MISCELÁNEA DE 7/02/16

Un poco de historia (6)
Al general Justo Rufino Barrios le sustituyó Alejandro Sinibaldi Castro (1825-1896), pero dado que no era ni militar, ni tenía un respaldo político, comprendió que no podía desempeñar esa responsabilidad y renunció cuatro días más tarde, el 6 de abril. Por lo cual le apodaron “Flor de un día”.

General Manuel Lisandro Barillas Bercián presidente de Guatemala de 1886 a 1892.

General Manuel Lisandro Barillas Bercián
presidente de Guatemala de 1886 a 1892.

Reunida la Asamblea General, se decidió llamar al segundo designado a la presidencia, que era el General Manuel Lisandro Barillas Bercián (1845-1907), apodado “Hombre de los trágicos sietes”, un ex carpintero que inició su carrera militar por haber participado en la guerra contra el gobierno conservador del mariscal Vicente Cerna, gracias a lo cual desempeñaba el cargo de Jefe Político de Quetzaltenango, pero desde su años de juventud tenía inclinaciones de continuar la tradición familiar de dedicarse a la carrera militar como su padre, que por entonces era Comandante de Armas de Mazatenango, Suchitepequez, y a su hermano Isidoro, que se incorporó al Movimiento Liberal de 1871 encabezado por los generales Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados, en el cual obtuvo el grado de Capitán, con órdenes de organizar un Batallón de Voluntarios. Posteriormente, el General Barrios le nombró corregidor de las Fuerzas de Occidente, Jefe Político y Comandante de Armas de Quetzaltenango.
Pero el simple nombramiento no le dio la preparación ni la capacidad para gobernar y lo hizo gracias a que tuvo muy buenos asesores encabezados nada menos que por Antonio Batres Jauregui, su ministro de Relaciones Exteriores. Y como todos los déspotas pierden el sentido de las proporciones y se creen inmortales, Barrios se equivocó, como en muchas cosas, porque murió de un balazo por la espalda, en Chalchuapa (El Salvador) a la temprana edad de 50 años, tratando en vano de unificar a las cinco provincias de Centroamérica.
Pero tan pronto Barillas se enteró de la muerte de Barrios, se trasladó a la capital y se presentó en el Cementerio General cuando enterraban al Reformador, y en vista de ya sabía que la intención del ex ministro de la Guerra, Juan Martín Barrundia, era apoderarse del poder, le amenazó con que si no le entregaban la presidencia iba a ordenar a las tropas que había traído de Quetzaltenango que entraran a la capital y estaban acantonadas en las afueras de la ciudad. Lo cual era falso, pero, fue evidente que el ardid surtió efecto de inmediato, porque logró el propósito de amedrentar a Barrundia y, sin encontrar la menor resistencia, Barillas marchó triunfante hasta el palacio de gobierno para asumir la presidencia de la República.
Manuel Lisandro Barillas fungió como Presidente interino del 6 de abril 1885 al 15 de marzo 1886 y durante este periodo reformó la Constitución de 1879 y convocó a elecciones, las cuales ganó, y tomó posesión de la Presidencia el 15 de marzo de 1886 y gobernó hasta el 15 de marzo de 1892. El 17 de octubre de 1888 fue fundado en su honor el municipio de Barillas, en Huehuetenango. El propósito de la maniobra, aparte de dar su nombre a un municipio, fue legalizar en favor de propietarios individuales ladinos, la adjudicación de doscientas caballerías expropiadas a los indígenas de Santa Eulalia.
En el ejercicio de su mandato, Barillas derogó el Decreto de Unión Centroamericana emitido por Justo Rufino Barrios y buscó la paz con El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. También liberó a los presos políticos, creó el Banco Agrícola Hipotecario y en 1887 firmó el pacto Montúfar-von Berger entre Nicaragua y Alemania. Otros hechos importantes que ocurrieron durante su gobierno fueron: la expulsión del país del arzobispo Ricardo Casanova y Estrada, y la disposición por la cual se prohibía el ingreso de curas extranjeros, la suspensión de garantías constitucionales el 26 de junio de 1887 y la convocatoria a una Asamblea Constituyente que aumentó a seis años el período presidencial, suprimió la Vicepresidencia y volvió a instaurar el sistema de designados.
Su gobierno se caracterizó por la excesiva corrupción, gracias a la cual Barillas acumuló una gran extensión de tierras en la zona de la Costa Cuca donde se apropió de las Fincas El Porvenir, La Libertad, El Tambor y Dalmacia, en la Costa Sur. No obstante, dilapidó su inmensa fortuna y murió en la miseria en México.
En 1890 el periodista y poeta nicaraguense Rubén Darío había venido a Guatemala huyendo de los rigores del gobierno conservador de Carlos Ezeta de El Salvador y Barillas, que era admirador de Darío, le nombró propietario y director del periódico El Correo de la Tarde y declaró la guerra al gobierno de Ezeta.
Durante su gestión otorgó becas para realizar estudios en Europa a los más sobresalientes estudiantes de medicina de la Universidad Nacional, y también a los literatos, como Enrique Gómez Carrillo, a quien le otorgó una beca para estudiar en Madrid, a instancias de Rubén Darío, quien para entonces ya dirigía el periódico El Correo de la Tarde en el cual colaboraba Gómez Carrillo.
Además, Barillas fundó la Facultad de Medicina de Occidente y el 28 de junio de 1888 creó la Escuela Normal de Señoritas, actual Instituto Normal Central para Señoritas Belén, pero su inauguración se retrasó algunos años, pues fue hasta 1893 cuando inició sus labores bajo la dirección de la maestra Rafaela del Águila. En 1890 provocó un conflicto diplomático con el gobierno de los Estados Unidos de América al sobornar al Ministro de dicha legación (todavía no había embajada ni embajador) Lassinger Mizner, para que permitiera entrar a apresar al General José Martín Barrundia, en el barco Acapulco, de bandera estadounidense, que estaba anclado en el Pacífico. Y Barrundía murió en un confuso tiroteo como resultado de esta operación.
Para 1881, las relaciones entre el presidente Justo Rufino Barrios y los representantes de la Iglesia católica habían mejorado considerablemente, y el presidente Barrios envió a su amigo personal y antiguo sacerdote, el padre Ángel María Arroyo, como ministro plenipotenciario ante la Santa Sede para trabajar en un nuevo concordato que sustituyera al Concordato de 1852.
El documento estuvo listo el 2 de julio de 1884 por medio del cual Guatemala retiraba a la religión católica la condición de religion favorecida, aunque se mantuvo como religion oficialmente reconocida. Pero el Congreso de la República jamás lo ratificó. Sin embargo, tras la muerte del presidente Barrios, en 1885, su sucesor, el general Barillas, no ratificó el tratado y durante su gobierno se continuó con la política liberal de agresiones contra la Iglesia Católica.

En 1889, el gobierno del general Barillas estableció un contrato con Henry Louis Félix Cottu, de París, Francia, para la construcción del ferrocarril del norte con las siguientes condiciones:

Cottu tomó al 80 % neto oro un empréstito que el Gobierno de Guatemala emitiría por valor de $21.312,500 oro, equivalentes a 106.562,500 francos en bonos de $20.00 oro o 100 francos cada uno; los que devengarían el interés de 6% al año y serían amortizados en un término de 45 años a razón del 0.5% anual. El producto líquido del préstamo -equivalente a $17.050.000 oro iba a ser invertido de la siguiente forma:

  • $2.000.000 oro, que el gobierno utilizaría para mejorar la situación económica y financiera del país.
  • $3.750.000 oro, para la compra de los bonos y acciones del Ferrocarril Central de Guatemala.
  • $10.000.000 oro, para la construcción del Ferrocarril al Atlántico y un muelle en lo que ahora es Santo Tomás de Castilla.
  • $1.300.000 oro que se iban a mantener como depósito para pagar los intereses y amortización del préstamo durante la construcción del ferrocarril.

Cottu también se comprometió a construir, por cuenta del estado a construir el ferrocarril del Norte y a traspasar al estado de Guatemala el contrato que había suscrito con Huntington en Nueva York para adquirir el ferrocarril central de Guatemala.

El gobierno, por su parte otorgaría todas las seguridades necesarias -sin perjuicio para la Nación, a fin de que los contratos fueran efectivos. De acuerdo a Barillas, las condiciones estipuladas eran favorables: el Gobierno disponía, de $2.000.000 oro para mejorar la situación económica y financiera del país; no obstante, de acuerdo al escritor Adrián Vidaurre, quien era Auditor de Guerra del presidente Manuel Estrada Cabrera y enemigo personal de Barillas, en su obra Paralelo entre dos administraciones escrita en 1907, Barillas dejó abandonadas las obras del Ferrocarril del Norte que había iniciado Justo Rufino Barrios,  y para las que éste último habría dejado suficientes fondos. Según Vidaurre, Barillas en lugar del ferrocarril se dedicó a la canalización del río Motagua, obra en la que habría ocurrido un alto nivel de corrupción y que no permitió que se hicieran vías de comunicación adecuada durante ese gobierno.
Al enterarse Barillas de aquella ambición de “reinita” (como le decían de apodo por su baja estatura), urdió otra de sus tretas para salir de él: lo envió con el cargo de Cónsul en Berlín, pero al llegar a Alemania Reina Barrios descubrió que el nombramiento no existía y cuando solicitó los viáticos para regresar a Guatemala descubrió que la intención de Barillas era dejarle varado en Europa, por lo que se vio obligado a regresar por su cuenta y tuvo que pasar un tiempo en Estados Unidos antes de poder regresar a Guatemala.

General de División José María Reina Barrios, presidente de Guatemala de 1892 a 1898.

General de División José María Reina Barrios, presidente
de Guatemala de 1892 a 1898.

El 15 de marzo de 1892, el General de División Manuel Lisandro Barillas entregó la presidencia al también General de División José María Reina (o Reyna) Barrios (1854-1898) y se retiró a vivir tranquilamente en sus fincas del suroccidente del país. Pero añorando el poder, aceptó ser Alcalde de Quetzaltenango y después se trasladó a México y a Estados Unidos. En México trató de organizar un movimiento armado contra el gobierno de Manuel Estrada Cabrera y el 7 de abril de 1907, en la calle que entonces se llamaba El Seminario (actual avenida Guatemala), murió asesinado a puñaladas por los sicarios guatemaltecos Florencio Morales y Bernardo Mora, contratados por el General José Lima, por órdenes del presidente Estrada Cabrera.
El gobierno del General Porfirio Díaz protestó diplomáticamente y estuvo a punto de declarar la guerra a Guatemala, pero sus consejeros le hicieron ver que la guerra sería fácil de ganar pero se expondría a que cualquiera que fuese a encabezar al ejército mexicano regresaría como héroe nacional y seguro candidato presidencial, por lo que Díaz se dio por satisfecho exigiendo, sin ningún éxito, la extradición del General José Lima, autor intelectual del asesinato, porque jamás lo logró. (Continuará)
Twitter@jorgepalmieri