señora de apellido Villa que me parece que era la madre de un cura jesuita ligado a laUniversidad Rafael Landivar, y cuando me identifiqué me dijo que me conocía y me pedía que por favor llegaran a auxiliarles porque estaban secuestradas. Lo cual yo consideré indispensable comunicarlo de inmediato al Ministro Castillo Valdés.

Varios de los “ocupantes pacíficos” a las oficinas de la embajada de España eran estudiantes en la Facultad de Derecho y uno estudiante de Ciencias Económicas. La responsable de dirigir la operación era una estudiante de la Facultad de Derecho de nombre Sonia Welchez Valdéz, quien provenía de una familia obrera, cuyo padre había sido dirigente sindical y dos años antes fue acusado de guerrillero y su cadáver fue encontrado bajo un puente. Razón por la cual ella solía decir que “No hay redención sin dolor”, probablemente por estar predispuesta a la autoinmolación; otro era Rodolfo Negreros Straube, de Retalhuleu, quien tuvo un papel destacado en las luchas partidistas de la USAC; otro era Leopoldo Pineda Pedroza, hijo de campesinos ladinos, era activo en teatro revolucionario, había crecido en Escuintla y se estaba sobreponiendo de la muerte repentina de cuatro miembros de su familia; y el otro era Luis Antonio Ramírez Paz, de clase social más alta que la de los otros estudiantes, había hecho teatro con Leopoldo Pineda, pero era más conocido por el hecho de haber sido fundador de un periódico radical universitario y como líder en el CNUS, el Frente Democrático Contra la Represión y el Frente Robin García del Instituto Rafael Aqueche, que fue cuna de la subversión.

Todas estas personas entraron “tranquilamente” a las oficinas de embajada de España, como Pedro por su casa, porque la puerta estaba abierta y no había ni un solo policía custodiándola –como es usual en todas las embajadas– y desde su ingreso informaron a los ocupantes (funcionarios y empleados de la misión diplomática) que se trataba de una “toma pacífica”, y que todos los presentes estaban en calidad de rehenes y debían obedecer las órdenes porque ellos llegaban “dispuestos a todo”. Con lo cual era obvio que quisieron decir que estaban dispuestos a inmolarse si fuera necesario.

Integraban este grupo los indígenas campesinos: Vicente Menchú (dirigente del CUC y padre de Rigoberta Menchú Tum, premio Nobel de la Paz 1992), María Ramírez Anay, Gaspar Viví, Mateo Sic Chen, Regina Pol Juy, Juan Tomás Lux, María Pinula Lux, Juan Us Chic, Gabina Morán Chupé, Josè Angel Xona Gómez, Mateo Sis, Juan Chic Hernández, Juan López Yac, Francisco Tum Castro, Mateo López Calvo, Juan José Yos, Salomón Tavico Zapeta, Francisco Chen Tecú, Felipe Antonio García Rac, Trinidad Gómez Hernández, Luis Antonio Ramírez Paz, Leopoldo Pineda, Gregorio Yujá Xona, Gustavo Adolfo Hernández y Jesús España. Iban obedeciendo a un plan que denominaron “Plan de la Subida”, de acuerdo a lo planificado por el comandante guerrillero Gustavo Aldolfo Meoño Brener, alias Comandante Manolo.

Entraron tranquilamente a las oficinas de la embajada de España porque previamente habían hecho arreglos en el Quiché con el embajador Máximo Cajal y López y el comandante guerrillero Manolo (Gustavo Adolfo Meoño), hoy encargado de los archivos de laPolicía Nacional Civil, para que llegaran a hacer su denuncia a nivel internacional aprovechando la visita al embajador del Vicepresidente de la República, licenciado Eduardo Cáceres Lehnhoff, del ex Ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Adolfo Molina Orantes y del jurista y catedrático universitario Mario Aguirre Godoy, quienes habían acudido a esa misma hora por una cita previa acordada con el embajador Cajal –para lo cual su secretaria llamó con sospechosa insistencia a sus casas y oficinas para recordarles la hora exacta de la cita–, para tratar asuntos relativos a un próximo congreso jurídico del Instituto de Cultura Hispánica que iba a desarrollarse en Guatemala. Y el susodicho embajador insistió que acudiesen a la cita con puntualidad para que coincidiera con hora acordada con los “invasores pacíficos”.

Hasta el nefasto embajador Máximo Cajal y López, en su declaración por televisión, reconoció, al recordar los hechos del 31 de enero de 1980, que los campesinos y estudiantes que tomaron “pacíficamente” la sede diplomática española llevaban bombas molotov, fabricadas con envases de vidrio y un pedazo de tela como mecha, y recordó que cuando los agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) irrumpieron en su despacho, tras romper la puerta con un hacha, habían reunidas en su despacho más de 37 personas, y entonces se produjeron disparos y después se escuchó una explosión, tras de la cual surgieron las llamas que quemaron a los ocupantes. Salvo el propio embajador Cajal que logró escapar con vida.

La premio Nobel de la Paz 1992 Rigoberta Menchú Tum (hija de Vicente Menchú, uno de los que murió quemado vivo en las oficinas de la embajada de España) publicó hoy en el diario Siglo.21 un interesante artículo titulado “Las caras del neoterrorismo”, en el que acusa de estar sembrando el “neoterrorismo” a las personas que opinamos en contra de lo que opinan y hacen ella y sus adláteres. Califico de “interesante” su artículo porque, curiosamente, en lo que dice ella cae en lo mismo de lo que nos señala a quienes nos oponemos a sus opiniones y actividades en contra de la paz y el desarrollo del país. Ella se refiere concretamente a un valiente desplegado que publicó en campo pagado Ricardo Méndez Ruiz, de la Fundación Contra el Terrorismo, acerca de los fondos que reciben algunos activistas de la izquierda de países escandinavos y Canadá, y señaló concretamente a la doctora Irma Alicia Velásquez (a quien Rigoberta Menchú califica como “nuestra hermana”), pero de ninguna manera la insultó, ni la calumnió, ni la denigró, ni la descalificó. Sin embargo, esta doctora hizo uso de su “derecho de respuesta” y en otra página en campo pagado explicó sus orígenes y sus estudios de doctorado en la Universidad de Texas en Austin, pero no justificó el uso que ha dado a los fondos que ha recibido para desarrollar actividades de “neoterrorismo” para emplear el mismo término que la Menchú. O sea que la premio Nobel de la Paz nos acusa a los demás de “neoterroristas” pero ella cae en la defensa del “terrorismo”. Si esa es el premio Nobel de la Paz, ¿como sería si fuese premio Nobel de la guerra?

Estas personas deberían de actuar en forma diferente para que en Guatemala podamos vivir en paz y tranquilidad, trabajando en pos del progreso. Pero en vez de luchar por ese fin, ellos dedican su tiempo y sus actividades a promover los enfrentamientos entre personas con diferentes sectores con diversas opiniones. ¡En esa forma jamás vamos a poder vivir en paz! ¡Dejen de joder!

Twitter: @jorgepalmieri